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Historia 50349 — capítulo 1

Pues aquí tienen el primer capítulo, espero que les guste, que los entretenga y que se piquen con esta segunda parte de "Aún así te quiero, Ginny". Para los que no han leído la primera parte, puede que no le entiendan mucho, así que lo más recomendable es que lean esa historia

1.- Despidiendo a mi pelirroja

Su capa ondeaba fúnebremente por aquel cuarto con aspecto tétrico, el traje negro se perdía en la inmensidad de ese lugar, su cabello de un rubio plateado perdía el brillo a cada instante y sus labios delgados se curvaron formando una mueca de desprecio cuando su fría mirada se posó en su más grande hazaña. Tan solo mirar esa urna le producía asco, se sentí enfermo; eso era solo ultraje, mala fama, insulto a las artes oscuras. Se levantó de su silla de piedra y caminó hacia el sarcófago que se encontraba al frente, y mientras sus pasos retumbaban en aquel recinto, se abrió la vieja puerta de roble que, chasqueando, dio paso a una tenue luz provocada por las velas del pasillo y con ella, a una figura esbelta que se escondía entre mantas negras, igual de negras que esas cuatro paredes de piedra que los rodeaban. El hombre se detuvo secamente y se volvió hacia esa silueta misteriosa, la miró por unos segundos y después retornó la caminata, solo que esta vez a su asiento.

Ya sentado, esa sombra se acercó a él con pasos cuidadosos y sigilosos, confundiéndose con la obscuridad del lugar. Una vez al frente, se hincó y llevó su mano a la altura de su corazón en señal de reverencia

-¡bah!, ¡por favor, Mineth!... eres mi favorita, sabes que no es necesario que lo hagas- dijo el hombre con un resentimiento actuado y entrecerrando sus ojos negros sin brillo

La mujer, se irguió hasta tomar su postura normal; una mano sobresalió de sus sucios ropajes, resaltando la blancura de su mano en el cuarto desolado y lúgubre, quitó su velo para dejar al descubierto su cabeza, mientras los dos pequeños túneles negros del hombre se posaban en aquellos ojos café chocolate de la muchacha.

-La costumbre es la culpable

-me imagino que te tienes que ir pronto, dime Mineth, ¿A qué debo el honor de tu visita?- preguntó gentilmente el sujeto

-¡pero que sorpresa!- exclamó la mujer entre sarcástica y divertida al comenzar a caminar de un lado a otro. Sus facciones no se distinguían bien por la poca claridad que había, prácticamente no había nada a excepción de la sutil luz que se colaba por debajo de la puerta- déjame decirte que tu forma de correr a las personas es muy educada, porque no me dirás que no estas haciendo eso ¿verdad?...- después paró en seco, como analizando y sacando conjeturas, abrió un poco la boca, lo miró a los ojos y levantó el dedo índice como si se dispusiera a suponer- o quizás… te gusta estar a solas con tu amiguito

El hombre se levantó súbitamente de de su asiento y su cara se tornó enojada e indignada desapareciendo cualquier rastro de galantería que hace unos momentos había mostrado. Su cuerpo se tensó, frunció los labios y el entrecejo

-¡¿QUÉ INSINÚAS?!...- gritó enloquecido y con ímpetu; sus manos estaban fuertemente cerradas a su costado para abstenerse de tomar su varita que colgaba del cinturón debajo de la capa-… ¡¿CREES QUE ME GUSTA ESTAR CON ESE ESTUPIDO LOCO?!... ¡NUNCA MÁS VUELVAS A DECIR ALGO ASÍ!

-calma… no te exaltes- dijo Mineth que hasta ese momento no se había inmutado ni mucho menos movido de su lugar- solo relájate, que no quieres desperdiciar tu magia acumulada en algo como yo, no quieres quedarte sin mago ni "súper poderes" ¿verdad?

-¡estupideces!- soltó el hombre al dejarse caer nuevamente en su trono con la misma educación que antes pues Mineth, además de todos los dones que poseía, podía calmar el carácter de su amo y señor- ¡ todas son estupideces!...ese- dijo mas calmado mientras sus ojos negros se concentraban en el cadáver para después regresar en el rostro de Mineth- no se merece llamar "el señor de las tinieblas"… ni mucho menos "el señor obscuro", simplemente es,- se detuvo un momento a pensar al tiempo que dirigía su mirada en el cuerpo que estaba en esa urna de cristal con seguros de oro-Lord Voldemort… otro mago estúpido como Harry Potter

-no creo que Harry Potter sea tan estúpido como Voldemort, a ese debemos de tenerle mas cuidado- repuso la joven

-¿pronto le tendremos?

-sobre ese asunto, será mas fácil de lo que pensaba conseguir a Potter… quizás no tanto como hubiese sido Voldemort, pero afortunadamente ese Potter nos ahorró la molestia de enfrentarnos a Tom- dijo la muchacha sin darle importancia

-¿a que te refieres?

-a eso, que Potter nos hizo un favor porque podemos concentrar todas nuestras fuerzas y atención en el pez gordo

-eres muy inteligente…- mencionó con aplomo- solo espero que el ineficiente de Noa pueda ayudarnos con esto- comentó con cierto desdén hacia el susodicho- le hemos dado mucho poder y espero que nos pague ese favor

-¿le llamas favor?- mencionó sínicamente- por favor, tu y yo sabemos que no es ninguna ayuda

-aun así me inquieta que vaya a hacer una estupidez

-no te preocupes por eso, yo lo estaré vigilando muy de cerca

-¿Qué tan cerca?- preguntó el amo con interés

-muy cerca, seré alguien mas en la farsa- contestó Mineth con una risita descarada y sonora a la vez que su señor la acompañaba en la broma

Caminar con toda esa gente apretujada resultaba muy pesado, y mas si se llevaba un carrito con un gran baúl y una jaula media oxidada. Los cuatros muchachos avanzaban como podían por el mar de personas que se arremolinaban por todos lados, con ojos ávidos del tren escarlata, y con ciertos sentimientos encontrados. Nostalgia por parte de una chica castaña, alivio por un joven pelirrojo, tristeza por una muchacha igual de pelirroja; solo había un chico que sentía mas de una emoción a la vez, y eso era anormal en él, era anormal el ser en cierto punto un chico igual a todos. Pero algo andaba mal, algo que no encajaba. ¿Cómo un joven como Harry Potter podía sentir lo mismo que una persona normal? Y no es que se sintiese más grande tan solo por ser "el gran salvador" sino porque eso era, era anormal el vivir lo que todos vivían. Pero no todo estaba tan "normal" ya que estaba a punto de despedirse de su chica y volver a verla durante en un tiempo y lo único en que pensaba era en la bendita hora en la que podría visitar a un viejo solitario. ¿Cuántos hombres sienten eso? La verdad no muchos y eso estaba bien, eso si era *"normal"*en él.

Una voz extremadamente conocida se escuchó a sus costados, y al volver la vista hacia el lugar, se encontraron con nada más y nada menos que Luna Lovegood y Neville Logbottom enfrascados en una amena conversación. Ginny tomó de la mano a Harry y sin decir palabra lo jaló para que corriera sin tomar en cuenta que el pobre muchacho tenía que maniobrar para que el carrito no chocara contra alguien o se cayeran todas las cosas. Ron, por su parte, pasó su brazo por los hombros de la Hermione y caminaron mientras se dedicaban una sonrisa; la verdad su relación sentimental iba muy bien desde aquella noche tan loca.

-¡Luna!- gritó Ginny estando ya mas cerca

-¡Ginny!-exclamó la rubia al verla

-hola Luna- saludó el morocho- que tal, Neville

Y cuando Hermione y Ron llegaron, aumentaron los saludos, abrazos y besos. Platicaron y recordaron un poco de sus anteriores años, sus aventuras y demás, pero cuando escucharon el pitido del tren avisando que partiría dentro de poco, las despedidas no se hicieron esperar

-bueno, pues ya nos vamos- dijo Luna- nos vemos, Neville y espero que me escribas

-claro que lo haré, ahora vete que te deja el tren- contestó su novio para después depositar un beso lindo en los labios de su novia

-bueno, pues yo también me voy- mencionó Ginny un poco afligida para después agregar- los extrañaremos mucho, a todos

-no nos hagamos patos, tu solo extrañaras a Harry- bromeó Ron

-yo no tengo la culpa de que no te quiera porque seas un cerdo- dijo en su defensa Harry con una sonrisa a Ron

-¡ey! chicos, no estamos para pelear- comentó Hermione al ver la cara de Ron que iba a replicar- te cuidas mucho Ginny, te escribiré cada semana- dijo mientras la abrazaba

-me vigilas a ese Potter- murmuró Ginny con una sonrisa cuando estaban abrazadas- Ron, espero que no hagas renegar a Hermione

-¡por supuesto que no!, ¿Quién me crees?

-¿un varón Weasley?- preguntó con sorna y sarcásticamente-…y solo me faltas tú, amor- exclamó entre un suspiro la pelirroja- te amo

Sus rostros se acercaron mecánicamente, los dos pares de ojos se cerraron por instinto y sus bocas, sus bocas se juntaron, más que por tendencia, por deseo de los labios del otro. Para los dos el sabor de ese beso era dulce y amargo ya que en mucho tiempo no probarían ese elixir tan afrodisiaco y esplendido. Cuando Ron carraspeó, Ginny y Harry supieron que deberían de separarse

-yo también te amo, corazón- expresó Harry con mucha ternura para disponerse a abrazarla por la cintura y oler su delicioso aroma a jazmines con canela- y te extrañaré horrores, solo espero que no te seduzca un estudiante de por ahí

-créeme, si no tienen los ojos de un verde encantador, el cabello mas rebelde que un adolescente y una cicatriz en forma de rayo, no me interesan- contestó la joven en el oído del joven una forma un tanto melosa y acompasada

Se separaron y se quedaron viendo por unos instantes, como con ganas de que el mundo parase hasta que en la mente de Harry pasó fugazmente una imagen de un viejo un poco harapiento, esto hizo que reaccionara y saliera de su mundo particular que compartía solamente con Ginny

-Ginny, te va a dejar el expreso

-pero no me quiero ir- dijo con un puchero. Golpe bajo para Harry, y aunque siempre conseguía lo que quería haciendo eso, esta vez fue una excepción

-Gin, tienes que ir- dijo Harry cuando acariciaba cariñosamente la mejilla de la chica

-pero Hogwarts no será lo mismo sin ustedes- replicó ella

-vamos, y te escribiré todos los días, no importa que me salgan ampollas

-¿lo prometes?

-te lo prometo… ahora ve, que les va a dejar el tren a ti y a Luna ¿verdad amiga?- preguntó el morocho a la rubia

-los thupplin's nos pueden ayudar- comentó Luna con su cotidiana voz soñadora

-amor y ¿Qué son los thupplin's?- preguntó muy interesado Neville

-¡oh por favor! Neville- dijo Ron mientras le mandaba una mirada amenazadora a su amigo- no la pongas mas difícil, que después las tendremos que llevar nosotros

-¡excelente idea, Ron!- exclamó muy emocionada Ginny

-no y no, rotundamente NO- dijo Harry- Gin, es su séptimo y ultimo año, no va a pasar nada, además, no puedo llevarte porque tengo asuntos pendientes que hacer

-ah, ya entiendo, el señor Potter tiene tiempo para todo menos para su novia ¿verdad?... y ¿por casualidad tus asuntos pendientes no consisten en visitar a ese tal Nathan que ni siquiera conozco?- preguntó ya un poco exaltada Ginny

-mi amor, no vayas a empezar, tu sabes que…

-¡por favor!- intervino Hermione ya desesperada al ver que nadie ponía fin a esa discusión- Ginny te tienes que ir y tu Harry, acepta que estas haciendo mal en acudir tanto a ese señor el cual ni por lo menos conocemos

-tienes razón, lo siento Gin- se disculpó Harry- pero es que…

-no te preocupes- lo atajó la pelirroja- vámonos Luna

Todos se quedaron viendo como el par de inseparables amigas se distanciaba poco a poco mientras que la espesura del humo y el gentío empezaba a consumirlas. Un par de ojos verdes se concentraron en la que era su enamorada y en la gran capa rojiza que era su pelo y como ondeaba sensualmente por el continuo agitamiento. Cualquier hombre perdería la cordura por esa mujer, Harry, de eso estaba seguro. Resignado e ideando un plan mental de cómo poder calmar a su chica, partió de la estación acompañado de sus mejores amigos; Ron, Hermione y por supuesto, Neville. Sin embargo, había un asunto que le incomodaba bastante y que no lo había dejado dormir bien ni desayunar tranquilo. Ese día era la fecha en la que el minúsculo cofre, a petición de su arrepentida tía Petunia, tenía que ser abierto y así descubrir que era el secreto que entrañaba desde hace casi un año.

Al estar fuera de la estación, Neville habló por primera vez y se le veía muy entusiasmado

-¿Qué les parece si vamos a festejar por el nuevo porvenir?

-a mi me encantaría ¿Qué dices Hermione?- pregunto Ron al cual se le había iluminado la cara

-pues me agrada la idea, el problema…

-soy yo- dijo rápidamente Harry- miren chicos, es excelente la idea Nev, pero es que tengo que visitar a alguien muy importante

-¡no me digas!… Nathan- comentó cansinamente Hermione que se soltó de Ron para encarar mejor a su amigo- nos estas olvidando Harry, nos olvidas

-no es cierto- replicó Harry

-claro que si- salió en la defensa de la castaña, Ron- solo pasas tres días completos de la semana con nosotros y los demás o sale un imprevisto o tiene una decaída tu… ¿Qué es de ti ese señor?

-¡es un viejo!... necesita de mi ayuda, y… y no lo puedo dejar solo- dijo para tratar de convencer, mas que a ellos, a sí mismo

-muy bien, pues vámonos, tenemos que conocerlo ¿verdad, Neville?- inquirió Hermione

-pues…

-definitivamenteno podré con ustedes- expresó resignado pero algo le dijo que no debería de hacerlo por lo que añadió- pero no los llevaré, porque puede tener una menguada al ver mucha gente y aparte les he dicho infinidad de veces que él no soporta estar con muchas personas a la vez- terminó explicando

-pues esta bien, allá tu- contestó Ron rendido y malhumorado- ¿por lo menos esta vez vas a llegar a dormir?

-no

Con esa simple respuesta, ese sencillo "no" se le iluminó notoriamente la cara a su amigo pelirrojo, y aunque Hermione hizo hasta lo imposible para disimular su felicidad, no pudo controlar la alegría que emergió desde su corazón porque ya sabia lo que iba a pasar, y eso… le encantaba.

¿Cómo comenzó todo eso?... simple, desde que terminaron su último año de Hogwarts, estuvieron arreglando mucho el número doce de Grimmauld Place: le cambiaron el tapiz, los muebles fueron reemplazados por otros más nuevos, las vajillas fueron limpiadas, el polvo desechado; hicieron de él, todo un hogar acogedor. Y a pesar de tantas pesadumbres, la amistad de Ron, Hermione y Harry seguía igual o mas fuerte que antes por lo que el trió de oro se fue a vivir a la antigua morada de la prestigiada familia Black y de la Orden del Fénix. Y así, cada noche que Harry no estaba para dormir por estar velando a Nathan, Ron y Hermione aprovechaban esas oportunidades para pasar unas noches muy movidas e intimas. Siempre eran especiales y dulces, amorosas y cálidas, pero nunca serian tan especiales y maravillosas como había sido la primera vez, la primera vez de ambos. Hermione la recordaba como si hubiera pasado ayer…

Nota de autora: les gusto?!! ojala que sí, espero que el comienzo fuera nuevo, y aunque deben de ser mas estrictos conmigo porque ya tengo experiencia (no mucha, pero bueno) les pido que no sean tan duros, ya que es el principio. Pero bueno, espero comentarios