Tituladas 17.2% · 34,339 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,776 de 95,911 páginas identificadas · 90,161/90,521 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 50477 · de

Historia 50477 — capítulo 1

CAPITULO 1: QUEJAS POR TODOS LADOS

Un día, los monstruos de todo el mundo se reunieron en una junta importante. Los portavoces de todos eran, como todos esperaban, Drácula, El Hombre Lobo, El Coco, Frankenstein, La Momia, El Zombi y La Cosa Del Armario.

Ellos se habían reunido en un castillo especialmente tenebroso, en un cuarto enorme y oscuro. El mobiliario gótico y moderno.

-¡Todo me tiene tan frustrado! - Se lamentaba Drácula - Desde que los Vampiros se pusieronde moda, ya no puedo vivir en paz sin que nadie me vea y se burle de mí.

Igor, un jorobadocriado de Frankenstein, se rio disimuladamente de Drácula mientras servía la carne más putrefacta y añeja a su señor.

-¿Lo ven? ¡Ya no soy nada! - Después, Igor le sirvió en una copa de vidrio, un líquido espeso que se confundía con vino, aunque en realidad se trataba de sangre fresca, recién llevada de la cosecha que tenía La Cosa Del Armario, que se encontraba demasiado fracasado y puso todos sus ahorros en un Banco de Sangre, cosa que le envidiaba Drácula, ya que no tenía la necesidad de beber sangre, y sin embargo la tenía ahí, a su disposición - Después de Crepúsculo - Dijo, siguiendo con su monólogo - Me temo que todos creen que la luz me hace ver gay

-¿Cómo es eso? - Se extrañó La Momia, que casi nunca salía de su tumba.

-Esa tonta película. Los Vampiros de ahí no mueren con el sol ¿¡Pueden creerlo!? ¡Qué infamia! Cuando las personas se encuentran conmigo me preguntan si tengo el número de Edward Cullen

Igor le da unas palmadas en la espalda. Drácula parece encontrarse frustrado.

-Después - Prosigue - Cuando les digo lo que soy, dicen que llamarán a los Vulturi a que me exterminen, puesto que he revelado el secreto. ¡Bah! Algunos me dicen que les convierta en Vampiros.

Drácula solloza.

-¿Qué es lo que haces después? - Quiso saber el Hombre Lobo, dándole unas palmadas a Drácula

-Simplemente me convierto en murciélago y me marcho - Aquello izo que Drácula se echara a llorar -¡Me desesperan completamente con preguntas tontas! ¡Qué recuerdos! Cuando podía marcharme a asustar a las personas, que se lamentaban por no tener una estaca o ajo cerca ¡Que recuerdos!

Los demás monstruos, que pasaban por alguna situación similar, decidieron seguir, dejando que Drácula se desahogara a gusto.

-¿Desea otro vaso de sangre? - Preguntó algo vacilante, Igor

-¡Sí! - Drácula apenas podía hablar, pero cuando lo hacía, parecía encontrarse enojado.

Los monstruos miraron con algo de pena como Drácula bebía como tal borracho con la cerveza.

-Drácula - Decía el Hombre Lobo - ¡Eso no es nada! Yo también me encuentro vinculado con aquellos Vampiros. Cuando me encuentro a punto de morder a mis victimas, me recuerdan que los hombres lobo no deberían de ser malos, sino que al contrario, debería protegerlos. Pero yo también me defiendo - Sonríe con su boca lobuna - Les digo que ellos son metamorfos y que yo soy de los malos

-¿Disculpa? - Preguntó Drácula, al fin sobrio - ¿Qué has dicho?

El hombre lobo comienza a cambiar de pelaje. Parece tener ahora uno de color rojizo, como si estuviera ruborizado.

-Yo… eh… nada…

-¿Lobo? ¿Has leído los libros? - Preguntó un muy desilusionado Drácula

-No - El Hombre lobo no sabía mentir bien, por lo que señaló muy lejos y, con voz desesperada gritó - ¡La niña del Aro!

Todos los monstruos gritaron. Detestaban a esa niña por robarles clientes. Era demasiado espantosa como para hacer que los niños no sintieran miedo por otra cosa que no fuera ella.

-Vaya, nos ha dado el vuelo - Se quejó la momia - ¡Cuánto trabajo me han quitado los nuevos monstruos! Ahora, cada vez que alguien se acerca a mi tumba y me ve, comienza a reírse y señalarme. Como si fuera un payaso de circo.

-Bueno, no es que tengas miles de años - Decía la Cosa Del Armario

-¿¡Me estás llamando vieja!? - Saltó ésta, ofendida

-¿Yo? ¡Jamás diría eso! - La Cosa Del Armario cruzó los dedos por detrás de la espalda.

-¡Basta de Pelearse! - Gritó el Zombi en cuanto se dio cuenta que los dos monstruos iban a levantarse para pelear - No tenemos que luchar entre nosotros. ¡Igor! Deja de darle sangre a Drácula, que se emborrachará de la pena.

Todos se quejaron. Drácula solía contar muy malos chistes cuando se emborrachaba de sangre O negativa.

-¡El que debería quejarse soy yo! - Saltó la Cosa Del Armario - Los niños, en cuanto me ven me ignoran, como si jamás existiera… - Se secó una lágrima - ¡Yo! ¡Yo que tanto les espantaba y ellos terminaban por llorar y gritar! ¡Yo que siempre hacía que tuvieran miedo a lugares oscuros!

Dicho eso, corrió hacia un Armario que se encontraba cerca. Y comenzó a sollozar.

-No te quejes Cosa Del Armario - Le dijo duramente el Coco - ¿Crees que has sufrido lo peor? Recuerdo cuando las madres le cantaban la canción sobre mí.

Los demás casi contuvieron la risa. A ninguno le habría gustado tener su canción de cuna, cosa que les hacía burlarse del Coco en cuanto tenían ocasión, solo que últimamente les daba un poco de flojera, ya que el Coco siempre hablaba de ello completamente orgulloso, por lo que todo perdía el chiste.

-También recuerdo cuando los niños no podían dormir y se asomaban debajo de la cama - El Coco suspiró - Aquellos eran buenos tiempos. No ahora, que la televisión los deja completamente tarados y terminan por dormirse toda la noche. O en los peores casos, en los que exageran, son hiperactivos y ven películas de terror, por lo que sienten que yo ya no soy demasiado útil ahí.

Frankenstein negó con la cabeza.

-A mí me ha ocurrido cosas peores. ¡Me dicen que soy Hulk! Está bien que sea verde, pero quieren que les salve la vida, además de que todos esperan que sea fuerte.

-Amo mío, creo que usted es el que debería espantar más - Le consoló Igor, más por compromiso que por otra cosa - Es la cosa más fea que me pudo haber pasado en la vida

Frankenstein, conmovido comenzó a llorar mientras abrazaba al jorobado.

-¡Eres mi mejor amigo! - Sollozaba

El zombi negó con la cabeza.

-Vamos ¡Me han enterrado unas diez veces! ¿Creen que aquello es lindo? Bueno, quizá la primera vez fue gracioso, pero ahora todos suponen que debería encontrarme bajo tierra - El zombi se quedó paralizado, recordando las veces que lo sepultaron. Se estremeció, ya que desde la segunda vez, se sentía claustrofóbico, cosa que no le hacía mucha gracia, ya que jamás encontraban una caja lo suficientemente grande para él, siempre tenían que ser demasiado pequeñas.

Con los monstruos todos hechos un caos, el mismísimo Miedo, harto de verlos quejándose y llorando, decidió hacerles una visita.

-Hola - Saludó el Miedo, volviéndose en forma humana. Era pálido y parecía casi un cadáver, aunque también era apuesto. Sus ojos, como era de suponerse, se encontraban negros como la oscuridad y, de solo verles, uno sentía tanto miedo como jamás.

Los monstruos se arremolinaron juntos entre sí, y separados del Miedo. La Cosa Del Armario incluso arrastró su refugio.

-Vaya, tendré que trabajar demasiado con ustedes - Aseguró el Miedo, con una sonrisa deslumbrante.