← Mi maestra · de
Mi maestra — capítulo 1
La tarde parecía negra, el día no mejoraba desde la mañana. Mientras miraba aquello por la ventana, una mujer cruzó el umbral, llena de lágrimas en sus ojos. Estubo encerrada en su dormitorio todo el día, mirando por la ventana, el mismo paisaje, una y otra vez.
Ella estaba asustada, tenía miedo de lo que podía ocurrir. Estando allí, escuchó como los pájaros se escapaban del árbol que tenía enfrente. Nada ni nadie, quería estar junto a esa mansión, que ya estaba en la ruina.
Nada vivo, al menos.
Mientras estaba allí, escuchó el pestillo de la puerta y retrocedió lentamente. La misma se abrió con un silbido amenazante y una figura alta entró en la habitación. Fue violento, no le dio tiempo ni siquiera para pensar en lo que podía o acababa de ocurrir.
Sostuvieron sus brazos y la zarandearon con fuerza, algo casi sobrehumano. Sus lágrimas no dejaron de caer, aunque aquella fuerza continuara hiriendo sus brazos.
No alzó su rostro, pero temía conocer a aquel que estaba sosteniéndola. Hacía tantos meses que no lo veía, que ya comenzaba a dudar de recordar o no, su rostro.
- ¡Te ha parecido divertido, dímelo!- escuchó cerca de su oído, pero no respondió- ¡Dime si te ha parecido divertido!
Pero no sabía de qué estaba hablando. la soltó, empujándola con violencia. Resbaló, llevándose consigo, muchas cosas de su cómoda.
- Dime si has pensado que yo jamás volvería.
Sus labios temblaban y su voz no emergía de su garganta, estaba muda. No dijo nada y miró el frasco de perfume, que se vaciaba en el suelo.
Pero no lloraba por eso. Lloraba por él, por lo que iba a pasarle si no solucionaba el problema. Si no salvaba a Draco, de su destino.
- Dime por qué lo hiciste, Narcisa.
Sus ojos se alzaron, tímidos y vagos. Aquel que la miraba, no era otro que su esposo. Estaba desencajado. Su cabello estaba desaliñado y había perdido mucho peso. Ya no era aquel que solía ser. No lo sería jamás.
-
Para protegerlo. Para proteger lo único que me queda. A Draco...
-
Y vas a otorgárselo a él.
-
No me quedaba otra opción.
Draco inspiraba, mirando en dirección al aula de pociones. Hermione estaba parada frente al resto del alumnado, mientras Albus Dumbledore inspiraba y comenzaba la conversación tan misteriosa, que se daba, desde el almuerzo.
- El profesor Snape, tendrá que ausentarse. Así que hemos encontrado un reemplazo para sus clases de pociones.
El alumnado se miró en silencio, mientras Albus se apartaba y mostraba un femenino rostro. Con un suspiro, la persona se mostró.
- ¡Eso no puede ser! ¡Granger!
Hermione no dijo nada y miró a los presentes, con mucha calma. Los demás suspiraron. Los Gryffindors, lo consideraron un gran honor.
Los Slytherins, lo consideraron una estupidéz. Algo que no tenía ni pies ni cabeza. Sin duda alguna, las cosas no podían empeorar.
¿O sí podían?
-
¿Dónde está el profesor Snape?- dijo uno de los Slytherins y Albus inspiró.
-
Estará ocupado, haciéndose cargo de algunas diligencias muy importantes.
-
¿Y quién será nuestro jefe de casa?
-
Hermione Granger.
El mundo entero colapsó y se reventó gradualmente. Con un suspiro lento, Draco intentó no pensar en una idiotéz.