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Historia 50547 — capítulo 1
Una lágrima caía sobre su atormentado rostro.
Ella se encontraba en una soledad profunda, llena de silencio. No deseaba la compañía de nadie, puesto que, a pesar de que sabía que la necesitaba, no la quería por nada del mundo.
"Te odio"
Aquella voz la sobresaltó, e izo que las lágrimas surgieran de nuevo, una cayendo detrás de la otra. Ella solía recordar aquella hermosa voz aterciopelada, dulce. Pero en cuanto la oyó, simplemente notó amargura, frialdad e incluso malicia.
El sufrimiento que ella tenía lo padecía en aquellas cuatro paredes que parecían negras, pero solo se debía a que las cortinas de la ventana no estaban corridas, y a que la luz se encontraba apagada.
Su vestido, blanco y largo era lo único que se podía distinguir en aquella estancia.
"No me casaré contigo"
Y de nuevo volvía aquella voz que tanto la atormentaba a ella y que la hacía sentir en un estado deplorable.
Aquello hacía que ella volviera a derrumbarse por completo. El dolor que sentía al oírla era infinito.
Aquel era el día más feliz de su vida. Se casaría con el hombre que en realidad amaba. La estancia se encontraba decorada con un millón de rosas blancas, su flor predilecta. Caminaba en aquel estrecho pasillo, en el que, rodeándolo, se encontraban las personas que ella más amaba en el mundo. Y ahí estaba él, el hombre perfecto para ella
Pero aquel hombre perfecto se había ido con otra. Simplemente se marchó de la boda, antes de dar el sí, y la tomó del brazo, marchándose consigo todos los sueños y las promesas de la que iba a ser su esposa.
Al recordarlo de nuevo, una nueva lágrima volvió a caer de su rostro. Se encontraba cansada de llorar, aunque no podía evitarlo, puesto que le dolía demasiado el abandono y la traición.
Ella era su mejor amiga. Ella lo era y se marchó con él. Con una lágrima en su rostro observó cómo, después de rechazarla, su hombre ideal tomaba del brazo a su mejor amiga y le pedía que se escaparan juntos. Triste y desesperada, ella miró como se marchaban, sonrientes. Le dejaron el corazón roto. Se habían marchado con todo lo que ella tenía"
Ella se secó las lágrimas. Se habían burlado de ella, y la vieron incluso llorar por ellos. Y lo disfrutaban. Ellos dos la habían lastimado por dentro, la habían destruido, la habían matado.
En su interior solo quedaban ganas de morir, no de otra cosa.
Pero ella pensó que no les podía dar gusto.
Recordando sus caras sonrientes, ella se levantó del suelo con renovadas energías, en la pequeña y oscura esquina en la que se encontraba. Caminó hacia la ventana y corrió las cortinas.
La luz que provenía de afuera casi le deja ciega pero, segundos después, ella pudo acostumbrarse a la luz y observó de lo que se había perdido en aquellas horas en las cuales había sufrido.
El sol se encontraba especialmente cálido y brillante. Las flores que se encontraban en su jardín florecían hermosas, de diferentes colores que hacía ver aquella parte como un arcoíris de flores.
También pudo escuchar a los pájaros cantar dulcemente mientras revoloteaban alrededor de los árboles.
Aquello era hermoso, mientras que ella se encontraba ahí, llorando por algo que no valía la pena.
Decidió no darles gusto, decidió vivir.
Se secó las lágrimas y se puso manos a la obra, ya que no quería encontrarse un solo minuto más en aquel cuarto. Debía salir a ver el mundo de una manera diferente a como lo había visto en algunos días, en los que no había hecho otra cosa más que sufrir sin razón alguna.
Se quitó el vestido de novia, y lo guardó en un lugar especial, para quemarlo después. Se desmaquilló y se arregló de una forma casual, aunque no podía hacer mucho por sus ojos, puesto que se encontraban hinchados de tanto llorar.
Unos minutos después, cuando se encontró lista, salió a la calle, dispuesta a olvidarlo todo.
Paseo por la ciudad, sin tener un rumbo fijo, simplemente disfrutando de aquella libertad que no había tenido durante años. Porque si, aquel hombre que ahora aborrecía completamente nunca la había dejado ser quien era ella en realidad. Simplemente la había mantenido encerrada, como un pájaro.
Caminó sin hartarse todo el día, hasta que, entrada la noche, observó a una pareja sonriendo y besándose en un parque. Eran ellos.
Ella no se había detenido, sino que había seguido con su camino, a pesar de que podía caerse o lastimar a alguien.
De pronto, una figura chocó contra ella, cosa que casi la izo caer de bruces.
-Lo siento - Murmuró una voz masculina
-No hay problema - Contestó ella, mirándole.
Era atractivo, no podía decir que no. Él le comenzó a hacer plática. Era interesante, además.
Ella sonrió. Siempre había esperanza, y ella era joven, por lo que podía VOLVER A EMPEZAR, sin el temor de que todo se derrumbara de nuevo.