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Historia 50579 — capítulo 1
Abrí la puerta de mi habitación y corrí hacia la cama hasta caer sobre la misma. Poco a poco comencé a sentir la humedad de mis ojos y la trayectoria que comenzaban a trazar esas lágrimas saladas. Un dolor profundo comenzó a emanar mi pecho, logrando estremecer cada partícula que componía mi cuerpo. Cerré mis ojos y un leve gemido de angustia salió desprendido de mis labios. La fría brisa que daba paso por la gran ventana golpeaba mis mejillas suavemente.
Me incorporé y limpié aquellas lágrimas con mis manos, empapándolas de un líquido que significaba más que dolor y tristeza. Me levanté como pude y abrí la puerta de mi habitación. Suspiré y bajé las escaleras para luego salir de aquella solitaria casa. Corrí por aquellas calles que alguna vez fueron eco de mis risas, hasta llegar al lugar donde había permanecido en aquellos días de vivos colores. Abrí la puerta con lágrimas desprendiendo de mis ojos una vez más y grité:
— ¡No pienses más en mí, no esperes de mi nada!
Cerré aquella puerta siendo consiente de que sería la última vez y corrí una vez más por las calles húmedas de Roma, disfrutando cada segundo que me quedaba allí...