← Historia 50716 · de
Historia 50716 — capítulo 1
Miré a mi alrededor con superioridad. Nadie de los allí presentes estaba a mi altura y nunca ninguno conseguiría estarlo. Simples mortales, con absurdos placeres terrenales. Con defectos demasiado... inferiores, nosotros también los tenemos, pero normalmente son consecuencia de las desafortunadas circunstancias, digo normalmente porque existen algunas áreas en mi lugar de procedencia, con determinados individuos que, hasta parecen humanos (y eso es mucho decir). Nunca podría mantener con ellos ni una sola conversación que estimulase mi intelecto, así que, ¿para qué acercarme y intentar interactuar con la subespecie? Mejor permanecer aislado, charlando conmigo mismo. Me llamaban antisocial mas no lo era, tan solo mejor. Mira a ése marginado, dirían, seguramente con un tono despectivo en su voz.Pero ellos no sabían, no conocían lo que yo. A veces me daban lástima, sentimiento que repudio, por cierto, ¿cómo podía alguien permitir que viviesen en esa despreciable ignorancia? Se lo diría, iluminaría sus mentes, o al menos lo intentaría. Sé la que la gran mayoría no lo entendería (incluso los que se precian abiertos de pensamiento: está loco, dirían), y dudo que aquellos que sí lo hicieran, lo aceptasen del todo, obviamente para ellos la idea de algo así, es absurda, descabellada, inconcebible y seguramente irreal. Aún así… Pero lo había jurado, no debía decir nada. Deber mas no poder. No expliques nada, no lo hagas, nunca, me ordenaron, tiene que permanecer oculto. Y así había estado, secreto, oculto, desconocido hasta hoy.
He decidido proclamarlo. Por eso estoy aquí.
Pero antes de empezar se me plantean serias dudas. Cuál sería la manera indicada para contar algo de tal magnitud, no lo sé. Una opción podría ser la de soltarlo así, tal cual, a bocajarro, sin ningún adorno ni palabras bonitas. Pero, por experiencia sé que los humanos son muy, pero que muy sensibles. No querría por nada del mundo herir sus ya maltrechos sentimientos. Sería peor que quemar a un niño. Sería demasiado cruel. Así que me veo obligado a usar todas y cada una de las palabras bonitas de mi arsenal y probablemente alguna que otra mentirijilla piadosa. Sí, lo haré de ese modo.
Otra cuestión es preveer como se lo tomarán, tanto ellos como los míos. Los primeros mal, claro está, nadie podía tomarse bien algo así. Mientras que los segundos tal vez me maten o, si se encuentra uno de los célebres Ilustrados entre sus filas, uno capaz de hacer olvidar a los presentes de la Gran Asamblea el Juramento, me contraten para convencer a los humanos de que todo ha sido un delirio mío (eso tan solo a los que aún no lo pensaban, quiero decir a: los inteligentes o no tan estúpidos, según se mire) y en el peor de los casos exterminarlos, claro que eso conllevaría a la furia de los altos cargos (mis antiguos colegas) que por nada del mundo querrían perder a sus juguetes favoritos. Entonces éstos harían que yo muriera de forma accidental, total, ¿quién aprecia la vida de un preso, un recluso condenado a vagar en La Tierra (o Submundo, como es llamado), ese lugar nauseabundo, frio y hostil del que algunos arcaicos poetas hablaban?
Sopesé todas las opciones. Todas finalizaban con mi muerte. Sin embargo, yo ya estaba muerto. Cierto, no lo hago por los humanos, lo hago por venganza. Para mí es una obligación, MI obligación.