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Historia 50833 — capítulo 8
- ¡Alice! - grité tirándome en sus brazos. No recordaba la belleza que poseía. Me sentí acomplejada.
- ¡Bella! ¡Bella! - gritaba dando saltitos.
- ¿Qué haces aquí? - pregunté con una gran sonrisa.
- La verdad es que venía a verte.
- Entonces... ¿has venido sola? Vaciló unos segundos
- Sí.
- ¡Lo importante es que estas aquí!
- ¿Qué hacias tú... precisamente aquí? - fijó la vista en su casa, o mejor dicho, anterior casa.
- Soñé que regresabas. ¡Te echaba tanto de menos!
- Y yo a ti - sonrió -. Si no vine antes es porque Ed... porqué no pude.
- ¿Te dijo él que no vinieras a verme?
- Quería evitar que pensaras en nosotros...
- Pues eso es una tontería. En todo este año no hay ningún día que no haya pensado en ustedes... ¿Como olvidar tan fácilmente a mi familia? Que él no quiera saber nada de mí y que no me quiera no le da derecho a impedir que vengas a verme, porque yo... - la voz se cortó por mis sollozos.
- Oh, Bella. Cuanto lo siento - dijo abrázandome con fuerza.
- ¿Estan todos bien?
- Sí.
- ¿Él... también?
- Ha sufrido mucho por ti.
- Ya - dije con sarcasmo e intentando hablar sin sollozar.
- Es cierto, Bella.
- ¿Todo bien con Jasper?
- ¡Genial! ¡Es lo mejor que me ha pasado! Ya lo echo de menos...
- Como os envidio - dije sonriendo.
- Tú... ¿no has vuelto a salir con nadie? Negué con la cabeza.
- ¿Quién querría salir conmigo?
- ¡Vamos, Bella! Mucha gente querría salir contigo.
- Es verdad, gente que después me abandonaría. Alice puso cara de disgusto y me arrepentí de haber dicho eso.
- Perdón.
- No pasa nada - dijo sin dejar de sonreír.
- ¿Te quedarás a dormir en mi casa?
- No sé si Charlie...
- ¡Estáte tranquila por eso! No tiene nada en contra de ustedes... Bueno, tal vez sí en contra de Edward. Ese nombre abrió dolor en mi pecho, y a la vez, me calmó.
- Supongo que podría quedarme...
- ¿Hasta cuando estarás? Alice miró hacia los lados, los árboles que habían alrededor de la casa se movieron.
- ¿Qué ha sido eso? - pregunté.
- ¿El qué...?
- Los árboles, se han movido.
- Será el viento... Sabía que Alice me mentía.
- ¿Qué ocultas?
- Tenemos que irnos de aquí, Bella, vayámos a tu casa. Esta lloviendo cada vez con más fuerza, te resfriarás. Me agarró del brazo, y me llevó a mi monovolumen. Me senté en el asiento del conductor y puse en marcha el vehículo. Antes de marcharnos, me pareció ver la silueta de un hombre cerca de la casa... Esta vez no tardemos tanto en llegar, ya que Alice se quejaba constantemente de que iba muy lenta.