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Bloody Mary ( the true story) — capítulo 18

Mary abrió los ojos  y se destapó. Estaba sudando, no estaba sola, lo presentía.

-Harold...-susurró.

Pero el ángel no contestó.

-¿Harold?- volvió a preguntar la muchacha, con temor.

Silencio. 

Mary sintió algo moverse en la maleza. No era Harold, no era su ángel de la guarda. 

La joven no se atrevía a moverse. Pero aún así, miró a su lado, donde yacía su marido no amado, que dormía plácida y profundamente. Lo envidiaba.

-¿Harold?- llamó a su ángel de nuevo, pero nadie le respondió, no sintió su presencia benigna reconfortándola.

La joven de piel pálida y negros cabellos se levantó delicadamente de la cama y avanzó sola entre la negrura de la noche que invadía la oscura y vieja casa, tratando de no romper el silencio reinante, caminando al ritmo de su corazón.

De repente, vio de nuevo la sombra, que avanzaba veloz en el pasillo, y Mary supo que no era un simple producto de su imaginación, que era algo, algo que la aterraba y le hacía estremecer, y a la vez avanzar.  La joven tragó saliva y siguió a la sombra, que la condujo a una puerta que su marido nunca le había dejado abrir desde que llegaron a esa casa infernal.  Y entonces, como por arte de magia,  la sombra empezó a cobrar forma, mostrándose ante Mary una mujer joven vestida con un vestido negro hecho jirones, que contrastaba con su piel pálida y translúcida.  La muchacha miró al fantasma que ante ella se mostraba, aterrorizada, intimidada, aunque conmocionada al ver la sangre que cubría su negro vestido y varias heridas que adornaban su fantasmagórica piel.

-Mary...-susurró abriendo sus ojos completamente negros, haciendo que la joven ahogara en su garganta un grito de puro terror.

  • Harold...-gimió ella notando como varias lágrimas descendían por sus mejillas pálidas.

La joven Mary miró a su alrededor...Harold no estaba, solo tenía soledad y oscuridad. ¿La había abandonado acaso? No lo sabía, pero no pudo contener el llanto ni los gemidos que se escapaban suavemente de sus labios enrojecidos...

-No voy a hacerte daño Mary- susurró el fantasma- pero tienes que ayudarme a descansar en paz, a mi y a todas ellas...

Nada más decir esto, aparecieron más mujeres, todas ellas jóvenes y con los rostros pálidos y la mirada ausente, envueltas en un halo de tristeza y melancolía, lo que provocó que a la hermosa Mary se le encogiera su herido e inexperto corazón.

-Os ayudaré, lo prometo- susurró Mary sintiendo una mezcla de responsabilidad, dolor y ansias de mostrarle a Harold que era fuerte, que no lo necesitaba.

-Pues síguenos y comprenderás todo...- dijo la hermosa fantasma atravesando la puerta prohibida.

Mary tragó saliva y abrió la puerta, quedándose petrificada de terror: la pared estaba llena de sangre y el suelo cubierto de vestidos y cadáveres en un avanzado estado de composición, y en el suelo, un espejo.

-Él nos hizo lo mismo que a ti Mary...- susurró el fantasma- nos obligó a casarnos con él, y así acabamos, y no nos iremos hasta que ese cabrón arda en el infierno- agregó con rabia.- y de eso, te encargarás tú.- dijo mirando a Mary de una manera que hizo estremecer a la joven.

-¿Yo, sola?- preguntó con un hilo de voz, reprimiendo las ganas de correr y gritar, las ganas de acabar con su vida, simplemente, trataba de aplacar el miedo que acechaba con dominarla y nublarle la razón y los sentidos.

-Tú sola puedes Mary- comentó el espectro- no necesitas ningún ángel, las mujeres somos fuertes Mary, y tú no puedes ni imaginarte la fuerza que yace dentro de ti...Puedes detenerlo, puedes matarlo...

Mary miró a los fantasmas, que se acercaron a ella cada vez un poco más...Con sus heridas, algunas con los rostros deformes y las cuencas vacías...Sin poderlo evitar salió corriendo, reprimiendo las ganas de gritar, aunque en su mente si gritaba, gritaba el nombre de su amado una y otra y otra vez, en vano.

-No huyas Mary...-le decían las voces de las mujeres asesinadas en su mente.

Pero la joven tenía demasiado miedo para detenerse...Sentía su corazón latiendo fuertemente en su pecho, el sudor recorriendo cada centímetro de su nívea piel y como su sien palpitaba una y otra vez sin descanso.

Mary corría y corría, oyendo las voces de las mujeres en todas partes, aunque parecía no venir de ninguna parte. Sus pasos la llevaron al oscuro, tétrico y descuidado jardín, pero no le importó, sólo quería correr y alejarse de todo eso...La chica de nívea piel y pelo oscuro tropezó y cayó al suelo, y cuando se giró pudo contemplar un tétrica visión:  una docena de fantasmas acercándose a ella a la luz de la luna llena, que traspasaba sus cuerpos espectrales.

La que parecía ser la líder se acercó a Mary y soltó un grito desgarrador que hizo que Mary ocultara el rostro entre sus manos delicadas, aterrada.

-¡Lloras sangre!-gritó-¡Sangre!

Las demás ánimas se acercaron curiosas y centraron toda su atención en la joven Mary.

-¡Estás más condenada que nosotras!-se mofó una de ellas.

La chica sollozó y vio que sus manos estaban llenas de sangre.

-¡Callaos!-gritó la joven de repente-¡Iros al infierno malditas almas condenadas!-agregó sintiendo como la rabia fluía junto con su sangre.

Los fantasmas rieron a carcajadas, pero Mary no se amedrentó.

-¡Estoy harta de vosotros!-les gritó-¡Me habéis arruinado la vida!-agregó furiosa.

Una de las mujeres fantasmales se acercó a Mary y la cogió fuertemente por el níveo y esbelto cuello, asfixiándola.

-O acabas con ese hijo de puta-le dijo en tono amenazante- o seremos nosotras las que acabaremos contigo-le advirtió.

Mary rió amargamente.

-¿Y por qué he de hacerlo?-preguntó desafiante-ningún fantasma ha hecho nada por mi-replicó-al contrario.

La mujer apretó más y Mary sintió como le costaba cada vez más respirar.

-Eres la única que puede hacerlo-dijo la fantasma- tú tienes algo que ninguna de nosotras ha tenido: un ángel de la guarda. - el fantasma sonrió con malicia-o al menos tenías-miró a Mary con maldad- ¿Dónde está tu plumífero amante?-apretó un poco más la garganta de Mary, quien sentía como su vida se alejaba cada vez un poco más.

-Estoy aquí-dijo de repente una voz masculina y amenazante a la espalda del fantasma.

Mary sonrió torvamente al ver a su ángel empuñando la katana elegantemente.

-Harold-susurró ella mientras una lagrima descendía por su mejilla pálida.

El fantasma arrojó a Mary a los brazos de Harold con brusquedad, pero el ángel la acogió cálidamente.

-Largo espectro- dijo el ángel imponente, protegiendo a Mary, que se acurrucaba en su pecho.

-Recuérdalo Mary...-susurro el fantasma desvaneciéndose con todos los demás.

"envía su ánima al infierno"-resonó la voz del fantasma en la cabeza de Mary, y luego, paz.

Harold abrazó a Mary y la llevó dentro de la casa, al cálido salón.

-¿Se puede saber que diantres ha pasado?- preguntó el ángel mirando seriamente a Mary.

Ella lo miró y bebió un poco de té caliente, enjuagándose las lagrimas con un pañuelo de seda, que ya estaba bastante manchado de sangre.

-Me han pedido que mate a mi marido-susurró mirando a Harold asustada por todo lo pasado hacía un rato.

El ángel miró a Mary seriamente y asintió levemente con la cabeza.

-Si lo han pedido es por algo-susurró el ángel-los fantasmas no piden cosas así como así-hizo una pausa- y menos aún suelen reaccionar tan violentamente a una negativa como hizo éste- susurró, como tratando de averiguar el propósito del fantasma- ¿Qué te dijo exactamente?

Mary tembló al recordarlo todo y se acercó a la chimenea.

-Que él las ha matado-susurró-quieren venganza.

Harold negó con la cabeza y se acercó a Mary.

-Quieren justicia, Mary.

Ella miró a Harold con el ceño fruncido.

-¿Pero por qué he de hacerlo yo?-preguntó furibunda.-estoy cansada de todo esto...

-Ellas te han elegido a ti porque eres fuerte...-hizo una pausa-y porque me tienes a mi. -el ángel miró a Mary con intensidad-pero eso sería mancillar tu alma...Condenarla.-hizo una pausa de nuevo-lo haré yo.

Ella abrió los ojos desmesuradamente.

-¡Pero serías enviado de cabeza al infierno!-exclamó sin elevar la voz.

-Me da igual-dijo éste sonriendo torvamente-todo lo que quiero es que tú no vayas al infierno...

-¿De qué diantre me sirve ir al cielo si no vas a estar tú?-dijo ella con los ojos anegados en lagrimas.- ¡Eso es peor que cualquier infierno!

Harold como respuesta acercó sus labios a los de Mary y la besó dulce y apasionadamente. Ella le respondió al beso con las mejillas húmedas de llorar y sintió como Harold la tumbaba suavemente sobre la cálida alfombra persa del salón. Mary se dejó tumbar, sintiendo las caricias del ángel por todo su cuerpo mientras ambos continuaban ese beso.

Mary sentía como la temperatura de su cuerpo subía, aunque su corazón latía a un ritmo desenfrenado, y por una vez, pudo sentir el corazón de Harold, que latía al mismo ritmo que su mortal corazón.  Las respiraciones de ambos eran entrecortadas y sus caricias más desesperadas y el beso se hacía cada vez más y más intenso. Ambos se dejaban llevar, hasta tal punto que Harold quitó cuidadosamente el camisón que cubría el cuerpo de Mary, y ella desnudó cariñosamente al ángel.

Sus respiraciones se volvieron jadeantes, y el cuerpo blanco y aristocrático de Mary quedó bañado en sudor frío cuando recibió a Harold, que la mimaba y la trataba con más delicadeza que a una muñeca de porcelana.  Los jadeos fueron acompañados de gemidos leves y suaves suspiros que se perdían en el cálido aire.

Ambos sentían que eran uno, olvidándose de los fantasmas, del cielo y el infierno, del resto del mundo, llegando a niveles de placer que jamás habían experimentado.

-Mary-susurró Harold entre jadeos, mirando a la joven a través de sus brillantes ojos.

Ella lo miró y esbozó una sonrisa dulce.

-Harold-susurró ella de la misma forma.

El ángel continuó, besando a la joven en diferentes partes de su cuerpo mientras las manos de Mary atraían al ángel todo lo que podían a su cuerpo joven y femenino.

Finalmente, ambos llegaron al nivel máximo de placer, y ambos fatigados y felices se miraron con confianza y complicidad.

-Te quiero-le susurró el ángel, cansado aunque en grados inimaginables de felicidad-y no permitiré que te pase nada...

Ella sonrió y le acarició los revueltos cabellos rubios.

-Te amaré y te buscaré incluso en la muerte-prometió ella mirándolo fijamente.

NOTA: Perdonad la tardanza, pero es que no me venía la inspiración y he hecho no sé cuantos borradores de este capítulo. Espero haber compensado vuestra espera.