Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 51216 · de

Historia 51216 — capítulo 1

El escenario me esperaba. Todos mis fans aplaudían con mucho ánimo. Todos ellos, esperaban mi entrada a mi circo, llamado concierto.

Entré cantando y bailando, ya que para eso me pagaban grandes sumas de dinero.

Seguía cantando, como si mi vida dependiera de eso.

Había perdido mi interés de cantar hacia mucho tiempo. Y ahora, estaba en mi propia prisión, de la cuál, no sabía cómo escapar.

Las luces no me dejaban ver más allá de la tarima, en donde yo estaba. El sonido de los grandes parlantes, que estaban a mis costados, me dejaba sorda, y aún así, seguía cantando.

Decían que cantaba perfectamente, que era la estrella juvenil del momento. Si, lo era, pero ¿A qué precio?

Recuerdo que cantaba desde pequeña, y que me encantaba hacerlo. Pero hacía eso cuando nadie me veía.

Mis padres, decían que debía dejar de hacer eso, que no me iba a llevar a ninguna parte. Qué hipócritas son con sus propias palabras.

Un día, mientras cantaba en un acto del colegio, uno de esos famosos caza-talentos me descubrió, y no esperó proponerme ser una gran estrella.

Inmediatamente habló con mis padres, y les dijo que con mi gran voz, iban ha hacer una inmensa fortuna. Esa última palabra, fue la que los impulsó a meterme en este mundo.

Me metieron en los mejores cursos de música, y me llevaban a todos los castings a los cuales, poco a poco, me fueron invitando. Y de repente, gané un concurso al cual, no quería ir.

¡Todo el mundo me aplaudía! He de admitir, que me gustó llamar la atención y toda esa porquería que lo famosos sabemos hacer a la perfección.

Cantaba y cantaba, mi garganta se secaba, pero ¿Eso qué me importaba, si iba a ganar dinero? Soy demasiado ambiciosa, cantaba para seguir aumentando mi inmensa fortuna, pero ahora, ya creo que tengo lo suficiente para dejar de hacer esto.

La verdad es que ya no quiero cantar más.

Logré lo que mis padres querían, pero ya me cansé de hacerles caso. Ellos dejaron de trabajar cuando comencé a ganar dinero, y obviamente, ellos manejaban mis cuentas cuando era menor de edad.

Hoy, cumplí dieciocho años, la mayoría de edad, y voy a hacer lo que se me dé la harta gana con todo el dinero que adquirí en más de trece años.

Mis fans gritan eufóricamente ¡Feliz cumpleaños! Claro, ellos me aman y me idolatran, eso siempre me va a gustar.

Comienzo a cantar otra canción de mi amplio repertorio. Hacemos la coreografía con mis bailarines. Todo es perfecto.

Es hora del cambio de vestuario.

Mientras el grupo, que es telonero de mi show, hace lo suyo, me cambio.

Me pongo un simple jean, una blusa negra, que tiene cosas en diferentes colores. Mis ayudantes me peinan y me maquillan de nuevo, mientras tomo un poco de limonada, con un poco de tequila, para despertarme más. Entonces, viene uno de los chicos encargados del escenario.

Hago que todos mis asistentes salgan, porque tenía que hablar algo muy importante con él.

  • ¿Está segura de querer hacer eso? -preguntó él, nerviosamente

  • Claro que sí -afirmé

  • Pero, ¿Y si algo sale mal?

  • No lo creo, esto está muy bien planificado

  • ¿Y si me culpan por hacer caso a sus caprichos?

  • Para algo te pagué ¿No?

  • Sí, pero….

  • Pero nada. Todo está listo. Ahora, vete a hacer nuestro trato

  • Está bien -se rindió

Luego que él s fue, tomé un poco más de limonada, y respiré hondamente.

Estoy lista para mi acto final

Esa canción, era la favorita de muchos, y la que menos me gustaba.

La canción se acababa, y comenzaron a salir algunos fuegos pirotécnicos, que formaban parte del concierto. Estos me rodearon, al terminar la última nota alta.

Después, todos gritaban, pero no de emoción o de gusto, sino de terror. El escenario se había caído, y yo con él.

Había cambiado al último memento la coreografía, para que nadie más que yo saliera herido. Había pagado una cuantiosa fortuna al encargado de los escenarios, para que lo dañara en el momento justo, de la última canción.

Todos gritaban, y salían corriendo del lugar, pero al mismo tiempo, todos se preocupaban por mi ¡Qué tiernos!

No estaba muy herida que digamos. Me hallaba bajo los escombros de lo que había sido la pantalla gigante, en la que momentos antes, había salido el efecto de una explosión, y luego, se vio como caía el escenario.

No me preocupaba en lo absoluto de eso. No me importaba que estuviera rota la pierna, ni que un hilo de sangre bajara de mi frente, y llegara a mis ojos.

Sólo quería darles una lección a mis padres, y de paso, enterarme qué les importa más: el dinero que perderían con eso, o mi vida, la vida de su hija

¡El show se acabó! ¿O es que recién acaba de comenzar?

Bienvenidos a este nuevo original. Espero que a alguien le haya gustado esta historia. Si no es mucho pedir, pásense por Princesa de Looney City, mi historia que concursa en Más allá de la Magia. Comenten, porfa!!!!