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Historia 5123 — capítulo 11
Capítulo 11
James estuvo muy exaltado después de ese primer partido y ya se encargaron él y Sirius de mandarle recaditos a los de Slytherin, a los que se enfrentarían a la vuelta de las vacaciones de Navidad. Mientras tanto, Lily e Ian habían estrechado su relación y se los podía ver pasear por los terrenos cogidos de la mano. Definitivamente, estaba dispuesta a olvidar al buscador ya que las posibilidades de un reencuentro entre ambos eran cada vez más remotas. Él salía con Kate y ella no iba a esperar eternamente a que se decidiera a hablar, además, estaba muy a gusto con Ian. Lily quería empezar a referirse a James como su exnovio y sólo amigo de una vez por todas.
Llegó la noche de Halloween y hubo un ausente en la torre de Gryffindor. Remus había estado perdido y poco comunicativo unos días antes, así que pasó el 31 de octubre en la Casa de los Gritos bajo el aspecto de un temible hombre lobo.
Puede que él hubiese estado aullando y desgarrando trozos de comida sin darse cuenta de sus actos, poseído por la mente de un lobo furioso en cerrado en cuatro paredes, sin libertad. La rabia del lobo contrastaba con la alegría de tres jóvenes que salían del Gran Comedor; la luna llena, al contrario que al otro yo de Remus Lupin, era para ellos motivos de diversión.
- Cornamenta, ¿todo listo? – preguntó Sirius en el vestíbulo.
- Sí, Canuto, mi capa y nuestro mapa – dijo enseñando el Mapa del Merodeador, cuyo pergamino estaba como nuevo en ese entonces - ¿Tú también estás listo?
- Mi moto – respondió Canuto.
- Colagusano, ¿tus bolsas de piel de dragón? – dijo James.
-
Ups, las dejé en la Sala Común...
-
Ahh, ¡pues vete a por ellas! – replicó Sirius susurrando.
-
¡ Date vida! ¡¿No ves que ya está el imbécil de Snivellus husmeando por aquí?! Dijimos de tenerlo todo preparado antes de la cena.... – dijo desesperado James al ver que Peter no se movía.
Lily, Suzette y Jane fueron hacia el rincón donde estaban Sirius y James.
-
Supongo que hoy toca salir, ¿me equivoco? – preguntó irónicamente la novia de Canuto.
-
Claro, ya tenemos plan: nos metemos debajo de la capa invisible, nos transformamos, pasamos el Sauce Boxeador, vamos adonde está Lunático y luego vamos por ahí – respondió Sirius.
-
¡Que novedad! – exclamó Suzette aburrida de escuchar siempre lo mismo cuando había luna llena.
-
Shhh, baja la voz, está vez vamos a venir cargados... – comenzó James susurrando – Quizás pillemos algo de Honeydukes, Zonko o Las Tres Escobas para vender aquí.
-
¡Sois unos desconsiderados!. ¡cómo le vais a robar a la Señora Rosmerta con lo bien que os trata! – los reprendió Lily.
-
Ok, ok, en ese caso iremos a La Cabeza de Cerdo – sugirió James.
-
Oh sí, mejor... Tienen unas botellas de vino flameado y de whisky de fuego... – añadió Sirius.
-
Y Colagusano se puede meter por uno de los huecos de las ventanas...
Lily les lanzó una mirada asesina, estaba claro que no iba a permitir la venta de alcohol en el mercado negro dentro del colegio.
-
Vamos, Lil, tú ya lo sabes, además, has probado a veces de lo que traemos... – dijo el buscador de Gryffindor.
-
Y no te alarmes antes de tiempo... El alcohol es sólo para unos clientes selectos de quinto año en adelante.
-
Seremos unos chorizos capullos, pero no le venderíamos a los de primer curso.
-
Está bien, pero los negocios los hacéis en otra parte, no delante de mí. En serio, no sé cómo Remus os deja... Debería morderos...
Los dos se rieron.
-
Cornamenta, ¿qué dices?, ¿se lo enseño ahora? – habló Sirius tocándose el brazo izquierdo.
-
No veo por qué no, lo tienes curado... Joder, ¡¿este no viene o qué?!... – respondió James.
-
Jane, mira...
Canuto se remangó la túnica. Un dragón tragándose la cola estaba tatuado alrededor de su bíceps izquierdo.
-
Es la cosa más fea he visto en mi vida – juzgó la del pelo ondulado.
-
Agradece que no fue tu nombre – susurró Suzette ácidamente.
-
¿No te gusta?
-
Para eso nos dijiste que fuésemos yendo hacia Las Tres Escobas cuando fuimos a Hogsmeade. Por eso tardasteis tanto, ¡porque os estabais tatuando donde el señor Nakata en ese antro de mala muerte! Como James se tatúa, tu también, ¿no?
-
Eh, hay una pequeña diferencia... – se dejó oír James - ¿Canuto?
-
Es permanente, y si no te gusta, pues es tu problema; Nakata hizo un gran trabajo.
-
Canuto, te lo digo, te vas a acabar aburriendo. Tenías que hacer como yo con los tatuajes temporales. El pigmento mágico dura cuatro meses y luego puedes hacerte otro totalmente diferente y de cualquier tamaño que quieras en el sitio que te de la gana... – explicó Cornamenta.
-
Dije que si me hacía un tatuaje era para toda la vida como el que tiene el Profesor McGregor. Ese águila en el coco, ha sido mi inspiración...
-
Pero a él le sienta bien – contestó Jane, tocando el dragón de su novio.
- ¿Qué dibujo te hiciste esta vez, James? – se interesó Lily.
-
Un gryndilow.
-
¿Dónde? – quiso saber Suzette.
-
Aquí atrás... – el de gafas se tocó la espalda.
-
¡¿En la espalda?! – se extrañó Lily.
-
Sí, lo tenéis que ver, es enorme... – comentó Sirius.
La de los ojos verdes sabía de la afición de James por tatuarse, pero nunca se habría imaginado que llegaría a hacerse uno tan grande, al menos los que ella había visto eran de pequeño tamaño.
-
Eh, ¿dónde está Peter? – preguntó Suzette.
-
El muy cabezón se dejó parte del equipo arriba y ya llevamos ocho horas esperando por él – dijo James exagerando.
-
Ah, por ahí viene... – se dio cuenta Jane.
Llegó jadeando con las bolsas en la mano, pero no le dio tiempo a descansar porque ya se oía McGonagall llamando la atención para subir a los dormitorios. Black lo traspasó con la mirada...
-
Bien hecho, Colagusano, nos chafaste el plan... Ahora vamos a tener que subir al tecer piso y meternos por la Bruja Tuerta, ¡dando un rodeo del quince! No llegamos a donde Lunático hasta mañana...
-
Cálmate, tío, tómatelo con filosofía, por lo menos salimos en Honeydukes – James trató de tranquilizar a Sirius.
-
¡Qué consuelo! Joder, Colagusano, esconde las bolsas...
-
Cualquiera diría que eres todo menos una rata; ellas son discretas – ironizó Jane.
Suzette y Lily los dejaron porque ésta última tenía que supervisar la entrada de su Sala Común, y Jane fue con ellos, claro que ésta llegaría sola hasta la torre.
Noviembre corría igual que las rápidas gotas de lluvia desde las nubes al suelo. Remus ya estaba completamente recuperado pero ya no tenía a alguien a su lado: antes de ir a la Casa de los Gritos tuvo que romper con Rose Miller. Mantener el secreto de su licántropía le impedía estar con una chica durante más de un mes, de ahí su fama de rompecorazones, aunque a diferencia de Suzette, él tenía una razón.
James y Sirius tuvieron una pequeña tormenta entre ellos, porque habían planeado enseñar a montar en moto a Lupin y éste le destrozó la montura de cuero con sus garras, por lo que Canuto se puso hecho una furia y le echo la culpa a James por haber tenido la idea de subir al hombre lobo en su querida Harley Davidson. Se pasó las tardes de una semana yendo a la cabaña de Hagrid para repararla e, incluso, se saltó un entrenamiento. El guardabosques llegó a estar preocupado por su salud mental: “Dice que si le pasase algo a su madre y su moto le quedase inservible, lloraría más por la moto que por su madre”. Lily se reía, le parecía excesivo el amor de James por su cabalgadura.
El día 20 se levantó estornudando. Durante unos minutos, sentía cómo sus sueños se desvanecían acompañados de un molesto picor en la nariz causado por la bufanda de plumas marrones que Suzette estaba paseando por su cara.
-
¡FELIZ CUMPLEAÑOS! – exclamó sentada de rodillas en la cama de su amiga.
-
¡Atchís!...Gracias...¡Atchís!
-
Mírate, qué piltrafa estás hecha, ¡17 ya!
-
Atchís... Mira quién fue a hablar de vieja... – dijo Lily con voz adormecida y frotándose los ojos.
-
Esto es para ti – y le entregó el paquete que tenía a su lado
-
¿Qué es?
-
Ya lo verás...
Abrió el paquete y se encontró con un jersey de lana con los colores del arco iris. Se aventó a darle un abrazo a su amiga.
-
Muchas gracias. Es precioso, ¿lo hiciste tú?
-
Por supuesto, ¿qué te pensabas? – contestó la del mechón – Pero no creo que Diggle te deje llevarlo al examen que nos espera después del desayuno.
-
¡El examen! – Lily bajó a la tierra de nuevo.
En efecto, tenían un examen práctico de duelo con Ravenclaw ella se había pasado toda la noche anterior estudiando en la biblioteca. Cuando ocuparon su lugar en la mesa de Slytherin, Rosebud aterrizó cerca del tazón de Lily. Venía cansada y se apresuró a sacarle el paquete y las cartas con las que había cargado para darle un pedazo del bollo de leche que estaba tomando.
Natalie no se en esta ocasión con su regalo: una foto enmarcada de ellas dos sentadas en la fuente de Eros de Picadilly Circus.
Querida Lil,
¡Felicidades! Espero que te guste la foto, es la que nos sacó Pete el verano pasado, ¿recuerdas?. Yo ando un poco mal estos días, pero no te preocupes; es sólo una gripe de nada, ¡ya sabes cómo soy yo de friolera!
No eres la única que está como loca: entre las clases y el conservatorio no doy a basto y quieren que toque el piano en el festival de Navidad del instituto, ¡buf!, mándame algo de esos revitalizantes que tienes, por favor...
Me alegro de que hayas encontrado a alguien, aunque me apena que James y tú no estéis juntos de nuevo (¡cuál era el nombre de la tía ésa!, je,je). De todas formas, salúdalo de mi parte.
¿Tú estás un poco paranoica, no? Deja de comerte el tarro, fijo que es sólo una coincidencia lo del nombre.
Besos,
Natalie
Junto con la carta de sus padres venía el libro “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger. Ese correo aún dio más de sí pues también llegó la licencia del Ministerio para poder aparecerse.. Se trataba de un carnet de color púrpura con los datos de Lily.
Al terminar el desayuno, los demás se acercaron para felicitarla. Sirius, Peter y Remus le regalaron un juego completo de probetas para Pociones; Jane, una pluma de pavo real con su estuche de madera de pino; y James, para sorpresa de Lily por que no se participase por separado, un astrolabio con los nombres de los siete grabados en la base. Todo eso sin contar la cantidad de chucherías (seguramente mangadas de Honeydukes) que recibió.
Ella y Suzette subieron por las escaleras a toda pastilla para llegar a tiempo al examen cuando una mano se posó en su hombro parándola en seco.
- ¡Felicidades!
Se dio la vuelta, era Ian.
-
¡Hola! Creo que se me van a gastar las “gracias” de tanto darlas.
-
Oh, te pillo en mal momento, ¿verdad?
Lily hizo una pequeña mueca y asintió.
-
Pues, ¿qué tal si nos vemos en el recreo?
-
Claro.
-
Vale, buena suerte en el examen, entonces. – se despidieron con un beso en la mejilla y ella siguió adelante.
El Profesor Diggle estaba al fondo del aula vacía de mesas hablando, cómo no, con Snape que parecía disfrutar charlando con los profesores, aunque el tema no tuviera nada que ver con lo que se daba en clase. La fama de pelota se la tenía ganada pero, de entre todos los docentes, era con el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras con quien mejor se llevaba. Diggle, en más de una ocasión, ya le había dicho que era imprudente enseñar ciertas cosas que resultaban innecesarias para la formación de un mago cada vez que Snape le preguntaba en clase acerca de asuntos relacionados con la más difícil magia negra. Pero a nadie le sorprendía que hiciese preguntas de ese estilo; a Snape le chiflaban las Artes Oscuras.
- Muy bien, vais a colocaros con la pareja de duelo que yo diga y luego saldréis al centro cuando yo os llame – explicó Diggle con su voz grave – El primero al que pille lanzando maldiciones que no hemos estudiado queda automáticamente suspendido, ¿está claro?
No hacían falta palabras para decir que sí. El Profesor Diggle era tanto o más estricto que McGonagall, daba verdadero miedo cuando se enfadaba. Sus clases teóricas eran un poco pesadas por toda la materia que entraba, y para aprobar con él había que sudar. Sin embargo, era un buen profesor y había trabajado como auror antes de retirarse a enseñar. A Lily le tocó con Elle Vallon y a Suzette no le quedó otra que batirse con Chloe Wilkes.
-
¿Tú ves lo que me ha hecho? – se quejó a Lily indignada – La muy guarra me rajó la túnica con ese hechizo cortante que me echó; un poco más y me llega a la piel.
-
Ja, yo creo que si fuera por ella no se habría conformado con hacerte unos rasguños. La bloqueaste a tiempo para que no hiciera un puzzle contigo...
-
Porque estamos en el colegio y pasamos de líos, que sino... No me habría contentado con bloquearla... La hubiera aturdido como tú a Vallon o algo peor, ¡qué bestia!, estuviste rápida ahí...
-
No lo suficiente. Mira mi mano, la llamarada que me lanzó pasó rozando – explicó señalando una pequeño enrojecimiento en el costado de su mano izquierda, que era con la que sujetaba la varita.
-
Vaya... Mañana sabremos qué tal les fue a los otros. Nos vemos dentro de un rato, au revoir.
-
Au revoir – respondió Lily riéndose.
Mientras Suzette se dirigía a la clase de Estudios Muggles, ella bajó al cuarto piso rumbo al aula de Aritmancia en donde la esperaban tablas numéricas y códigos que descifrar. Cuando hubo terminado se volvió a encontrar con Suzette en el vestíbulo para juntarse con los demás pero Lily la tuvo que dejar porque Ian la estaba llamando desde los marcadores de puntos de las casas.
-
Ven, salgamos fuera...
-
Ian, ¿no ves que está lloviendo a cántaros?
-
Por eso mismo, tú sólo ven, confía en mí.
-
Está bien, vamos.
Salieron hacia los terrenos mojados de los terrenos con el agua entrándoles por los zapatos y con las capuchas puestas. De repente, el Hufflepuff dejó de caminar.
-
¿Qué es esto, Lily? – preguntó mostrando lo que tenía en la palma de su mano.
-
Una nuez – contestó levantando una ceja, ¿la había llevado afuera sólo para enseñarle un fruto seco?
-
Una nuez cultivada por mí durante dos largas semanas. Sé que no es mucho pero es todo lo que puedo ofrecerte – aclaró Ian un poco sonrojado.
Lily se dio cuenta y le dijo que no se preocupara, el hecho de que se hubiese acordado de su cumpleaños bastaba para ella.
-
Aunque me pregunto qué sentido tiene que me tome una nuez bajo la lluvia, ¿tú que opinas?, ¿entramos? – sugirió Lily temblando.
-
Pues que ésa que te he dado es un tipo especial que pierde consistencia con el agua, casi no tienes que hacer fuerza para partirla.
Lily apretó el fruto en su puño. Para su sorpresa, el interior de la nuez estaba helado. Levantó los dedos y supo a qué se debía ese escalofrío: una brillante pulsera de plata descansaba entre los trozos de la corteza. Lily estaba atónita.
-
¿Pensabas que era una nuez cualquiera? – sonreía orgulloso Ian.
-
La verdad es que me gustaba la idea... Pero esto es demasiado, yo... Gracias, pero no puedo aceptarlo – se excusó al tiempo que ponía la pulsera en la mano de Ian.
-
¿Por qué no? En serio, quédatela, la he hecho para ti– y le cogió la muñeca para atársela
Lily se resignó. Esa pulsera no era un simple regalo, significaba algo para lo que aún no estaba preparada de nuevo. ¿De verdad quería dar un paso adelante con Ian? Olvídalo, olvídalo, decía una vocecilla dentro de su cabeza. Lily cerró los ojos y le hizo caso.
- Será mejor que regresemos, o cogeremos un buen resfriado...
Parte del día siguiente lo compartieron juntos, pues Transformaciones era con Hufflepuff al igual que el tostón de Historia de la Magia. Por la tarde supo qué tal les había ido a sus amigos en el examen de Diggle, cuando fueron a clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. Al parecer, a Colagusano le había tocado con Ian, que lo dejó KO con un hechizo obstaculizador que lo llevó derecho a la enfermería; por eso, no estaba allí con ellos. “Fue mortal, a Cornamenta lo puso con Longbottom y estuvieron quince minutos, un duelo espléndido”, comentó Lupin, al que habían colocado con Dick O’Hara.
- Ja, pero gané yo... - ahora bien, no había salido ileso del duelo: lucía un corte al lado de la ceja. Frank Longbottom tenía fama de ser un excelente duelista – Y Canuto mandó a volar a Aarón Huston en un plis...
-
Y Jane dejó ciega a Josephine Parker por unos momentos – concluyó Sirius
-
Habría que ver a James y Sirius... – opinó Lily.
-
Buenooooo, yo creo que destruiríamos el castillo de las maldiciones que lanzaríamos. Parece que Diggle pensó más en el bien de la escuela antes que presenciar el mayor espectáculo jamás visto – dijo James con sorna.
-
Sois unos creídos; pensar que destruirías el castillo tan sólo dándoos de palos... – le espetó Jane.
-
Tenemos potencial, lo que pasa es que es demasiado para demostrarlo así como así, ya lo sabéis... – soltó Sirius.
-
Estáis como cabras, ésa es la cuestión – añadió Lupin sin oír lo último que dijo su amigo.
-
Y no tenéis conciencia – habló Suzette, muy entretenida dándole de comer una anchoa al pez de tres ojos dorados dentro del cubo que tenía enfrente de sí.
-
Canuto, somos unos incomprendidos – se autocompadeció James.
-
Sí tío, esta gente no merece que llenemos de diversión sus vidas ni compartamos nuestra sabiduría con ella.
-
Ja, ja, ¿ahora vais de gurús espirituales o qué? – ironizó Lily.
-
Algo parecido... Nos os acerquéis almas impuras si no sois dignas de tocar nuestros cuerpos – dijo James con voz solemne. Había hecho aparecer sobre su cabeza un turbante violeta y una larga y desaliñada barba blanca que le daban el aspecto de un yoghi hindú.
-
Ja, ¿ah, no? – respondió Lily.
-
No...
-
Pues qué pena...
Entonces la de ojos verdes le pinchó el hombro con la punta de la varita. Jane hizo lo mismo con Sirius.
- Ahhh, ¡nos habéis contaminado! – exclamaron los dos a la vez.
Todos estallaron en carcajadas de lo payasos que podían resultar. Era imposible mantener la concentración cuando el grupo coincidía en la misma clase, menos en Pociones en la que se sentaban separados por mesas.
- ¡Eh, vosotros! Quiero ver a esos peces reproduciendo huevos de oro antes de que acabe la clase, o sino os tengo aquí hasta la noche. – ordenó el Profesor Kettleburn, que por aquellos años tenía todos sus miembros en su sitio.
Malfoy, Snape y los demás les echaban miradas burlonas. Afortunadamente para todos, no tuvieron que quedarse hasta la noche, pero Sirius y James se ganaron un buen castigo para toda la semana barriendo las gradas del campo de quidditch, ya que entre los dos estiraron las orejas de Snape hasta el suelo para que “oiga mejor como nos echan la bronca”, según palabras de Cornamenta. A Snape le dejaron unas orejas más grandes que las de un Buda.
De vuelta a la mazmorra de Slytherin por la noche, Suzette se sentó en uno de los sillones a hojear sus apuntes de Pociones sobre los reservadores de energía (un tipo de pócima que impide el gasto excesivo de energía, muy útil en los viajes), mientras que Lily se disponía a redactar un informa sobre los riesgos de la Transformación humana. “Si McGonagall supiera, pensó y se le dibujó una sonrisa en la cara antes de escribir.
- ¿Te acuerdas si McGregor dijo que una dosis excesiva de grasa de unicornio en la poción te hace engordar 200 kilos de golpe? – quiso saber Suzette después de una hora.
-
Sí, se produce un sobreaumento de las reservas de energía... Se supone que con un mililitro ya llega porque es muy fuerte... El organismo reacciona mal si se traspasa esa cantidad – respondió casi bostezando – Oye, yo me voy a la cama, ¿te vienes?
- No, ve tú... Seguro que esto cae en los EXTASIS y veo que no lo tengo muy completo, la verdad... ¿Me dejas los tuyos, porfa?
-
Tranquila, no te agobies – dijo sacando sus apuntes de la bolsa colgada de su hombro – que la debe estar así soy yo con todo lo que me queda por hacer...
-
Gracias, Lil, te debo una... Buenas noches
-
No hay de qué, buenas noches – ya se alejaba de su amiga cuando vio a unos alumnos de segundo intercambiando cromos de magos a esas horas y los mandó la cama.
Iba a subir los tres escalones que daban a los dormitorios de las chicas, pero cambió de idea al ver algo a su derecha que le llamó la atención. Se trataba de un retrato situado a otro lado la sala, junto a tres estanterías de ébano. Un mago de cara alargada, cejas negras y barba gris ataviado con un sombrero marrón de pico y una túnica verde oscura se erigía sobre un montículo con expresión amenazante, varita en mano, acompañado de una legión de serpientes alrededor de la pequeña elevación y lo que se asemejaba a un pantano como fondo. No recordaba haber visto ese cuadro de Salazar Slytherin nunca antes en la Sala Común; había uno cerca de la entrada de la mazmorra, pero este era distinto. ¿Cuándo lo habían traído?
-
Tus sucios ojos no son dignos de admirar eso – dijo una voz arrastrada a su espalda.
-
Bueno, Malfoy, si no puedo ver esto, al menos me dirás cuando llegó aquí
-
Lo habrán traído los zoquetes de los elfos domésticos mientras estábamos en clases a las que tú no tienes por qué ir... Sólo sé que fue pintado por el más grande estudiante que Hogwarts tuvo jamás, así que no mereces contemplarlo.
-
Oh ya veo... Pues no debía ser muy inteligente: se olvidó de firmar – replicó Lily casi riendo.
-
Tal vez no quería que los que son como tú supieran de él, de la grandeza del mundo mágico en estado puro, ¿me has escuchado sangre sucia?. Puro...
-
Supongo que sabrás su nombre, ya que es tan, tan extraordinario – contestó con tono burlón.
-
Por eso mismo no te lo voy a decir, posee tanto poder que ni los más ilustres nos sentimos lo suficientemente confiados para llamarlo por su nombre, como para que las escorias vengan y lo hagan.
HOLA A TODOS!!! Me ha costado un montón mandar este capítulo, ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que actualicé... Espero que os haya gustado este capítulo y ahora que estoy de vacaciones a ver si no tardo demasiado con la continuación. Dejad rewiews!!! Un saludo, Drakita