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Historia 51360 — capítulo 3

Sybill, se sentó al final de la larga mesa de profesores. Miró la mesa, mientras los profesores comían tranquilamente. ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué seguía insistiendo en encontrarse allí adentro? No estaba conciente de lo que era, de lo que sentía. De lo que estaba por emprender. Estaba llena de dudas, que jamás creyó tener.

Dudas, que le dejaba a los designios de la vida.

  • Sybill. ¿Cómo te sientes?- escuchó al otro lado y notó, que Albus Dumbledore le estaba hablando. Suspiró, ligeramente inquieta. No sabía qué contestarle- Severus había dicho, que estabas gritando en tu despacho.

  • Era una pesadilla- miró alrededor de la mesa- ¿Dónde está Severus?

Está en su despacho. No se sentía bien y decidió quedarse allí dentro. El pobre, ha tenido dolores en las rodillas. Creo que Poppy tendrá que ayudarle nuevamente. Y creo que terminará perdiéndose un exquisito desayuno.

  • Se lo llevaré- dijo, de pronto. No pensó en la respuesta.

No pensó tampoco, si él se lo permitiría. Si le importaría. Se sentía confundida, solamente caminaba por que ya era una habilidad adquirida. El resto, le era desconocido.

Era como si pensara, sin sus profecías. Como si el sentido que le veía a las tazas de té, tuviera que buscárselo a la vida. Suspiró, llamando a la puerta del despacho de Snape, con mucho cuidado.

Escuchó un caminar lento, un par de quejidos y luego, la puerta se abrió frente a ella. La miró, ligeramente sorprendido. ¿Qué hacía esa mujer allí? Ella sonrió débilmente.

¿Qué podía decirle, a Severus Snape?

Severus...

  • ¿Sí? ¿Qué ocurre, Trelawney?

  • Traje el desayuno. Albus Dumbledore creía que... ¿Te duele mucho, la rodilla?

Será mi mártir, caminar como una anciana. Pero no me quejaré. ¿Ya fuiste a la enfermería?

  • ¿A la enfermería? ¿Para qué?

Estabas gritando y estás muy pálida. Deberías ir a la enfermería y revisarte.

  • Oh no, estoy bien. Además, quisiera hacer algunas cosas. Esta tarde, tenía planificado salir con Pomona.

  • Suerte que tienes- dijo con desdén, tomando la bandeja y cojeando hacia su escritorio. Sybill lo miró, mientras se sentaba en su escritorio y miraba la bandeja de comida, que ella había traído hasta allí.

Se quedó parada en la puerta, incapaz de moverse. Severus le daba la espalda y estaba muy ocupado en encontrar una postura, que no afectara sus dolencias. A pocas semanas, le quedaba aún, una rehabilitación dificultosa.

Y no solo física, sino mental.

  • Severus...

¿Qué?- dijo él, volviéndose para mirarla. Trelawney meditó por unos minutos y luego suspirando, decidió continuar con lo que estaba pensando.

  • ¿Puedo pedirte un favor?

Miró el sobre y meditó. Lucía muy antiguo y era muy probable que ya no viviera en esa dirección. Mientras meditaba, Sybill trataba de recordar algún aspecto claro sobre su amiga.

Pero nunca tuvo tiempo de verla. Casi nunca. Una vez en su trabajo, se olvidó de todo lo demás. Y justamente en ese momento quería recuperar una vida que estaba perdida.

  • Tendrías que regresar hasta ese lugar y averiguar algo sobre ella.

  • No sé si se encontrará all. Quizá debería desistir. Es probable que hasta pueda haber fallecido...

  • Encontrarla, no ha de ser tan complicado- dijo Snape, con desdén- simplemente prguntar por su nombre. ¿Cuántas personas así, pueden haber?

  • No lo sé. Pero creo que desistiré. De todas formas, perdimos el contacto- dijo, con un suspiro lastimero. Severus hizo un chasquido con la lengua y miró la carta, con fijeza.

  • Les ayudaré a encontrarla. Dado que prefiero morir en otro lugar, que no sea donde hayan tantas escaleras que subir y bajar.

Severus, tus piernas no funcionan lo suficiente.

  • No tiene importancia. Todo fue y será, un impedimento para mí.

No supo qué contestarle.

Miró a través de la ventana de su despacho y suspiró, nuevamente. En realidad, solo quería encontrar un vestigio de su vida pasada. De lo que una vez significó Sybill Trelawney. Ya que no estaba educando, que no podía leer profecías ni encontrar paz en su mente, pues quería mudarse a su memoria.

Ya que todo era como debía ser, era mejor marcharse.

Empacó nuevamente, sus cosas. Se lo diría a Albus, al anochecer. Encontraría a su amiga y luego, se iría muy lejos.

A reorganizar su vida y a continuar, la que abandonó.

Apenas podía recordar algunos fragmentos. Buenos, por supuesto.

- ¿Albus Dumbledore, te ofreció trabajo? Eso es un gran honor- confesó una mujer de largos y gruesos cabellos negros y pequeños ojos azules, como los pequeños ojos de un cerdo.

- Sí. Me iré esta noche.

- ¡Oh, me aseguraré de no perder el contacto!- dijo, levantándose y dejando su taza de té en la mesita del salón- Espera.

Tomó un pequeño sobre y escribió allí, la dirección. Sybill sonrió, mirando la indicación. No deseaba perder el contacto con su amiga, no deseaba que solo terminara en cartas.

- Gracias, has sido muy buena conmigo- dijo y la mujer sonrió suavemente.

- Eres una gran mujer, Sybill. No lo olvides.

¿Dónde estaba esa gran mujer?


Dumbledore miraba el atardecer, desde la torre de astronomía. Ella tenía que hablarlo. Pero hasta ese día, seguía temiéndole a las decisiones equivocadas. Cerró la puerta de su despacho y eso, hizo que Albus Dumbledore le prestara atención.

  • Sybill. ¿Estás bien? Comienzo a preocuparme. Luces decaida.

  • Lo siento Albus. Pero creo que ya no puedo ser lo que era antes. No puedo predecir, no puedo mirar el futuro. ¿Qué sentido tiene; que permanezca en este lugar?

  • ¿Quieres irte?

  • ¿Qué puedo hacer?- dijo y Albus, sonrió. Feliz.

  • Podrías, comenzar otra vez.

  • No puedo enseñar. ¿Qué podría hacer?

  • Sí puedes enseñar. Pero tienes que volverlo a intentar, Sybill- resolvió Dumbledore, caminando hacia las escaleras- ¡Ah, Severus! ¿Qué haces aquí arriba? ¿No te molestaban las rodillas?

  • Buscaba a la profesora Trelawney- dijo y la miró- le tengo noticias sobre su amiga.