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Historia 51399 — capítulo 1
MI GUARDIÁN
Termine de encenderla ultima vela. Mi habitación se iluminaba tenuemente con las luces, era perfecto.
Me senté, cerré los ojos y respire profundamente.
Vacié mi mente de cualquier pensamiento, concentrándome. En el momento que creí idóneo, murmure: -"Vor mir stehen, Schutzengel"-
Los segundos pasaron.
Nada, de nuevo.
¿Qué estaba haciendo mal?
Tenía que lograrlo, no debía rendirme.
El golpeteo de la lluvia contra mi ventana me despertó, y no me dejo dormir nuevamente, así que me resigne y me dispuse a iniciar mi rutina de todos los días de clase.
-Madrugaste- dijo mi madre en cuanto baje.
-La lluvia me despertó-
Ella rio.
Tomo unas rebanadas de pan, y se dirigió al tostador.
Estaba a punto de conectarlo, pero soltó el cable repentinamente y se alejo unos pasos.
Después, hubo un destello seguido de un ruido ensordecedor.
El rayo seguramente había pasado muy cerca de casa.
-¿Estás bien?- pregunte preocupada.
-Sí, estoy bien, Leila. Qué bueno que Haheuiah se dio cuenta del peligro.-
-Si- conteste.
Me levante, y me dirigí a la puerta.
-¿No vas a desayunar?-
-Se me hace tarde- respondí, tome un paraguas y salí de casa.
Haheuiah era el ángel guardián de mi madre, por lo cual solo ella lo podía ver y oír.
Todos tenían un ángel guardián.
Cuando nacías, uno era enviado para cuidarte, y guiarte. Este se presentaba ante la familia, y después, permanecía invisible, hasta que su niño cumpliera 5 años, e hiciera el ritual respectivo para verlo.
L a mayoría lograba ver a su ángel después de intentar el ritual 15 veces, pero todos lo lograban antes de los 10 años. Y yo tengo 18, y aun no lo consigo.
-¡¡¡¡LEILA!!!!-
Volteé, y me encontré Anne
-Al fin te alcanzo, caminas demasiado rápido ¿Te enteraste? …-
Anne siguió parloteando hasta que llegamos al colegio.
Se despidió de mí para irse a su salón, mientras seguía hablando con su ángel.
-¡Pero si es la chica fenómeno!-
Me di la vuelta para encarar a Jason.
-No podre ver a mi ángel, y tampoco escucharlo, pero al menos no soy un asco de persona-
-¡Uy, no sabes cuánto me dolió tu comentario!-empezó a reír sarcástico.
Me aleje de él, ignorando sus palabras.
Todo ese día me la pase como siempre: escuchando lo que decían los profesores, recibiendo las burlas de Jason, escuchando el parloteo de Anne.
La rutina de siempre.
Mi madre trabajaba todo el día, así que no la veía hasta el anochecer. Y como era hija única, estaba sola en casa.
Busque en la cocina algo de comida.
Mientras cortaba las verduras, escuche la puerta abrirse.
-Hola Leila- salido mi madre.
-Aun es temprano- comenté
-Nos dieron la tarde libre.- mi madre entro a la cocina. -Mmm, que rico huele.-
-Gracias- dije al tiempo que colocaba el resto de las verduras en el guiso.
Revolví, y probé.
"Le falta algo de sal" pensé mientras buscaba el salero.
Me dirigí al estante, y tome el botecito.
Pero no recordaba que el estante estaba flojo, y cuando menos me di cuenta, vi una lluvia de vasos y platos de porcelana dirigirse hacia mí.
Instintivamente, me cubrí la cabeza y cara con mis brazos, pero no llegue a sentir los golpes. Con temor, descubrí mi rostro y vi como los platos y vasos regresaban a su lugar, y como el estante se reparaba.
¿Mi ángel me salvó?
-Gracias Haheuiah- la voz de mi madre sonaba aliviada.
-¿Fue… Haheuiah?-
No espere la respuesta de mi madre. No necesitaba que me confirmaran lo que ya sabía.
Salí corriendo de la cocina, y me dirigí a mi habitación.
No quería llorar, pero no podía evitarlo. El accidente en la cocina era la dura comprobación de lo que no quería aceptar: Yo no tenía un ángel guardián.
¿Cómo esperaba ver algo que no estaba ahí?
Me sentía completamente tonta por todo el tiempo que había invertido en fortalecer mi energía y mi concentración para lograr ver a mi ángel. Pero sobre todo me sentía furiosa, porque no tenía uno.
Oí a mi madre acercarse.
-Leila…-
-¿Qué hice?- solloce -Incluso los asesinos tiene un ángel, ¿Por qué yo no? ¿Qué hice para que me abandonara?-
Mi madre solo acaricio mi cabeza, y la oí suspirar.
-Hay algo que tengo que decirte, Leila.-
Me senté, y mire a mi madre.
-Sabes que, cada que nace un niño, sin importar sus raíces, siempre se presenta el ángel guardián ante la familia.- asentí, sin entender a donde llevaba eso- El día en que naciste- continuo mi madre- No sucedió eso. Ningún ángel se presento ante nosotros.-
Mis ojos se llenaron de llenaron de lagrimas nuevamente. Jamás había tenido un ángel guardián.
Me desperté con un dolor de cabeza terrible. Había llorado hasta el sueño.
Qué bueno que era sábado.
Me quede acostada, recordando lo que mi madre me había dicho.
Comencé a llorar otra vez.
Sabía que no arreglaría absolutamente nada con solo lamentarme, pero no podía dejar de hacerlo.
Me sentía completamente miserable.
-¿Qué es lo que hice para no merecer un ángel?- murmure entre lágrimas
-No deberías llorar por eso-
No era la voz de mi madre.
Esa voz era melodiosa, extraterrenal. Dirigí mi mirada hacia el dueño de esa voz.
Un chico estaba parado en medio de mi habitación. Su cabello era de un intenso negro, contrastando con su piel blanca. Las facciones de su rostro eran simplemente perfectas. Mi mirada se dirigió a su espalda, y me sorprendí al ver sus alas: eran oscuras y membranosas.
Me senté de golpe en mi cama.
-Un… demonio- susurre.
-Esa no es forma de tratarme, Leila. Deberías ser más cortes- sonrió. -También es un gusto conocerte. Eres más de lo que imagine. -
-¿De qué hablas?-
-Tu poder Leila, es asombroso para un mortal. ¿Sabes que podría hacer con eso? Podría poner el mundo a mis pies, crear un nuevo orden. -
-No pienso ayudarte- dije fingiendo valor
-¿Piensas resistirte? ¿Pedir ayuda? Ni el ángel que debería cuidarte pudo conmigo, niña. Y hablo de Gabriel-
-¿Gabriel? ¿Qué le has hecho?-
-Es… mi huésped forzado-
-Libéralo- le exigí
El demonio sonrió.
-Una niña me ordena que libere a alguien que libre será un problema para mí. Déjame pensarlo… no. ¿Qué piensas hacer al respecto?-
¿Qué hacer?
Enfrentarme a él era una locura, más si había derrotado a Gabriel.
Solo me quedaba una opción. Escapar.
Salí por la ventana, y como pude, escale al techo.
En cuanto llegue al teco, el demonio me esperaba aburrido. No había sido un buen plan.
-Vaya, eres más valiente de lo que pensé, pero muy tonta. No puedes huir de mí-
El comenzó a acercarse, y yo a retroceder.
Después de unos pasos, el techo se me acabo.
Ya no tenía a donde huir. Lo único que me quedaba era saltar.
Y lo hice.
Mientras caía, me arrepentí de haberlo hecho. La altura no era mucha, pero me lastimaría lo suficiente como para estar unos largos meses en el hospital. Y ahí, no podría huir de él.
Cerré los ojos, esperando el dolor que sentiría al chocar con el piso.
Pasaron 3, 5, 50 segundos, y no llego. ¿Qué tan alta era mi casa?
Abrí los ojos.
Me encontraba en el techo, en brazos del demonio.
-¡¿Estás loca o qué?!- casi grito mientras me bajaba - ¡estoy siendo amable contigo, y tú decides suicidarte!-
-¡Y que te interesa si me mato o no!- le grite
-Por mi matate- su voz era más calmada- pero desgraciadamente te necesito viva. Ocupo tu poder, ¿recuerdas?-
-Primero muerta, antes que ayudarte- susurre, y salte de nuevo.
Nuevamente no me impacte contra el suelo. El demonio me atrapo antes de eso.
-¡¡Suéltame!!-
El me dejo en el suelo.
-Hagamos un trato. Estas empeñada en matarte y no ayudarme, así que lleguemos a un acuerdo. ¿Qué quieres a cambio de dejarme usar tu poder?-
-No voy a hacer tratos contigo- dije, y le di la espalda.
-Mira niña- me obligo a darme la vuelta- deberías agradecer que soy yo son quien estás hablando. No pasara mucho tiempo antes que otros se enteren de lo que puedes hacer, y vendrán tras de ti. Y ellos no pedirán tus servicios tan amablemente como yo. Así que qué prefieres, ¿hacer un trato que nos convenga a los dos, o esperar a que otro demonio te atrape, y te obligue dolorosamente a cooperar?-
Ninguna de las opciones era buena. Las dos terminarían con caos y destrucción segura para el mundo, solo que una seria más dolorosa que la otra, para mí. A menos que…
-Si liberas a Gabriel, te ayudo-
-¿Otra vez con eso?- dijo con cara de fastidio.
-Es mi precio, demonio. Tú liberas a Gabriel, y después te doy mi "Poder"-
-Está bien- dijo finalmente. -Y llámame Morohtar.
Entro en la casa, mientras lo seguía.
- Busca lo que necesites, nos vamos-
-¿Qué? ¿A dónde?-
-¿Crees que traigo un ángel en mis bolsillos? Iremos a donde lo tengo hospedado. Es un largo camino.-
-Pero…- dije, dudosa si continuar o no
-¿Y ahora qué?-
-Mi madre-
-Yo escribo la nota, tu busca trae tus cosas-
Asentí y me subí a mi cuarto, busque un bolso y guarde lo que creí necesario.
Poco tiempo después salimos, dejando la nota en el refrigerador.
-Hace rato-comente tímidamente rompiendo la monotonía del ruido del motor -dijiste que otros vendrían por mí. ¿Por qué?-
-¿Has escuchado hablar de La Piedra Dragón?-
Negué con la cabeza.
-La Piedra Dragón es una gema capaz de cumplir cualquier deseo. -Comenzó a explicar el demonio- Algo así de poderoso no está al alcance de cualquiera. La gema es protegida por un hechizo poderoso, un hechizo hecho por los ángeles que solo puede ser roto por un ángel o un mortal. Pero los mortales no soy tan poderosos para lograrlo por si solos.-
-¿Entonces…?- dije sin entender en donde encajaba.
-Cada 11 mil años se alinean los planetas. El evento ocasiona interferencia con los poderes de los ángeles, por lo que el hechizo se debilitara, haciendo posible que un mortal con poder suficiente logre romperlo por un momento-
-¿Y si mi poder no es suficiente?-
-Has estado 13 años entrenando para poder convocar a tu ángel, además que naciste con un poder muy superior a todos los mortales. Sera sencillo de hacer-
El resto del viaje no hablamos. Iba pensando en sus palabras. ¿Una gema que concede cualquier deseo?
El final de todo esto no sería nada bueno.
Nuestro destino resulto ser una hermosa mansión.
Morohtar me guio por los pasillos, hasta que llegamos a la biblioteca. De ahí, bajamos por una puerta escondida a una habitación ubicada bajo el edificio.
Aunque la casa me parecía completamente normal, a la habitación a la que llegamos no lo era: estaba llena de demonios, todos ellos observando a un ángel encerrado en una especie de burbuja.
-Fuera- ordeno Morohtar, y los demonios le obedecieron.
Cuando el ultimo demonio salió, me acerque a la burbuja, y al oír mis pasos, el ángel levanto el rostro y me miro.
Se veía algo demacrado por las condiciones en las que estuvo viviendo: su cabello castaño-rubio estaba enredado, sus ojos verdes se veían sumamente tristes, su rostro pálido por falta de luz, y sus ropas más bien eran harapos. Sin embargo, él seguía siendo muy hermoso.
Acerque mi mano a la burbuja, con la intención de romperla y liberarlo de ahí.
-¿Qué haces?- Morohtar detuvo mi mano antes que tocara la burbuja
-Liberándolo-
-No es tan fácil. Si la hubieras tocado, ya estarías muerta. Deja que lo haga yo-
Aleje mi mano, y deje que el demonio se encargara.
El cerró los ojos, y empezó a murmurar rápidamente lo que supuse que sería el hechizo de liberación. Unos segundos después, la burbuja se reventó.
Después, coloco una mano cerca de su frente. Nuevamente cerró los ojos, y segundos después, una marca invisible brillo, para después desaparecer.
-Bien, ya libere a tu ángel, ahora, vámonos- dijo Morohtar
-¿A dónde?- cuestiono Gabriel
-A liberar la Piedra Dragón. Hice un trato con Leila- contesto el demonio.
-¿Hiciste un trato con él?- Gabriel me miro.
Asentí.
El ángel me miro serio.
-Hacer un trato con un demonio es lo peor que puedes hacer, Leila. No puedes romper la promesa.-
Genial.
Otro de mis brillantes planes se iba por el caño.
Tenía la esperanza que Gabriel se encargara del demonio, para no cumplir con mi parte del trato. Y hubiera sido perfecto de no ser por esa pequeña clausula desconocida para mí.
-Vámonos Leila- dijo enfadado Morohtar -tenemos un vuelo que tomar-
Miraba el techo de la habitación del hotel sin poder dormir.
Si alguien me hubiera dicho semanas atrás que viajaría a una ciudad alemana en compañía de un ángel y un demonio a convocar la destrucción del mundo, la habría tachado de demente.
Pero, desgraciadamente era mi cruel realidad.
Había viajado a la ciudad de Schluchsee, en compañía de Gabriel y Morohtar, y mañana seria el día de la alineación.
-¿Gabriel enserio no hay forma de que impidas que Morohtar tome la gema?- pregunte en un susurro.
-Prometiste que lo ayudarías a obtener la gema, así que no puedo intervenir-
Suspire. Por más que preguntara la respuesta no cambiaria. Ahora solo quedaba ver qué sucedería mañana.
Morohtar toco mi puerta antes de las 6:00 AM. Después de arreglarme, salimos del hotel.
Estuvimos caminando por la orilla del lago hasta que nos alejamos de la ciudad y nos fuimos adentrando al bosque. Morohtar sabía bien a donde nos dirigíamos, ya que no dudaba a la hora de dar vuelta en un lugar.
Después de casi una hora de caminata, entramos a una cueva que no había visto hasta que Morohtar entro. Era una especie de templo antiguo subterráneo, con inscripciones en las paredes, y en el centro del piso, un círculo de runas dibujado.
-Ya casi es hora- murmuro Morohtar. -Párate en el centro del círculo-
Obedecí al demonio.
-Y ahora, ¿Qué hago?-
-Cuando llegue la hora lo sabrás-
Los minutos pasaron, y fui sintiendo un cambio en el ambiente.
Después, el círculo comenzó a brillar.
Fue como Morohtar dijo, sabía qué hacer. Cerré los ojos, despeje mi mente, y como si me hubieran dado una señal, comencé a recitar:
- "Die Wächter des Himmels sind versteckt für elf-tausend Jahre lang Heute fällt der Zauber mit meinen Worten Kommen Sie und lernen Sie Ihr Schicksal Kommen Sie und meine Wünsche zu erfüllen
Komm zu mir, Stone Dragon"-
Abrí los ojos, y frente a mí, se encontraba una gema de color turquesa. La tome con cuidado, y salí del circulo.
-Gracias por obtener la gema niña-
Esa no era la voz de Morohtar.
Me di la vuelta, y me sorprendí al ver otro demonio.
-La roca niña- dijo
-Esa gema me pertenece, Taurion - intervino Morohtar
-Que lo decida la niña.- Taurion me miro. - Hagamos un cambio. La roca… por ella- dijo mostrando a mi madre.
El rostro de Morohtar se tenso, al igual que el de Gabriel.
-Yo…- mire a Morohtar- lo siento-
Me acerque a Taurion, con la intención de darle la roca, pero me detuve, al ver que Gabriel se lanzaba hacia él.
-¿Qué haces?- dije
-Debes cumplir con tu promesa- contesto mi ángel, mientras esquivaba la espada de Taurion
Me encontraba estática en mi lugar, sin saber qué hacer.
Al empezar la pelea, Taurion había dejado a mi madre en el piso. Parecía desmayada, así que me acerque a comprobar que se encontraba bien.
Toque su rostro. Estaba congelado.
-Mama- dije mientras la movía- ¡mama!-
Deje la roca a un lado, y seguí sacudiéndola.
Pero no me serviría de nada.
No quería aceptar que ella estaba muerta.
Una lagrima se me escapo.
Sentí la presencia de alguien a mi lado. Morohtar solo la vio, y no dijo nada. Después, tomo la gema.
-Has cumplido tu promesa.-
Morohtar cerró los ojos.
Un brillo inundo la cueva, deteniendo la batalla entre Gabriel y Taurion.
Un deseo había sido formulado.
Jamás me había sentido tan bien en el techo de mi casa observando las estrellas como ahora, solo con la compañía de Gabriel.
-Tenemos visita- dijo el ángel levantándose de mi lado.
Lo imite, y me encontré con Morohtar.
-¿Qué deseas?- pregunto Gabriel.
-Solo quiero hablar con Leila, a solas.-
Gabriel me miro, y yo asentí, por lo que se desvaneció dejándonos solos.
-Al fin tienes a tu ángel guardián.- dijo
-¿Por qué…?-pregunte ignorando su comentario-Gabriel me dijo que después de conceder un deseo, el hechizo vuelve a la gema, y tendrías que esperar 11 mil años para convocarla nuevamente. ¿Por qué resucitaste a mi madre? ¿Por qué no pediste tu deseo?-
-¿No estás feliz porque tu madre está viva?-
-Sí, pero no entiendo porque tu…-
Morohtar suspiro.
-No tenia caso pedir mi deseo si dejaba a tu madre muerta-
Lo mire sin comprender.
El demonio cerró los ojos, como dándose valor. Después de unos segundos, los abrió y me miro.
-Quiero ser humano y estar junto a ti, Leila. Mi deseo es hacerte feliz, y no lo podría lograr sabiendo que fui un egoísta. Tu madre es la única familia que tienes, y yo no te quitaría eso. Te amo demasiado como para hacerlo.-
-No necesitas ser humano para estar junto a mí…- dije abrazándolo.
-No está permitido. Gabriel no me dejaría acercarme…-
-¿Ya terminaron?- la voz de Gabriel nos sobresalto -Tengo algo importante que decirte Leila. Ya que todo esto termino, no es necesario que yo te vigile, pero no hay un ángel disponible para cuidarte. Así que… encárgate de Leila, Morohtar. Yo le aviso al jefe-
Y dicho esto, el desapareció.
-Espero que eso haya sido un visto bueno- dijo Morohtar
Le sonreí.
No tenía un Ángel guardián, y jamás lo tendría. El era más que suficiente.
-Me alegro que seas mi "Demonio Guardián"- murmure, antes de besarlo.
FIN