← Historia 51569 · de
Historia 51569 — capítulo 9
El viento de la tarde,juega con su cabello largo y sedoso,que se muestra rebelde,como del mismo modo es su corazón.
Aún falta para que la noche se declare soberana,y el fresco del otoño se robe el paisaje.
Los árboles del inmenso jardín,le devuelven una belleza amarillenta a sus pupilas,en pinceladas de hojas secas que danzan a merced de ese aire que las vuelve sus esclavas.
Todo el ambiente que enmarca su mirar,es una perfecta armonía de tonos,aromas y sensaciones de ocre y atardecer.
Pronto cumplirá doce años,y ya sabe muchos secretos que otros niños ni siquiera imaginan,o que intuirán más adelante.
Sabe que puede lograrlo,que lo que ha aprendido escuchando conversaciones,espiando a sus padres,o escabulléndose por los pasillos de la escuela,siempre se le taducirá en beneficio.
Especialmente esa tarde.
Contempla de lejos la escena,y se va acercando lentamente.
Sabe como hacer para que nadie note sus pasos.Para que no lo obliguen a atarse el cabello,o que le ordenen que entre a su residencia,con el argumento de que ya está algo grandecito,y le recuerden que debe comportarse, cuando los mejores amigos de sus padres llegan a hospedarse por algunos días.
Una manta tendida en el césped, protege a un ángel de la humedad de la hierba.
Una nana la acompaña sentada a su lado,mientras sus padres conversan en una lujosa mesa de hierro,dos metros más adelante.
Se acerca sabiendo lo que hace.La mujer que debe cuidar el tesoro, nunca lo verá.
Nadie se dará cuenta de que él se apropiará de algunos instantes.
Toma asiento junto a la niña,que manipula pequeñas muñecas de porcelana,y lo mira a los ojos azules violáceos,sonriendo luminosa.
Apenas ha cumplido un año de vida,y sin embargo maneja unos niveles de dulzura que estremecen su corazón de niño,que admira ese rostro,mientras lo acaricia con delicadeza.
Ella le devuelve más sonrisas,mientras a él se le llenan de lágrimas esas pupilas raras y cambiantes.
Es preciosa.Una hermosísima criatura,que desde su inocencia lo invita a compartir sus muñecas,mientras los oídos de él,de repente, pierden la conexión con esa magia emanada de la pequeña Tylah,hija de Aixa y Rufus,los mejores amigos de sus padres.
Ya no puede seguir enterneciéndose con esas manitos suaves como algodón.Se distrae con lo que oye.Es más fuerte su curiosidad,y luego de besar la frente de la princesita de las muñecas,deja su lugar junto a ella,y se acerca a los adultos,alrededor de la mesa de hierro.
-Esta niña ya está predestinada,hemos pronunciado el conjuro de los corazones unidos...Es Ryan II...él es el elegido.Es algo mayor,pero como sabrán queridos amigos,la predestinación desconoce barreras de tiempo y distancia...aunque...-los ojos de Rufus se nublan por una extraña pena repentina.
Rufus no puede seguir hablando.Siente como padre un nudo en la garganta,mientras Aixa cambia de tema,y la charla de viejos conocidos toma un matiz más superficial.
-Es Ryan...-resuenan las palabras en su cabeza,mientras su travesura se torna triste.
La tarde agoniza,la nana toma a la pequeña entre sus brazos,y se acerca a su madre,quien la recibe entrañablemente,con los ojos emocionados que él ve desde lejos.
Los mayores ingresan a la propiedad antes de que el clima se torne hostil,mientras él se ata el cabello,entraza sus finas ropas,y se une a ellos como el más obediente de los hijos.
-¿Dónde estabas Jethro?.Sabes que no quiero que estés deambulando por los jardines ni que te alejes de la casa.-le advierte su madre.
-Estuve cerca mamá.-dice con su verdad más absoluta.
-Es linda la niña...
-Preciosa sí...-dice su madre abrazándolo mientras todos buscan el calor de la amplia sala y esperan la cena.
-Esa niña...que falleció...será que no fue así...será que las leyendas son ciertas, será que tan solo vive en otro mundo después de todo...que lo que se dice en torno a ella es cierto...la cara de Aixa...ah...estoy alucinando...
-Bruno...Bruno....lo llamó Ryan por cuarta vez.
Él y Clarissa ya se iban para el salón,mirándose muy cordialmente,cuando Jethro se había quedado pensativo,habiendo detenido sus pasos.
-Perdonen,ya estoy con ustedes.Solo creí que había olvidado algo,pero no fue así.Tengo una buena memoria después de todo.-respondió sonriente,aunque en su interior guardaba una inquietante sensación de nostalgia.
Ese otoño había llegado hasta él desde los dominios del pasado y la niñez,sometiéndolo a una emoción ataviada de hojas secas y perfumes de hierbas.Había sentido todo en su piel masculina,en ese momento deseosa de cruzar el puente de luna y llorar su rara emoción en otro marco que no fuese aquel,tan inapropiado para lo que estaba sintiendo.
Contempló como la profesora de teatro,guardaba en sus pupilas verdes y miel,algo de aquella pequeña que había adornado el jardín con más belleza que la naturaleza misma.
Estudió en detalle las miradas de Ryan,escrutando su interior,y aunque no podía leer su mente,la forma de depositar sus pupilas del color de aquel otoño en esa mujer,lo llenaban de una perturbadora confusión,no así de certezas.
-¿Vienes Bruno?-dijo Clarissa sonriéndole con la misma familiaridad que le había demostrado desde el primer minuto,mientras sentía a la vez,como el profesor Ian del Castillo,por alguna extraña razón,la había hecho sentir muy cómoda.
-Ya voy,le respondió bajando a la realidad,mientras la escena de otoño,se retiraba en derrota,en aquel marco adverso,de esa tierra indiferente.
-Les aviso que solo los voy a guiar para que sepan como nos veníamos manejando con mi compañero.No voy a poder trabajar estos días.
-Que pena.-dijo Ryan,con unos enormes deseos de hacer visible su emoción,y reprimiendo ese amor de años,guardado en su profunda esencia.
-¿Y si te necesitamos?-dijo Jethro por su parte en tono risueño,para expulsar al recuerdo de aquella niña,que le daba ganas de llorar.
-Para eso están los teléfonos Bruno.-respondió ella,sin saber que sus interlocutores no tenían la menor idea de a qué se refería con esas palabras.
-Claro.-contestó sabiendo que lo esperaba una nueva materia de estudio.
Los tres ingresaron al salón de las cátedras,mientras la magia permanecía oculta,esperando el momento preciso para manifestarse.