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Te quise olvidar — capítulo 12
Llegamos al hospital, más tarde de lo pensado, ya que dormí por largo rato, pero cuando llegue al hospital entendí que todo estaba igual, la única diferencia, era que Dorian estaba sentado con un vaso de café.
En cuanto me vio, me sonrió, como tratando de infundirme animo, pero él estaba peor que todos los presentes, no podía estar tan mal ¿cierto? pero nadie afirmaba aquello.
-Le-le
- esa voz fue de Amanda - mi abue, dice que tienes que desayunar.
-No, gracias - susurre - estoy bien.
-No tienes nada en el estómago - me reprocho Jake.
-No tengo hambre - repuse con indiferencia - pero ve tú.
-Si tú no comes, yo tampoco - se cruzo de brazos y se sentó a mi lado.
-¿Bromeas?
- lo observe con una ceja levantada - tú no puedes dejar de comer, tu enorme cuerpo necesita mucho alimento.
-Pues ya dije - ni siquiera me miro - comeré hasta que tú lo hagas.
-Te estás comportando como un niño berrinchudo - le espete - pero está bien muérete de hambre.
-Son peor que novios - nos reprocho Amanda - pero tú comerás, así tenga que darte en la boca.
-No tengo dos años - replique.
-Vamos Leyna - los ojos verdes de Amanda se clavaron en los mío - no me hagas que te trate como una bebé.
-No me pasa nada - susurre - no entiendes, mi madre está ahí dentro - señale una puerta - debatiéndose entre la vida y la muerte ¿Y me pides que coma?
-Nana
- Jake me abrazo - sé que Alice debe estar enojándose, porque su pequeño ángel no quiere comer, y ella no debe enfadarse, es por eso que tú y yo iremos a comer. Y no voy aceptar un no por respuesta.
Suspire derrotada, contra esa respuesta, no podía negarme, Amanda me tomo de los hombros y me empujo hacia la cafetería, en cuanto llegue, mi estómago se revolvió Jack estaba en la mesa de la esquina con el brazo enyesado y unos cuantos golpes, pero estaba bien.
No sé en qué momento camine hacia él y mi puño se estrello en su mejilla, las lágrimas salieron, estaba por soltarle el segundo, cuando unos brazos me lo impidieron.
-Tú deberías ser él que debería estar en coma - las lágrimas no me dejaban verlo claramente - tú desgraciado, no mamá, te odio idiota, no sabes cómo te desprecio, pero te prometo que esto me la vas a pagar.
-Leyna
- no me interesaba esa voz, yo quería a mamá y por culpa de ese idiota no estaba - suéltala - repuso a la persona que me sostenía, pero en cuanto deje de sentir esos brazos, sentí otros, que me hicieron girarme - mírame - mis ojos cristalinos se clavaron en unos azules iguales a los míos - no puedes hacer este tipo de escenas en un hospital.
¿Qué? Lo mire desconcertada, pensé que me abrazaría y me consolaría, pero no, me había dicho que no podía hacer este tipo de escenas.
-Te estás comportando como una chiquilla - me espeto - no me hagas que te regrese a casa, además no puedes humillar de esa forma el apellido Hale.
-Jasper
- ante esa voz, papá me soltó - no puedo creer que seas tan insensible - mi abuelo Carlisle, me tomo de los hombros - tranquila - me pidió - Alice va a estar bien, así que no tienes porque ponerte así, además recuerda que es un hospital, cariño, ¿Qué te parece si salimos?
-Padre
- gruño papá - es mejor que vaya a casa, no quiero que vuelva a repetir su escena.
-Ja…
-No entiendo porque el destino me hace esto- mis labios se movieron por sí solos - pero mi madre no debería estar ahí, deberías ser tú, tú deberías estar ahí, pero no tenía que ser mamá.
-Leyna
- mi abuelo, me apretó el hombro para que me callara.
-Enserio no sabes cómo desearía que cambiaran de lugar - le espete - que mi madre estuviera aquí, pero como siempre las personas que quiero son las que sufren.
Por segunda vez en mi vida, sentí la bofetada de Jasper Hale, esta vez sentí el sabor a sangre, no era porque hubiera sido fuerte, sino porque mi herida era muy reciente.
-Jasper
- la voz de mi abue Esme sonó sorprendida.
-Lárgate
- le ordeno mi abuelo - ¿estás bien?
Me solté del agarre de mi abuelo y salí corriendo del hospital, siempre creí que Jasper era un buen hombre, el mejor de todos de hecho, pero ahora que lo necesitaba, simplemente me decía que era una humillación para su apellido.
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-Idiota
- gruñí y golpe la pared - eres un imbécil.
Di otro golpe, la sangre comenzó a salir de mis nudillos, era la persona más idiota de este mundo, pero estaba tan nervioso y preocupado, y yo con esas dos emociones no pensaba, mi miedo no dejaba que lo que sentía saliera, así que las invertía y salía todo lo contrario.
Y esta vez había dañado, a la persona más importante de mi vida, la niña de mis ojos, mi adoración, mi orgullo, era mi bebé y sin embargo la había golpeado, por segunda vez y además no solo eso, sino también la había herido el alma, lo que siempre le prometí a Alice que nunca haría.
Camine hacia la habitación donde estaba, cuando llegue, su rostro seguía un tanto inflamado y todo del lado izquierdo estaba morado, sentí un nudo en la garganta, es difícil darte cuenta que todo lo que te hizo feliz esta pendiendo de un hilo, es estúpido darte cuenta que la mujer de tu vida se va y sobre todo saber que la perdiste hace años, pero eso no es lo peor, sino que la sigues amando.
-Allie
- susurre - tú eres la fuerte de nosotros, nuestra hija te necesita, yo no sé como consolarla, si ni yo mismo puedo hacerlo, la lastime lo sé y sé que si tú estuvieras aquí, tendrías las palabras precisas para ella y para mí.
Tome su mano, que estaba tibia como siempre.
-Te necesito aquí - apreté su mano - no puedo cuidar a Leyna, nunca he sido bueno con ello y lo sabes, además necesito que le digas que la amo, que es mi tesoro, que perdone a su padre, su error es no soportar la presión de perderte, pero que si mi vida sin ti es un infierno, sin ella la luz de la esperanza en el infierno se iría.
Acaricie su cabello, seguía tan suave como lo recordaba, a pesar de los golpes, seguía tan hermosa, Leyna había sacado esa aura de tranquilidad de su madre, aunque su carácter era más parecido al mío, aunque también tenía mucho de Alice.
-Creo que debo hablar con Ley - susurre - deséame suerte - sabía que no iba a obtener respuesta, bese su frente - Te Amo.
Después de eso salí de la habitación, camine fuera del hospital, porque conociendo a Leyna seguramente estaría en el parque cercano al hospital. El día era frío y nublado, no tardaría mucho en llover, suspire, lo mejor era encontrarla antes de que lloviera, porque Ley era un tanto enfermiza, los primeros años de vida, estuvo en el hospital al menos cuatro veces al año, porque con el clima de Forks siempre presentaba bronquitis y bueno era mejor hospitalizarla a que después le diera un caso grave de neumonía.
Creo que eso también afecto, Alice tuvo que batallar con eso sola, mientras yo estaba en California estudiando, además éramos jóvenes, para aceptar una responsabilidad de esa magnitud, nunca me había arrepentido de tener a Leyna, de hecho cuando por primera vez la tuve en brazos, esa pequeña me robo el corazón.
Junto con su madre, se volvieron mi todo, pero esa noche que creí perderla, me puse muy mal y me desquite con Alice, cosa que volvía a pasar, ya que ahora estaba a punto de perder al amor de mi vida y me había desahogado con mi hija.
Era un mal padre lo sabía, pero siempre que veía a Alice era una herida en el corazón, era por eso que evitaba ir a los recitales de ballet, de piano, bueno no es que no fuera, siempre iba, pero nunca me sentaba en el lugar que ella siempre observaba buscándome.
Veo que después de todo si la conozco, estaba sentada en uno de los columpios, siempre había sido lo que más le gustaba del parque, camine despacio, no quería llegar, aun no tenía mi discurso, pero el camino no puede ser eterno, llegue a su lado, pero ella no me miro, sus ojos veían el piso.
-Muñeca
- llame, pero no giró a verme - perdóname.
No hubo respuesta, me hinque frente a ella, pero seguía sin quererme mirar, tome su mano y como si eso fuera lo que necesitaba se soltó a llorar, me abrazo con fuerza, sus sollozos eran callados por mi pecho, era tan pequeña, tan indefensa.
-Todo va a estar bien - acaricie su cabello - Alice no nos va a dejar.
-No quiero que ella se muera - sus ojos azules se clavaron en los míos - sin ella no sé que haría.
-Ella no se irá, porque sabe que la necesitamos - seque sus lágrimas - no te dejará, eres su vida, ella estará para ti siempre, solo hay que tener fe y esperanza, y ella saldrá.
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