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poemas — capítulo 13
LA MONJA FANTASMA.
En un deshabitado cuarto, en el
Inicio del ocaso, escucho a alguien
Que entre la agonía y el dolor,
Lanza sus plegarias a los cielos.
Busco entre este desolado lugar,
Y no hay nadie que lo habite.
Más en el inicio de la oscuridad
Una monja camina entre la maleza.
En el amanecer, observo cómo sus
Largos cabellos brillan con el sol,
Como sus rojos labios encajan perfectamente
Con la blancura de su rostro.
Pero en esos hermosos ojos hay un
Profundo pesar, que refleja el tormento
Y la desdicha de un alma pura
A través de los siglos de inmensa soledad.
¿Cuál será el gran dolor que carga?
¿Cuál será la desdicha de su corazón?
Un alma solitaria, que de gran hermosura
Es dueña, no debería vagar por la soledad.
Más las plegarias aun suben a los cielos,
Puesto que debemos orar por nuestro amor,
Un amor que no conoce la muerte, ni
La fatalidad, solo conoce la eternidad.
Si acaso tus plegarias encierran ese
Significado, entonces juntemos nuestras
Oraciones y recemos por el amor, para
Que jamás sea manchado por el odio,
Para que jamás sea manchado por el rencor.
Solo así tu legado jamás desaparecerá,
Puesto que vivirá por toda la eternidad,
Aquel fantasma que se pierde entre la
Noche, es el más puro que mi corazón ha conocido.