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Harry Potter y el Jinete del Caballo Negro — capítulo 1

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Harry Potter

Y el jinete del caballo negro

Adriana E. Ortiz Gutiérrez.

En honor de J.K. Rowling

por haber hecho llegar a Harry

Hasta lo más profundo de nuestro corazón.

Capítulo 1

Un sueño muy extraño

Montado sobre un caballo negro iba Harry Potter por los bosques de Hogwarts, el viento tocaba suavemente su rostro, la velocidad a la que iba era tan fuerte y a la vez tan ligera que sentía que volaba; la felicidad y tranquilidad que tenía en ese momento la compartía con otra persona que también iba con él en el mismo caballo. Quien lo acompañaba vestía un ropaje negro, con capa y capucha. De pronto Harry se encontraba de pie, varios bancos de piedra estaban en las orillas de un sendero, acababa de llegar hasta una estatua de piedra que representaba a un león parado en sus patas traseras, las garras delanteras las tenía a la defensiva y su hocico abierto mostraba grandes y afilados dientes, de este salían los surtidores de agua de una grande fuente. Sobre uno de los bancos de piedra se veía la oscura silueta de una joven que contemplaba el agua a la luz de la luna. Luego oyó hablar a Hagrid:

  • lo supe en cuanto la vi – decía con una voz extrañamente ronca

  • ella tiene un sentimiento demasiado especial hacia ti. ¿Por qué no le dices lo que sientes?, mejor que la mujer de tus sueños sea una de carne y huesos, dulce y cariñosa que además tienes enfrente-

Apartándose Hagrid del camino y mostrando con la mano extendida la dirección en la que se encontraba la chica, Harry pudo ver que la oscura silueta volteaba a verlo mientras se ponía de pie lentamente. En un abrir y cerrar de ojos Harry notó que la tenía en sus brazos, la sensación que sentía era de paz y emoción, ella sutil y lentamente acercó sus labios a su oído, y en susurro le dijo -¡te amo!- Harry la apretó fuertemente como si desde hace tiempo deseara escuchar eso, al apartarse de ella, notó que ya no estaba; un miedo intenso recorrió todo su cuerpo, escuchó una risa malvada y todo se volvió oscuro y frío.

Harry despertó abriendo los ojos bruscamente, mientras se sentaba su corazón latía rápidamente, la misma sensación que tenía en el sueño aún la sentía, se volvió hacia ambos lados para ubicarse en donde se encontraba; al notarlo dejó escapar un respiro, se llevó las manos a los costados de su frente apoyando los codos sobre sus rodillas. Había sido tan real... que todavía no podía entrar bien en sus cabales. Poco a poco se fue tranquilizando. Tomó sus gafas que se encontraban sobre el buró de su cama que estaba a su derecha, al ponérselas miró el reloj y le indicaba que le faltaban cuatro horas y media para que el andén 9 3/4 saliera rumbo a Hogwarts, el colegio de magia y hechicería al que Harry asistía.

La poca luz que entraba por su ventana llamó su atención, decidió levantarse y correr las cortinas para abrirla; una brisa fresca cayó en su rostro y entró en el dormitorio. Se dirigió a su armario, al abrirlo se miró en el espejo que estaba detrás de la puerta, la expresión que le mostraba era de desconcierto, pasó los dedos de la mano derecha entre su cabello, miró a su alrededor como si tratara de encontrar alguna respuesta, se recargó en la pared cruzando los brazos y dio un breve suspiro. Harry intentó recordar lo que soñaba antes de que se despertara, trato de visualizarlo, veía a un semigigante de aspecto amable y parlanchín, cabello negro largo y revuelto y una barba larga que le cubría casi toda la cara, Harry lo conocía, era su amigo Hagrid el guarda bosques de Hogwarts y a parte había otras dos personas que no había podido verles el rostro; montaba junto a un hombre en su caballo y se sentía seguro; también había una chica. Al recordarlo Harry sintió una leve sacudida en el estómago. Frunció el entrecejo y trató de visualizar a la muchacha, pero no podía recordarla, estando con ella había experimentado un juego de emociones nunca antes sentidos en su vida, recordaba que ella le decía esas palabras cerca de su oído, sintió un leve cosquilleo desde su estómago hasta su garganta.

  • ¿quién será ella? - pensó

Volvió a la cama y se sentó sobre esta, había algo que le incomodaba, era algo como una angustia, entonces reaccionó:

  • miedo... sentí miedo, ¿Por qué?- las imágenes del sueño comenzaron a llegar muy confusamente, así que se reprimió mentalmente, todo esto lo estaba preocupando demasiado, decidió irse a lavar la cara para despejarse.

Después abrió de nuevo su armario cogió su ropa para enlistarse para así después, bajar a desayunar.

Era la mañana del primero de septiembre, el séptimo curso de magia y hechicería empezaría. Harry acababa de cumplir los 17 y este sería su último año en Hogwarts. Harry era un muchacho delgado, tenía cabello negro y ojos de color verde brillante, un joven muy diferente a todos los demás, era un mago y no común, la diferencia era aquella pequeña cicatriz que tenía en la frente, había sido causada por su peor enemigo, lord Vóldemort, el mago más tenebroso de todos los tiempos, quien también había sido el responsable de la muerte de sus padres; A los cuales nunca conoció.

Harry a causa de esto tuvo que vivir con una familia que nunca lo ha aceptado como es, con los Dursley, eran sus familiares, a ellos los magos los catalogaban como muggles, personas no mágicas. Su tío Vernon, tía Petunia y su odioso primo Dudley eran los integrantes de dicha familia, siempre gozaban en hacerle la vida de cuadritos a Harry. Desde los once años Harry supo lo que era, asistió a la escuela de magos e ingresó al equipo de quidditch, un extraño deporte pero muy divertido. Por alguna razón las vacaciones no le gustaban tanto como asistir al colegio, así que ese día era uno de los mejores, pero esta vez era la completa felicidad de Harry, por que este verano era el último que él pasaría con ellos.

En camino a la estación King Cross tío Vernon llevaba a Harry como de costumbre. En esta ocasión no cruzaron palabras, tío Vernon conservaba ese gesto de desagrado en su grande y gorda cara. Harry sólo pensaba en lo maravillosa que sería su vida ahora que sería libre, pensaba en las ganas que tenía de ver a Ron Weasley y Hermione Granger sus dos mejores amigos con los que había compartido sus grandes y temibles aventuras.

Al llegar, Harry bajó sus cosas, un gran baúl de madera que contenía un caldero para pociones, su escoba una saeta de fuego para el quidditch, su túnica y uniforme del colegio y varios libros de magia. A lado traía una jaula con una lechuza mensajera de color blanco llamada Hedwing, y una maleta de ropa y otra de sus pertenencias. Al terminar de ponerlas todas en la banqueta, tío Vernon dio un arrancón y se fue.

Entrando a la estación, vio a una familia de pelirrojos “los Weasley”, Ron estaba esperándolo y cuando lo vio se dirigió hacia él con una gran sonrisa y su saludo de siempre:

  • ¿¡Qué hay Harry!?-

  • ¿¡ Qué tal Ron!?-

Se dieron la mano con un fuerte apretón, luego Ron le dijo en voz baja – tengo algo que contarte, pero no aquí, te lo diré cuando estemos en el tren – Harry asintió.

-¡Vaya Harry!, ¡Pero cómo has crecido!, Unos meses sin verte y ya té estas convirtiendo en todo un muchacho- decía la señora Weasley con su acostumbrado tono de amabilidad que la hacía que fuera agradable. En el momento se acercaron George, Fred y Ginny los tres de seis hermanos de Ron:

  • pues lo que no tiene de gordo lo tiene de altura – dijo Fred soltando una carcajada y dándole unas palmadas en la espalda junto con George.

Fred y George eran gemelos y los más tremendos de la familia incluso de la escuela también. Ellos ya se habían graduado del colegio, habían recibido cada uno siete TIMOS (Titulo Indispensable de Magia Ordinaria) y ahora eran dueños de una tienda de Artículos Mágicos para Bromas que decidieron llamar “Los Sortilegios Weasley” y les estaba yendo muy bien.

  • Ginny, ¿no vas a saludar a Harry?- dijo George con la intención de apenarla ya que sabía que Harry era su amor platónico, ella un tanto ruborizada lo saludó con un simple “hola” y bajó la mirada, Harry le regresó el saludo.

  • ¿y el señor Weasley?- preguntó Harry

  • ha tenido mucho trabajo, está en un nuevo caso, supongo que va a tardarse mucho y por eso no pudo venir- contestó la señora Weasley

  • bueno me lo saluda -

  • ¡claro hijo!, ¡Le dará mucho gusto saber de ti!-

El señor Weasley era un mago plenamente cualificado, trabajaba en el Departamento Contra el Uso Incorrecto de Objetos Muggles del Ministerio de Magia.

A lo lejos pudo ver a Hermione que venía acompañada de quién parecía ser su madre. Llegaron a donde estaban ellos.

-¡Hermione!, Mira, ¡qué linda te has puesto!, Bueno deporsí siempre has sido bonita, pero ahora estás aún más- dijo la señora Weasley dándole un beso en la mejilla, mientras Ron le hacía un gesto a Harry dándole a entender que él no pensaba lo mismo. Pero en efecto Harry si notaba que Hermione había cambiado, por lo menos el cabello ya se lo había acomodado.

  • Gracias señora Weasley- dijo con una amable sonrisa –hola Harry, hola Ron – los dos le regresaron el saludo, también saludó a George, Fred y Ginny.

  • miren, les presento a mi mamá, mamá ella es la señora Weasley y ellos son sus hijos, ah y él es Harry Potter -

  • mucho gusto señora Granger – añadió la mamá de Ron

Harry, Ron, Fred, George y Ginny también la saludaron con mucha amabilidad. La señora era muy bella, alta delgada, de cabello castaño claro que le llegaba a los hombros, rostro exquisito y ojos cafés claros.

  • igualmente- respondió con una bella sonrisa- bueno, será mejor que se apresuren, el tren está a diez minutos de salir – añadió. A Harry no se le hacia extraño que la mamá de Hermione fuera tan exacta en las precauciones, ya que era el vivo reflejo de su amiga.

Harry, Ron, Hermione y Ginny se despidieron, y así entraron cada uno por la plataforma.

Ya al entrar, el tren grande de color negro con roja escarlata estaba esperando, muchos alumnos de Hogwarts se despedían de sus familias, y otros simplemente se subían al tren. Al abordar tuvieron un desagradable encuentro.

-¡vaya Potterbobo!, Nos volvemos a ver- se trataba del archí enemigo de Harry, Draco Malfoy seguido por sus compinches Vincent Crabbe y Gregory Goyle. Malfoy era un muchacho de rostro pálido y puntiagudo, tenía el cabello color miel y ojos azules. Al hablar arrastraba la voz y era aburrida. Harry tenía que aceptar que Malfoy ya había cambiado un poco, ahora era más alto y su voz era más gruesa. Crabbe y Goyle eran regordetes muchachos un poco más bajos que Draco y Harry, también eran muy tontos.

  • dime Potter, cuando té gradúes ¿qué vas a hacer?, ¿Barrerás con tu escoba del quidditch el callejón Diagon?- soltó una leve carcajada por su propio chiste.

  • no- contestó tajantemente Harry – voy a utilizarla para estrellarla en tú cabeza, a ver si así se te mejora- añadió con una gran sonrisa mientras Ron y Hermione reían en leves carcajadas.

  • tus tonterías son tan ineptas que das lástima- continuó Malfoy

  • ¡claro que no!- atajó Ron- das mas lástima tú, presumes de tanto dinero y no puedes comprarte un cerebro que mucha falta te hace- Malfoy lo miró con su clásica mirada despectiva.

  • ¡ay Weasley!.. Era obvio que tuvieras que hablar de dinero, “el que en pan piensa, es porque hambre tiene”- Crabbe y Goyle rieron fuertemente.

  • será mejor que nos vayamos, no se nos vaya a pegar la mugre de la chusma- dijo Malfoy dándose la media vuelta.

  • No-hombre si ya se te pegó, desde que entraste a Slytherin- dijo Hermione con sarcasmo.

  • ¡vaya!, Ya ladró la sangre sucia- Harry sin antes que se le adelantara Ron, tomó a Malfoy por los hombros y lo empujó contra la puerta de un compartimiento y lo apuntó con su varita, Crabbe y Goyle iban a detenerlo pero Malfoy les hizo una seña y no hicieron nada, en ese momento llegó una mujer de rostro severo, la profesora McGonagal.

  • ¡Potter!, Baja esa varita en este instante- ordenó con voz frívola.

Harry sin quitar la vista de Malfoy se apartó y guardó su varita. Malfoy se acomodó la camisa jalando el cuello, también sin quitar la vista de Harry.

-¡¿de nuevo peleando señores?!, ¡Apenas si abordan el tren y empiezan con sus diferencias!- rugió posando la mirada en los dos.

  • esto no pasaría si Malfoy dejara de molestarnos- aclaró Ron con el entrecejo fruncido, la profesora lo miró con enojo.

  • ¡De verdad!,¡ Malfoy agredió a Hermione diciéndole...

  • ¡no interesa lo que se hayan dicho uno u otro!- lo interrumpió la profesora – ¡no parece que sean jovencitos de 17 años!, ¡Se comportan como niñitos inmaduros!, Me sorprende de usted señor Potter – hizo mención cerrando y abriendo los ojos. Harry dando un leve suspiro miró a la profesora y enseguida añadió:

  • muchas veces he hecho caso omiso, pero todo tiene un límite ¡y él ya lo está sobre pasando!-

La profesora dejó salir un respiro y luego dijo – bueno, que esto no vuelva a repetirse. Señor Malfoy regrese a su compartimiento con los demás Slytherin y permanezca ahí- Malfoy se dio la media vuelta e hizo su cara de fastidio, Crabbe y Goyle lo siguieron.

-Nosotros regresamos cada uno a su compartimiento, por lo menos ahí están más tranquilos- caminó por el pasillo. Harry, Ron, Hermione y Ginny la siguieron.

La profesora McGonagal era la jefa y guardiana de una de las casas del colegio, la cual era Gryffindor, a la que Harry y sus amigos pertenecían. Ella daba clase de transformaciones, era una animaga, por que podía convertirse en animal, en un gato.

Al llegar al compartimiento acomodaron sus cosas, Hermione tomó uno de los libros y se puso a leer. Ginny se sentó al lado de Hermione cerca de la ventana, tomó su varita y la agitó cerca de sus oídos y empleó un conjuro -¡minimusicus!- y apareció una especie de audífonos sin cables, se puso a escuchar música. Mientras tanto Harry y Ron se sentaron enfrente de ellas, decidieron esperar a la señora del carrito de las grageas de sabores.

-¿ y cómo te fue en las vacaciones?- preguntó Ron.

  • no del todo bien, ya saben- contestó Harry arrugando la nariz.

-lo bueno de que ya no vas a vivir con tus tíos ¿no Harry?- comentó Hermione sin apartar la vista del libro. Mirando el paisaje, Ginny movía la cabeza y tarareaba muy suavemente al ritmo de lo que escuchaba.

  • sí, creo que eso es bueno-añadió Harry mirando a Ginny.

-¡Harry!- exclamó Ron emocionado – sería magnífico que te fueras a vivir con nosotros- Ginny los miró y luego rápidamente se hizo la de la vista gorda.

  • ¡sería genial!.. aunque pensaba que tal vez con el dinero que tengo podría vivir en otro lado sin molestar a nadie-

-por eso no te preocupes, Fred y George ya tienen su propia casa, pequeña... pero es de ellos. Así que la casa de mí mamá ahora está más vacía, ¡tendremos más campo Harry!- comentó Ron mirando a Harry como si se hubieran ganado un premio.

-qué raro que la profesora McGonagal esté aquí en el tren, ¿no?- comentó Ginny interrumpiendo el tema de Harry y Ron.

  • sí, generalmente está ya en Hogwarts- dijo Hermione mirándola – tal vez habrá salido a alguna parte en las vacaciones y hasta ahora regresó-

Harry y Ron se miraron y luego Ron se encogió de hombros – pues... quien sabe- añadió él. Por un momento se guardó silencio.

  • Harry, ¿te parece si vamos a buscar a la señora del carrito de las grageas?- preguntó Ron guiñándole un ojo a Harry. Este lo miró sin comprender, Ron le hizo una seña con la cabeza de que se salieran del compartimiento, así que Harry recordó lo que le había dicho antes de que subieran al tren. Salieron del compartimiento sin que Ginny y Hermione le tomaran importancia. Caminaron por el pasillo hasta llegar a otro compartimiento que estaba vacío. Al entrar, Ron revisó que nadie los viera y cerró la puerta.

-bueno, como sé que en el mundo Muggle nunca té enteras de nada, voy a contarte una noticia que anda en boca de todos- se acercó a Harry y le cuchicheó:

-yo me enteré por medio de mi padre, pero esta noticia ¡está en todos los diarios del profeta!-

-¡vamos! ¿Dime de que se trata?- preguntó con intriga dándole unas palmadas con el costado de la mano en el hombro.

-voy a contarte como me llegó la información. Resulta que yo estaba bajando las escaleras de mi casa en plena madrugada tenía sed, comencé a oír voces que provenían de la sala, me acerqué y vi a mi padre conversando con el Ministro del Ministerio de Magia, se comunicaban por el fuego de la chimenea. Estaban hablando de un reciente asesinato, un asesinato... que había sido causado por... Quién-tú-sabes –(Ron se refería a Vóldemort) Harry al escuchar esto sintió como sí un cubito de hielo se le deslizara desde la garganta hasta el estómago. Después de pasar saliva Ron continuó- él... mató a una bruja que tenía mucho tiempo que ya no vivía en el mundo mágico, y por si fuera poco también mató a sus dos hijas. Nadie sabe con exactitud cual fue el motivo. Dicen que un muggle vio salir los destellos del maleficio que les vertió Quién- tu- sabes y que vio a muchos hombres encapuchados que huían del catastrófico accidente, iban montados, según como él dio su descripción, iban montados en “los Equirontes de la muerte”-

  • ¿Equirontes de la muerte?- preguntó Harry con el entrecejo fruncido

  • sí, es una especie de caballos muggles de color plateado oscuro, tienen un cuerno en la nariz, pezuñas de toro y cola de león, no tienen cabello ni pelo y sus ojos son rasgados. Bueno el caso es que esto sucedió hace dos días, y apenas ayer pudieron recopilar pistas. Al muggle le dieron una poción de amnesia y lo dejaron en su casa.

  • pero no entiendo – añadió Harry – mi tío Vernon lee el periódico todos los días por la mañana, y cada vez que hay una noticia desastrosa la comenta. Si un muggle vio lo que sucedió, obviamente tendría que saberse por medio de la prensa, y yo no llegué a enterarme.

  • Harry, no te dije que le dieron una poción para que lo olvidara, él fue el único testigo, y tú sabes bien que al mundo mágico no le conviene que el mundo muggle se entere que existimos. Así solamente la noticia se propagó entre los magos y brujas, para no tener problemas con los muggles, si deporsí por culpa de Quién- tú- sabes ya casi nos descubren.

Hoy en la madrugada uno de los magos del ministerio presenció una batalla de los mortífagos con un jinete que montaba un caballo muggle negro, ( en ese momento a Harry se le vino a la mente su sueño) dijo que ese jinete quiso atacar a Quién-tú-sabes y en eso salieron a su defensa los mortífagos. En el diario El Profeta dijeron que Vold... ¡Digo! Quién- tú- sabes, estaba haciendo esto por que ¡quería meter miedo hasta en el mundo muggle!, Y que si no era esa su intención, entonces tendría algún pendiente con esa familia. Lo curioso es que este jinete lo ha seguido desde que asesinó a esa familia. Yo pienso que quizás se quiere vengar.-

En ese momento se abrió la puerta del compartimiento bruscamente, Harry y Ron se volvieron y vieron a Hermione que los miraba con el entrecejo fruncido.

-¿qué hacen?

  • Platicando- contestó Ron, Hermione lo miraba como si quisiera darle una bofetada.

  • supongo que ya encontraron a la señora del carrito de las grageas de sabores- siguió ella, Harry miró a Ron y Ron hizo una cara de no importarle.- la señora del carrito de las grageas de sabores acaba de pasar por el pasillo más de tres veces, así que si quieren comprar los dulces les advierto que será en vano.

-no importa- reiteró Ron con un aire de insignificancia – ya los compramos.

-¿a sí? ¿Y en dónde están?- Hermione comenzaba a fruncir también los labios.

  • ya... ya nos los comimos- respondió Harry – disculpa que no guardáramos para ti algunas, pero... – Hermione lanzó una mirada de furia a los dos, dio un zapatazo en el suelo y se fue.

-¿ y ahora?, ¿Qué varita le picó?- dijo Ron cruzando los brazos.

-quizás se dio cuenta de que nos estábamos secreteando- contestó Harry mientras pensaba en lo que le había contado Ron.

Al llegar al compartimiento, Hermione ni siquiera los volteó a ver, ahora leía otro libro. Ginny estaba en el compartimiento de enfrente con una de sus amigas de su curso.

Harry se sentó en la ventana, miraba como si ahí pudiera encontrar la respuesta a las tantas preguntas que se le venían a la mente. Lo que le había dicho Ron le había hecho pensar en que siempre sus sueños mostraban parte del futuro, entonces si era posible eso... quería decir que habría una chica que lo llegaría a amar.

Ron notaba a Harry algo ido, supuso que era por que era intrigante eso que había cometido Vóldemort, tal vez lo habría hecho pensar en su familia, pues las historias eran casi las mismas, nada más que en esta, Vóldemort si había conseguido su propósito.

Al cabo de un rato, Harry cayó nuevamente en otro profundo sueño.

Estaba en el bosque de Hogwarts afuera de la cabaña de Hagrid, estaba hablando con él y también estaban presentes Ron y Hermione.

  • no lo sé Harry, es que es poco confuso. Para mí es imposible confiar en ella- decía Hermione con su tono habitual de preocupación.

  • Harry, quizás Hermione tiene razón. Sólo piensa en todo lo que a pasado, hay cosas muy extrañas- añadió Ron poniéndole la mano en el hombro. Harry comenzaba a tener esa sensación de miedo. En eso vio a Hagrid que le daba grandes tragos a una botella de cerveza y luego se limpiaba las pocas lágrimas que le empezaban a salir.

  • ¡perdóname Harry!, Es... es... sólo que... ¡yo creí en que serías más feliz así!. La verdad ya no sé que pensar, ¡tal vez sí me equivoqué!- sollozaba con mucha amargura.

Harry quitó bruscamente la mano de Ron de su hombro, sentía como un nudo en la garganta le obstruía las palabras, sólo podía pensar Una confusión de miedo y enojo se juntaron. Caminó tres pasos hacia atrás, se dio la media vuelta y empezó a correr, sólo oyó a ellos que le llamaron por su nombre.

Corrió con muchas fuerzas, sus lágrimas le escurrían por el rostro y cada vez resonaban una y otra vez los comentarios que le habían hecho, hasta que tropezó y cayó en muchas plantas que tenían espinas, pero no sintió ningún dolor. De pronto comenzó a oír los galopes de un caballo. Alzó la mirada y vio que el mismo jinete con el que anteriormente montaba en plena tranquilidad, ahora se aproximaba a él con mucha rapidez mientras desenvainaba su espada, comenzó a oír de nuevo las voces de Ron y Hermione que le llaman por su nombre y luego un fuerte estruendo se oyó.

Harry al abrir los ojos se encontró de cara a cara con sus amigos, que mostraban una expresión de terror.

-¡Harry tenemos que salir del tren!, ¡Alguien lo está HECHIZANDO!- gritó Ron. Harry se levantó rápidamente y notó que el tren se sacudía muy bruscamente, al salir del compartimiento vio que entre los alumnos se hacía un tumulto, los prefectos y entre ellos Hermione, gritaban pidiendo la evacuación del tren. Lograron integrarse entre todos los que corrían y se empujaban, pero era muy difícil de avanzar, en eso Harry chocó contra algo y cayó de espaldas, miró al frente, se levantó rápidamente e intentó correr, pero había algo que le obstruía el paso, veía que todos avanzaban menos él, trató y se esforzó pero no pudo, y en un momento estaba solo. El tren se seguía sacudiendo y para su suerte vio que Ron regresaba.

-¡ayúdame Ron!, ¡No puedo avanzar!, ¡Algo... algo me obstruye el paso!- gritó Harry golpeando la cosa invisible. Con mucho esfuerzo de conservar el equilibrio Ron se acercó hasta Harry pero no pudo pasar hasta a él.

  • ¡es como un cristal!- supuso Ron palpándolo, intentó romperla con una patada, pero no funcionó.

-¡usa un maleficio cargado con Flipendo!- sugirió Ron. Harry sacó su varita y señalo hacia la cosa invisible.

-¡Flipendo!- gritó, una luz blanca salió de la punta y retachó en la cosa invisible, Harry se agachó rápidamente.

  • tenemos que probar los dos al mismo tiempo- sugirió Harry, tomaron los dos su varita, y a la cuenta de tres se enlistaron para aplicar el maleficio. Contaron al unísono- uno... dos... y... - justo antes de decir el último número, Ron con una expresión estupefacta señaló en contra de Harry y gritó.

-¡MIRA!, ¡DETRÁS DE TI!-

Harry volteó enseguida y vio que se aproximaba un jinete en un caballo negro a toda prisa, y sin ninguna intención de frenar. Harry demasiado sorprendido y asustado se quedó de pie.

-¡Harry!, ¡Muévete!- le gritó Ron. Harry reaccionó y se metió en un compartimiento, cerró la puerta y esta fue destruida por dos fuertes patadas del caballo, Harry se dirijo a la ventana y al intentar abrirla sintió un dolor muy fuerte y profundo en su cicatriz. Se inclinó tocándola y el dolor le recorrió por toda la cabeza, agachado logró ver al caballo parado en dos patas y relinchando, el jinete tenía la mirada puesta en él. En eso llegó a oír una voz conocida

-¡MUERE POTTER!- Harry vio que el jinete desenvainó su espada y en eso la misma voz gritó –¡AVADA KEDAVRA!- un destello verde reluciente salió detrás del jinete, este a su vez se volteó y lo desvió con su espada, inmediatamente tomó a Harry por el cuello de la camisa y lo subió en el caballo, Harry pudo ver que atrás de ellos se encontraba el más temible mago, Lord Vóldemort. El desagradable cruce de miradas hizo que a Harry le doliera aún más la cicatriz, siempre le dolía cada vez que este se encontraba cerca. Nuevamente Vóldemort citó el maleficio apuntando hacia ellos, el destello salió, pero el jinete dirigió al caballo hacia la ventana y saltaron rompiendo el vidrio con la punta de la espada.

Comenzó a galopar rápidamente el caballo y se integraron al bosque, en plena carrera Harry pudo ver varios destellos plateados que aparecían entre los árboles, de pronto vio a unos caballos de una especie muy rara, recordó lo que Ron le había dicho con respecto a ellos, estas especies eran montadas por un mortífago, al principio eran tres, luego ocho y al final como unos veintitrés, los animales producían un sonido como de un rugido agudo, que era algo molesto para sus oídos. Los mortífagos lanzaban varios maleficios trantando de herirlos, pero eran esquivados. Llegaron atrás de una gran roca, el jinete bajó rápidamente a Harry del caballo y él también se bajó, dio una fuerte palmada en las ancas de este, y corrió rápidamente en la siguiente dirección, despistando así a quienes los perseguían. Se pusieron de espaldas a la roca tratando de ver que todos los mortífagos pasaran. Al comprobar que no había moros en la costa, el jinete dejó escapar un leve respiro. Harry lo miró agitado. Era una persona alta (casi de su estatura), vestía la misma capucha y capa negra, llevaba puestas unas botas grotescas de cuero con espuelas y le llegaban hasta debajo de las rodillas. Unos pantalones de piel de dragón negros, y camisa igual, llevaba unos guantes de gamuza y cuero del mismo color que le cubrían hasta el antebrazo. Harry notó que uno de los guantes estaba rasgados y de este salía sangre.

  • ¡está... lastimado!- jadeó y Señalo el brazo, el jinete lo miró y tocó su herida con su otra mano.

-parece ser... una herida muy... profun... - el jinete no dejando terminar a Harry, lo tomó bruscamente y le tapó la boca, al poco rato Harry supo el motivo.

Escuchó los pasos de las bestias, y se oyó la gruesa y horrible voz de Vóldemort, al momento le dolió más fuerte la cicatriz.

  • ¡MALDITA SEA!- farfulló -¡no es posible que puedan escapar!, ¡Espero que los demás puedan traérmelos!, El jinete no me importa si lo matan, pero quiero tener el placer de matar yo mismo a ese Potter- maliciosamente mencionó. En eso llegaron los otros mortífagos.

  • ¿¡Qué pasa!?- exigió una explicación Vóldemort.

  • mi Lord... los... los hemos perdido.

  • ¡IDIOTAS!- gritó y soltó un fuerte maleficio nombrado Crucio sobre aquel que habló, lo tumbó del equironte, el mortífago solo se retorcía de dolor.

-¡NO PUEDO CREER LO INÚTILES QUE SON!. Ahora será mucho más difícil capturarlo, estando en Hogwarts y cerca de Dumbledore será mas complicado.

  • no todo está perdido mi lord- otra voz se oyó, Harry casi pudo reconocerla, pero era imposible decir que era esa persona.

-¡Vaya! Me había olvidado completamente de ti-dijo Vóldemort con aire gustoso -¡claro!, Tú puedes hacerlo. Mi arma secreta- tanto Harry como el jinete asomaron un poco para ver de quien se trataba, aunque Harry no pudo verlo bien por el molesto dolor de la cicatriz. Lograba ver apenas a Vóldemort y enfrente de él a un mortífago encapuchado, que al quitarse la capucha, Harry sintió que el corazón se le desvanecía.

-Sirius Black... que ironía-rió Vóldemort- ¿quién iba a pensar que el más confiable amigo de Potter pueda darle la espalda?-

Esto no podía ser, Harry no podía creer que alguien en quien confiara tanto, lo defraudara así. Sirius Black era padrino de Harry. Había estado preso por muchos años en Azkaban, una prisión horripilante por tener unos seres abominables que absorbían la energía y pensamientos positivos, dejando solo amargura, odio y desesperanza a cuanto ser vivo estuviera a su alrededor. Eran llamados Dementores. Culpado por haber contribuido en el asesinato de los padres de Harry, Permaneció doce años encerrado, pero en realidad era inocente y un buen amigo de la familia. Pero ahora todo era distinto, por que al ver a Sirius del lado de su adversario, era como una fuerte puñalada para él y la memoria de su familia.

  • sólo dígame ¿qué es lo que debo hacer mi lord?

  • ¡vaya!, suena tan real que no puedo creerlo, después de todo el maleficio que té vertí fue una gran idea, ahora sólo falta seguir el segundo plan.-

En eso Harry pudo ver que de entre todos los mortífagos salía uno que no tenía la capucha puesta, ya lo conocía, se trataba de Lucius Malfoy y para sorpresa de Harry este estaba apuntando a Sirius con su varita y de esta manera lo manipulaba, era obvio que Sirius estaba bajo un maleficio el cual se nombraba imperius.

  • bien Malfoy, sigue manteniéndolo así, lo llevaremos de nuevo a la guarida, tenemos que aplicarle otro maleficio, por que este ya se le está pasando- dijo Vóldemort poniendo una gran sonrisa de malicia.

-¡perfecto!, ¡Ahora sí!, Todo tiene que salir bien. Sino, aún tengo preparado algo especial para aquel que intente desafiarme. ¡Esta vez ni ese jinete ni nadie intervendrán para que pueda asesinar a Potter!.- emprendieron el galope y se fueron en dirección contraria.

Harry sabía que tenía que ayudar a Sirius, por que estaba bajo el control de Vóldemort y eso podría traerle más problemas, por que en realidad nadie pensaba que él fuera inocente, además era el único ser que tenía como familiar que lo aceptaba tal y como era. Harry trataría de persuadir a Dumbledore y sacaría a Sirius de ese maleficio.

El jinete al asegurarse de que no hubiera nadie, dio un silbido y apareció su caballo al trote, el jinete lo montó y luego extendió su mano hacia Harry. Él todavía no se reponía de su dolor de cicatriz, suponía que si se subía, con el galope del caballo haría que le doliera aún más.

-¿sabe?, He... creo que sería mejor que me fuera caminando, me gusta... caminar, bueno, amenos de que tenga una escoba- la verdad Harry se sentía tan mal que ya ni siquiera sabía como decirle que no quería irse en el caballo.

El jinete se quedó mirándolo y luego lo tomó bruscamente por el cuello de la camisa y lo subió. Harry un poco impresionado por la actitud del jinete decidió no decirle nada, pensó que si ya no había otra opción pues tendría que aguantarse, como quiera él le había salvado la vida.

Así que comenzaron a correr... y por un momento Harry sintió disminuir el dolor, comenzó a sentirse un poco mejor, con mucha tranquilidad, todos los pensamientos que tenía sobre lo que había sucedido iban desapareciendo y eran convertidos por un gran sueño de toda su vida, Harry estaba con sus padres. Poco a poco fue sintiendo los párpados pesados, hasta que los cerró y se durmió.