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Historia 51806 — capítulo 1

Capítulo 1

Prefacio

Oscuridad, era todo lo que podía ver en mi interior. Solo podía ver aquello, y sentir el dolor que parecía quemar mis huesos hasta los cimientos. No comprendía nada, ni siquiera me importaba en lo más mínimo. Simplemente me encontraba ahí, sufriendo una pena que sabía que no merecía, puesto que nadie era tan malo como para recibir aquel enorme castigo que me carcomía por dentro.

Escuchaba voces a lo lejos, que hablaban con algún idioma que sabía, pero que no comprendía. De todas maneras no quería escucharlos. No podía. El fuego en mi interior parecía no querer hacerme despertar de aquel largo infierno en el que vivía en aquellos momentos.

Al mover simplemente un dedo, solo para comprobar que no me encontraba muerta, izo que el dolor viniera con aún más intensidad, haciendo que gritara de dolor. Cosa que izo que todo empeorara conforme movía mis músculos. Era un dolor que no me podía aguantar. Uno que jamás había vivido, pero quizá lo merecía, simplemente por haberme quedado escondida mientras todo el desastre ocurría, mientras veía cómo aquellas cosas sobrehumanas devoraban a mi familia. Me merecía aquello e incluso más.

Podrían haber pasado años, meses, días e incluso segundos, pero para mí había sido una eternidad de dolor en cuanto comencé a sentirme repentinamente fuerte. Escuché cosas a lo lejos, e incluso podía concentrarme en muchas cosas a la vez, ya que mi mente había crecido hasta ocupar lugares que no conocía. La mente se movía con gran agilidad, y el dolor se iba disipando rápidamente. Un pequeño latido de un corazón parecía correr a gran velocidad, puesto que el ritmo era tan rápido, que parecía a punto de salirse de órbita. Deseé conocer a la persona a la cual el corazón estaba a un paso de salir y entonces fue cuando el dolor se fue por completo y el corazón dejó de palpitar.

Un extraño mal presentimiento me izo pensar que aquello no era algo bueno. Cerré los ojos con más fuerza, esperando que todo aquello hubiese sido un sueño. Pero no. Escuchaba incluso cosas que no debía, como en aquellos momentos, que escuchaba que alguien había respirado y, con mi mente renovada, en aquellos momentos sabía a la perfección que no se encontraba cerca de mí. ¿Qué era lo que me ocurría?

Sin querer contenerme un solo momento más, abrí los ojos, y me horroricé.