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La familia — capítulo 20
**Severus hace una visita: Ese día, Severus había recibido la carta que Lily le había escrito sobre su hija. Escuchó un llamado en la puerta y al abrir, se sorprendió de verlo. ¿Cómo supo que estaba...? Claro, él siempre sabía de ese tipo de cosas. — Lily...¿Cómo se encuentra Cristhine?— le preguntó, mientras ella le ayudaba a quitarse el grueso abrigo de invierno que llevaba puesto. Lo colocó sobre el sofá y suspirando, sonrió con suavidad. — Un poco mejor. Sirius la cuida justamente. — ¿Dejaste a Cristhine bajo los cuidados de Sirius Black?— le preguntó y Lily no supo qué decir al respecto. A su esposo no le agradaba, solo por viejas bromas que solían hacer de él en el pasado. Pero claro, él no podía olvidarlo. Caminó hasta la habitación y miró hacia adentro. Cristhine estaba acostada entre muchas mantas y su hermana estaba en la otra cama, ahogando un bostezo. Ya había pasado la hora del almuerzo y tenían sueño. — ¡Papá!— Elisei fue la primera en chillar y Cristhine ladeó la cabeza de forma tan violenta, que simplemente no se lo esperaba. — Papi... papi— dijo en cuanto lo vio. Ambas gritaron al verlo. Sirius emergió del baño y lo miró con sorpresa. Había estado calentando agua para bajarle la fiebre a la mayor de sus hijas. — Severus Snape. Vaya... supuse que vendrías a visitarnos. — Ya lo creo, sí— le contestó con una mirada severa y palabras secas. Lily caminó hacia sus hijas, que se bajaban de la cama para reunirse con su padre. Cada una se abrazó a una de sus piernas. Severus acarició sus cabezas, mientras que ellas decían tantas cosas sin parar, que no podía entender. Se inclinó para mirar a Cristhine. Moqueaba y se limpiaba la nariz con una de sus muñecas. Sirius le dio un pañuelo a Lily, para que le limpiara correctamente. Ella intentaba decirle que se sentía enferma. — Papá... — señaló su estómago y Severus sonrió. — ¿Te duele? — Sí. Lily le había explicado que la mayoría de la comida que le daban, no le duraba lo suficiente en el estómago. — Sacarlas de casa, solo las enferma. — Ah no, a mí no me echarás la culpa. No, Snape— dijo Sirius y Lily se interpuso, mediando entre los dos. — Fue idea mía. Ellas no dejaban de llorar, porque su padre se había ido a trabajar y creí que era una buena idea para distraerlas. Severus no dijo nada. Cierto que cuando se iba a trabajar, las niñas solían extrañarlo. Incluso su esposa. Terminó por darle la razón y hurgó sus bolsillos. Tenía pequeñas pócimas en ellos. Las medicinas que Cristhine necesitaba y que ella miró con disgusto, cruzándose de brazos y negándose. — No. Papá, no. — Seguirás enferma si no las tomas. — Será cuestión de suerte si no las termina vomitando.**Hola chicas. Lamento haberme ausentado tanto de este fic y bueno, tengo mis motivos. Ya sé que les debo los comentarios. Siempre pasa, que soy un desastre. Igual las quiero mucho. Les mando besos y cariños. Se cuidan.