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Historia 52118 — capítulo 2

La venda alrededor de los ojos

Ayúdame, por favor.

Ayúdame a escapar.

Ayúdame a comprender por qué de pronto es un lugar frío y hostil.

Ayúdame a comprender por qué la gente muere, porque tanto sufrimiento.

Respóndeme; ¿Hay un Dios?, ¿Hay un "Más allá"? Porque el mundo es cruel, y es demasiado horrible la idea de que esto es todo. De que no habrá recompensa a las buenas acciones, y de que los verdaderos criminales nunca serán castigados.

Así que ayúdame a tranquilizarme. Por favor, haz del mundo un lugar más hermoso, porque siento cómo mi corazón se resquebraja con cada latido y no creo poder soportarlo mucho más.

Ayúdame a dormir. Déjame recostar la cabeza en tu pecho, y así olvidaré, aunque sólo sea un segundo, que todo a mi alrededor se derrumba.

Vamos, ciérrame los ojos, tápamelos con una venda. Yo no me atrevo a hacerlo, cariño. Algo en mi interior no me lo permite.

Déjame llorar. A estas alturas, ya he aprendido que tras las lágrimas viene la paz. Y apaga la luz. Vamos a disfrutar del silencio, de la tranquilidad que la oscuridad traerá consigo.

¿Me esperarás? ¿Esperarás a que mis ojos se sequen y a que las fuerzas vuelvan? Porque ahora estoy débil, pero me repondré. Debo hacerlo, ¿verdad? Sí, es lo que todos quieren, y los complaceré. Pero los años pasan, y yo cada vez me siento más niña, y, a la vez, más vieja.

Así, la venda ya me tapa la vista. La luz se ha apagado. Todo está en silencio. ¿Lo ves, cariño? Lo logramos. El mundo ahora es hermoso. Los años no pasan, y la gente no muere, y yo ya no me siento ni pequeña ni envejecida.

Lo has hecho, cariño. Te dije que podrías engañarme. Porque yo no podría creerme a mí misma, no podría auto engañarme de esa forma. Pero confío en ti. Y si eres tú el que me pone la venda, tapa la luz y convierte el ruido en silencio, no tengo nada que temer. Sé que tú no me engañarías. Sé que, si tú lo dices, es porque el mundo realmente está en calma.