← Historia 52243 · de
Historia 52243 — capítulo 4
Veneno dulce… ¡Súfrelo!
Y mis pulmones quieren explotar
por el aire malo que vive,
en su interior, en el centro,
ahí donde es su punto más débil.
Mis labios los ahogan,
evitando sacar de mi alma,
todo aquello que alguna vez he pensado,
todos aquellos apestosos pensamientos.
Eso que consume mi corazón,
eso que quema su razón,
eso que le causa a ella placer,
eso que deseo acabar yo.
Quisiera escupirle a ella en la cara,
con la saliva impregnada de ácido,
ardiente, destructor, punzante, corrosivo,
para que sintiera la muerte cerca.
Sí, que lo sintiera, que lo viviera.
Que gritara entre el llanto como él,
que todas las noches llora y grita,
que todas las noches muere.
Cuando el sol se mete,
cuando la luna y las estrellas gobiernan,
cuando la cabeza duerme, cuando el corazón manda,
es cuando sucede, su muerte.
Sí, que ella lo viviera, pero que no lo viviera.
Que lo sintiera, pero que no lo sintiera.
Sí, lo deseo fervientemente, pero no.
Sí, así es, pero no debe de ser así.
Ella que escupe su veneno, su encanto,
ella que lo consume entre la acidez,
ella que lo tortura entre la crueldad,
ella que es la compañera en las risas.
¿Y qué solución dar a la guerra?
Una guerra de veneno ácido,
una guerra en la que sólo participo yo,
la guerra contra mí misma.
Si el veneno es escupido, lanzado,
por placer, sin saber que arde, quema,
arde y quema en las heridas sangrantes,
arde y quema en las cicatrices no curadas.
Y me rio, entre el llanto y gritos,
al imaginarla consumiéndose entre el ácido,
me rio y lloro, sufro por la culpa.
¡Malditos pensamientos internos!
La guerra contra mí misma, tonta,
absurda y estúpida, mi guerra la pierdo.
Pierdo ante su veneno, -su mayor encanto- ante el llanto,
el llanto de él, que finalmente me pertenece también.
Sí, que ella lo viviera, cuando el sol muere,
que lo sintiera, cuando el veneno lo retuerce entre las sábanas,
que lo sufriera -¡Como yo!-, cuando sus ojos no encuentren descanso.
Cuando mi corazón explote, por el llanto, el llanto de él.