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Historia 52569 — capítulo 1
Caminaba al ritmo de los pasos felinos, sintiendo cada roce de la áspera sarga con la que la tela de mi falda estaba hecha, me acerque al joven que distraído miraba el paisaje, el cual era nulo, los feos callejones de una ciudad sobrepoblada, donde el cielo de a poco comenzaba a aclarar, los relojes marcaban apenas las 6 de la mañana y ese joven inocentemente había salido de su casa, para quizás volver a un día de colegio, a oro monótono día en su rutina.
El no me veía, no podíaverme, pero si sintió cuando me aproximé sin cautela y tomé su rostro entre mis manos, sosteniéndola firmemente con mis brazos finos, que llevaban desnudos hasta el codo, sin vergüenza miré hacia sus ojos, esos eran marrones, cálidos, contrastando con los míos, negros y fríos.
Miré al muchacho y desvíe mi atención a otraparte de su cuerpo, una que llamaba más mi atención, el cuello, pulcro y libre, apenas enmarcado por unos mechones de cabello cobrizo. Aparte los cabellos con mi mano y pase mi nariz, con delicadeza por todo el cuello, dejando que mi gélido aliento rozase aquella piel, y así, poder palpar aquel pulso exquisito.
Abrí mis labios, y muy, muy lentamente acaricié aquella zona virgen con los labios, abriéndolos y cerrándolos, sin dejar que aquellas ansias de vida me dominará, aunque mi autocontrol se salió un poco, cuando sentí el escalofrió que le recorrió en cuanto deje que mi lengua, palpase su yugular..
Lentamente hice círculos por ese cuello, arriba y abajo, besando y succionando con sutileza toda la piel que allí se marcaba, cuando por fin, sentí entre mi lengua un pulso magnifico, abrí mi boca y deje a mis colmillos actuar, perforando placenteramente la piel lisa… no le dolía, lo disfrutaba, sentía el placer del chico, quien suspiraba a la vez que la vida se le iba de las manos, la vida le abandonaba por esas dos marcas.
Despacio, sin prisa succioné, controlándome, recorriendo con ¿amor? Aquel cuello liso y limpio, aunque en un momento, el frenesí me cautivo, ya convertida en un monstruo clave los colmillos con fuerza, me surtí de sangre, tratando aún de controlar los impulsos animales de mi ser, pero no, no podía, la sangre parecía volver mi inerte corazón a la vida y la muerte inminente de aquel joven, parecía acercarme a mí, a una imposible vida. Y le despoje de casi la última nota de vida que le quedaba, aunque sabía que debía para, teníaque parar, la sangre de muerto, no sería buena para mí.
Y así, a duras penas, controlando el intenso placer que la sangre me otorgaba, solté el cuerpo casi inerte y me relamí los labios, limpiando casi, toda la sangre en mi rostro, siempre me había gustado el color de la sangre... le daba a mis labios un toque sensual.
El chico cayó, no sabía si estaba muerto o no, y no me importaba. Acomode el cabello corto y negro y sin ningún tipo de aviso, desaparecí, esquivando las luces del alba que había salido a relucir en aquel cristalino y azul cielo.