← Historia 52676 · de
Historia 52676 — capítulo 4
Al amanecer, era hora del desayuno. Ani, como había decidido llamarla, comía felizmente. A su lado. Severus desayunaba también. Incluso el perro. — Eso no es para que se lo coma él. A él, le he servido su comida. Supongo que no lo quieres. — le dijo, mientras se comía los huevos con las manos. Sonrió, mientras el perro lamía el suelo. Aplaudió por unos segundos y continuó comiéndose los huevos hasta vaciar el plato. El perro se estiró y se echó en el suelo, entrecerró los ojos y ella se apoyó en la mesa, de igual forma. Ambos parecían dormir. A ella en realidad le gustaba ese animal. Severus se apartó, mientras ambos jugaban. Tenía asuntos que atender. Necesitaba noticias de la orden. — ¡Everus Everus!— escuchó y se dio la vuelta. — Estoy en el salón, no me he ido. Ambos se sentaron allí, a mirarlo mientras escribía. Ella le acariciaba el lomo al perro, que no le despegaba la vista. ¿Podía ser un animago? Pudo haberse transformado antes. Suspiró levemente y bajó la vista. — ¿Acaso eres un animago?— le preguntó y aquel can, alzó las orejas y luego la cabeza. Alguien se aproximaba. Se levantó y rodeó a la pequeña. Le pareció un gesto bastante extraño. Él caminó hasta la puerta y miró a través de una ventana. Era Sirius, en su forma animal. Abrió la puerta con sumo cuidado y lo miró entrar. La pequeña chilló de emoción y se levantó. De cualquier forma, el can haló su pijama para que no siguiera. Dio un paso adelante y olfateó a Sirius. — ¡Gua guau! El can no dejó de olfatearlo, hasta que estuvo seguro y entonces la pequeña se acercó al nuevo y misterioso perro. Lo acarició con suavidad y le sonrió varias veces. Ambos animales se miraron en silencio. Sirius soltó un gruñido suave y el can no respondió, lo analizó con la mirada. Luego de ello, ambos escucharon un largo y agudo aullido. Sirius soltó un gruñido y se apartó del can. Corrió hasta la cocina y allí, perdió su forma animal. — No tengo idea de lo que es, pero parece no querer que me acerque a ellos. No es un animago, ya se habría transformado. Parece un familiar de la pequeña. — ¿Un familiar? — Sí quejicus, un familiar. Parece estar íntimamente ligado a ella y no quiere que la toquemos. Excepto tú. Severus miró hacia el salón. Ella abrazaba al can, que lamía su rostro con mucha felicidad. La miró por unos segundos más y ladeó la cabeza hacia Sirius. — Necesitaré tu ayuda para comunicarme con el animal. Si es un familiar.