← Historia 52821 · de
Historia 52821 — capítulo 1
Una guitarra estaba sola, perdida entre montañas de trastos viejos, observando como todo se deterioraba a su alrededor, esperando verse a sí misma ajada y olvidada.
Aquel desván de recuerdos era el hogar de infinidad de juguetes, libros, muebles… todos desterrados al olvido. Bien porque sus dueños hubieran encontrado sustitutos para ellos o bien porque ya no querían hacer uso de aquellas cosas.
La vida en el desván era aburrida, sobre todo para esa guitarra. Antes tan llena de vida y alegría, de música y color. Ahora muerta y triste, silenciosa y apagada.
Cuando por los resquicios de las ventanas polvorientas se colaba alguna fútil y frágil ráfaga de aire, la guitarra clamaba porque se acercara a ella y acariciara sus cuerdas desafinadas. Necesitaba volver a sentirse viva, quería oír de nuevo sus propios acordes alegrando a las personas que la rodeasen. Pero sobre todo, deseaba volver a sentir el calor y el cariño de unas manos humanas que la hicieran revivir de ese letargo.
Un cálido día una voz sacó a la guitarra de aquellos tristes pensamientos, ¿sería ella en verdad? ¿Aquella voz era realmente la de su dueña? Una silueta se iba dibujando poco a poco por el desván, bueno, en realidad la guitarra se dio cuenta de que eran dos siluetas, una mucho más pequeña que la otra.
-Tiene que estar por aquí.
Sí, definitivamente aquella era la voz de su dueña. La guitarra intentaba hacerse notar entre el sinfín de objetos desperdigados y polvorientos. Hasta que la silueta se puso a su frente. La dueña había crecido, se había hecho mayor, pero sus ojos relucieron igual que lo hacían antaño al ver a su vieja compañera de correrías.
-Mira Paula, aquí está.
La guitarra sintió su calidez, había ido a buscarla a ella. Quería que su hija la viera, que se deleitara con sus acordes armoniosos. Y salió del olvido del desván, para nunca más volver allí.