← Historia 52823 · de
Historia 52823 — capítulo 1
Llovía. Las gotas le empapaban el vestido azul que llevaba ese día de verano. Todavía se preguntaba qué hacía allí, precisamente en ese lugar, cuando en realidad debería estar lo más lejos que pudiera.
Dio un paso hacia aquella edificación que sólo visitaba en contadas ocasiones. Nunca había estado más nerviosa, la boca se le secaba y las manos le sudaban. Por fin alargó la mano hasta el portón y lo abrió despacio hasta pasar dentro.
Era una iglesia antigua, decorada con flores para la ocasión. No prestó atención a nada más y caminó hasta llegar al pasillo donde podía ver con claridad a todos los invitados a la boda. Tragó saliva antes de dar un paso más y, cogiendo valor de donde pudo, empezó a recorrer aquel largo pasillo. A su alrededor, los invitados se giraban al verla y murmuraban entre ellos. Pero a ella no le importaba, ya era hora de que dejara de importarle lo que dijese la gente.
En el altar se encontraba él, esperando por la que sería su mujer en unos minutos. La miraba con una expresión de asombro que jamás le había visto.
—Necesito hablar contigo —dijo en susurros la chica, sin parecer autoritaria (nunca podría sonar así ante él).
El silencio duró unos segundos que se hicieron horas para la chica. Esperaba que él le dijera algo, pero sin abrir la boca, el chico empezó a caminar hacia la puerta que había a la derecha. Ella lo siguió, después de que el cura los mirara extrañado.
Después de entrar, él cerró la puerta y la chica se quedó de espaldas, sin mirarlo a la cara.
—¿De qué quieres hablar? Debe ser algo importante para interrumpir mi boda —su voz no denotaba enfado, sino expectación.
—Yo… verás… —Era el momento para decírselo. Toda su vida con él, toda su vida amándolo a escondidas y justo ahora, el día de su boda, se decidía a decírselo; a decirle que siempre lo había querido.
Se giró y lo miró. Esa mirada hablaba más que las palabras. Él agachó la cabeza durante unos segundos, para luego levantarla y clavar su mirada verde en sus ojos marrones.
—¿Por qué ahora? ¿Por qué hoy? Toda la maldita vida y precisamente ahora es que sacas el valor de venir a verme.
Ella lo miraba impasible, dejándolo hablar. Al fin y al cabo eso era lo que siempre había hecho; dejarlo hablar mientras ella se deleitaba escuchándolo.
—Te quiero. —No lo pensó, simplemente lo dijo. A eso había ido allí, aunque parecía que no hacía falta decirlo.
El silencio volvió a instaurarse en esa pequeña habitación. Sus ojos clavados en los de ella, y ella intentando no caerse por la fuerza de su mirada. Siempre soñaría con esos ojos claros.
—Y yo —dijo él sin apartar la mirada.
La chica abrió los ojos más de lo normal y su boca quedó semiabierta.
—Pero ya es tarde —continuó él—. Voy a casarme y… también la quiero.
Lo sabía. Ella sabía que era tarde, pero el dicho dice "más vale tarde que nunca", ¿no?
—Espero que seas feliz —susurró ella agachando la cabeza, conteniendo las lágrimas.
—¿Por qué no me dices qué es lo que realmente sientes? Por una vez deja de decir lo que es correcto —le aventó elevando la voz.
La chica levantó la mirada del suelo para mirar con cierto enfado al chico.
—Bien —dijo esta vez más segura—. No, no deseo que seas feliz, al menos con ella. Quiero ser yo la que camine hasta el altar y no ella. Y deseo que me quieras a mi y no a ella.
Unos ruidos se escucharon provenientes de fuera. Se escuchaban las voces de los invitados hablando entre ellos, nerviosos por no saber qué pasaba. La novia ya había llegado.
—Ya es tarde, debo casarme con ella—dijo entonces el chico.
—¿Desde cuándo haces lo que debes hacer? —preguntó ella con lágrimas en los ojos.
—Desde que tú me enseñaste.
Más silencio entre ellos. Se escucharon las voces del cura al otro lado de la puerta, llamando al novio para que saliera.
—¿Puedo pedirte algo antes de que te pierda para siempre? —preguntó ella al ver que iba a abrir la puerta.
Entonces sin decir nada, se dio la vuelta, se acercó a ella y la besó, por primera... ¿y última vez?