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Historia 52831 — capítulo 6

Pecas en todas partes

Me gustaban las pecas de tu nariz. Y a ti te gustaban las pecas de mi espalda, que contabas, señalando una a una, con la punta del dedo. A veces, cuando el frío se me metía dentro del cuerpo y tenía ganas de gritar, tú me contabas las pecas de la espalda y, por cada una, me dabas un beso. El último era uno de esos besos largos de película que, la verdad, son los que a mí me gustan más. Tú sonreías como una niña pequeña y me dejabas que te besara la nariz y, luego, nos escondíamos bajo el edredón para pasar la noche abrazados.

Y así pasábamos los días de lluvia

Le gustaban los días de lluvia. Se acurrucaba en el sofá, con una manta que tenía guardada especialmente para esos días y escuchaba las gotas de lluvia repiquetear contra la ventana. Cuando me veía entrar en la puerta, con la ropa y el pelo mojados, me decía que me sentara con ella. Yo le decía que no, que la empaparía. Y ella me sonreía, como si yo no entendiera alguna cosa muy básica, y me contestaba que no le importaba- .

Y así pasábamos los días de lluvia, acurrucados los dos en el sofá, empapado por culpa de mi ropa, oyendo como las gotas repiqueteaban contra la ventana. A veces, me sonreía bajito, otras, me daba un beso de esquimal y, algunas, muy pocas, me susurraba, antes de dormirse apoyada en mi hombro, que me quería. 

Abrazos

¿Sabes qué? El otro día cogí un catarro por abrazar a una chica bajo la lluvia. Era una chica joven, tenía el pelo corto y la mirada llena de niebla. Estaba bajo la lluvia, sin paraguas y sin jersey, parada en medio de la calle. Me dio tanta pena y pensé que debería tener tanto frío que me acerqué y le di un abrazo de oso de esos que tanto me gustan.