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Algún día volveremos a reencontrarnos — capítulo 1

Sirenas, luces de colores, gritos, lloros…

Confundida y cansada como estaba, no quería saber nada del caos que había a mi alrededor. Mi cuerpo quiere descansar, mi mente quiere escapar a un lugar lejano… volar, volar sin parar.

Frío…oscuridad.

Mi cuerpo está tendido en el suelo de la carretera. Hay médicos a mi alrededor que niegan con la cabezas. La gente grita y llora por el espectáculo que mi cuerpo está dando. Cerca de mí hay otro cuerpo, un cuerpo destrozado y ensangrentado. A mí lado aparece el espíritu de esa persona sonriéndome. Me decía sin voz que ya no podíamos hacer nada, sólo ver de lejos a nuestros familiares por última vez.

La escena era macabra: la furgoneta donde viajábamos se había salido de la trayectoria de la carretera, había caído por un pequeño precipicio de unos cuantos de metros y había terminado destrozada contra un árbol. Sus poderosas ramas atravesaban la dura chapa de la furgoneta por lo tanto, nuestros cuerpo no eran más que plastilina para su fuerza. Por eso mi cuerpo estaba ya en el suelo, por eso mi compañero estaba ya tapado con la tela mortuoria de pies a cabeza, por eso nos trasladaban al tanatorio.

La inconsciencia, el limbo, hacía que el tiempo no tuviera sentido para ese estado en el que me encontraba, antes de descubrir la famosa luz que me llevaría a la vida eterna.

Taparon mi cuerpo y enseguida me encontraba en la sala del tanatorio; mi madre lloraba, mi padre se lamentaba por no haberme tratado mejor, mi abuela le recriminaba su trato hacía mí y le culpaba por el desastre. Miré a esa pequeña habitación dónde se encontraba mi cuerpo metido en un ataúd y mi carita puesta de lado, intentando apartarme de la escena que estaba presenciando. Una pequeña cortina hacía que la visión no fuera tan perfecta, para que no vieran los defectos que había provocado el accidente en mi rostro.

La habitación estaba abarrotada de gente. Algunos casi ni los conocía y aún así lamentaban mi marcha.

Recorrí la estancia, no sé si andando o flotando, pero me encontré con las personas que más iba añorar cuando me fuera del todo. Lloraban abrazadas unas a otras, todo el mundo las abrazaba y las consolaban.

Entraron juntas, como si de esa forma la visión que iban a obtener fuera menos trágica, pero la realidad era aplastante. Tomaron la totalidad de la ventana para observarme y sus llantos se escuchaban por todas partes.

-Laura, no llores. Sara, estaré contigo. Bea, no me olvides.

Me gustaría poder decirles eso y más, pero ya me es imposible comunicarme con ellas o abrazarlas y darles consuelo.

Mi abuela se acercó a Laura y la abrazó con fuerza.

-Ella te quería mucho, te consideraba una hermana. No sufras tanto, ella estará contigo siempre.

-Yo estaba enfadada con ella, iba a quedar ese fin de semana para arreglar las cosas y ella decidió irse. Me invitó para que fuera con ella a la playa y me negué. Ahora podría estar con ella.

Laura dejó de abrazar a mi abuela y pegó su frente en el cristal. Fijó su mirada en mi rostro.

-Cris¿me perdonarás algún día?

Sus sollozos no dejaron que nadie pudiera escucharla pero yo sí. Me acerqué y la abracé.

  • Yo siempre estaré contigo. Nuestra riña, arreglada está. No tienes porqué torturarte, tú no tienes la culpa de nada. Doy gracias al cielo porque al final no vinieras conmigo. Vive tu vida y la mía.

Mi acompañante apareció a mi lado dándome a entender que su despedida había concluido.Me tendió una mano y juntos nos encaminamos hacia nuestra vida eterna.


Un año ha pasado desde que Cris se fue. No hay ni un día que no me acuerde de ella, ni un día que no maldiga la curva dónde se mató.

Aquí nos encontramos todos reunidos, los amigos y familiares, para dejarle flores en su tumba y poder hablar con ella.

-Cris, espero que tu vida esté siendo una continua fiesta, como a ti te gustaba que fuera tu vida aquí conmigo. Todos los días veo fotos nuestras, videos nuestros; las locuras que hacíamos día a día, están grabadas en mi mente al igual que nuestros enfados… sobretodo el último que nunca podré decirte cuanto lo siento.

-Laura

No podía ser. Cris estaba delante de mí, radiante y con su típica sonrisa dibujada en su rostro. Llevaba su ropa típica: sus pantalones anchos, sus calentadores en los brazos, su pelo recogido en media coleta…

-Sólo puedo decirte esto una vez, no volverás a verme más. Me han concedido este único momento para pedirte perdón. Perdón por haberme enfadado contigo y perdón por haberte dejado. No quiero que le digas a nadie que me has visto, nadie te creerá, sólo tú eres digna de verme. Laura, también te perdono, no te consumas más y vive la vida que siempre hemos querido - se me acercó y me abrazó. Sentí un escalofrió recorrer todo mi cuerpo - Yo siempre te escucharé cuando quieras hablarme y te protegeré porque para eso eres como mi hermana. Ahora me tengo que ir - se separó de mí y me sonrió - Vive nuestras vidas.

-Claro que sí Cris, claro que sí.