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Historia 53210 — capítulo 1
Catorce.
No es un mal número.
Pero no es un buen número tampoco.
Solía ser 18 asique realmente, catorce es bastante bueno comparado a lo que era algunos meses atrás.
Todavía era un número grande, y mirando los jeans tendidos en mi cama, se veían bastante grandes también.
No era flaca. Era moderadamente linda y tenía más personalidad en mi dedo izquierdo del pie de lo que el resto de las chicas de la escuela tenían.
Pero era talla catorce y nadie podía ver nada más allá de eso.
Por lo menos los chicos no lo hacían. La mayoría de las chicas populares tampoco lo hacían.
Ángela lo hacía, y era popular. Me sorprendía completamente cuando hablaba conmigo o se sentaba junto a mí durante el almuerzo. Su novio - jugador de football, Ben - era uno de los pocos chicos que en realidad parecía no reírse de mí a mis espaldas y seria capas de venir libremente hacia mi si me veía en los pasillos para hablar. Emmet McCarty también lo hacía a veces, siempre que nadie estuviera cerca como para castigarlo o atormentarlo por ello.
Yo no tenía muchos amigos. Tenía conocidos con los que hablaba durante el día, pero ninguno de ellos llegaba a ser un amigo para mí. Era por decisión más que por otra cosa. Estaba acostumbrada a que se burlen de mí o a ser traicionada por personas que creía eran mis amigos - ellos contaban secretos que yo prefería se mantuvieran, bueno, secretos o bien se distanciaban de mi por ninguna razón aparente.
No sé lo que era acerca de mí que alejaba a las personas. No lo hacía a propósito, pero terminaba sucediendo más frecuentemente de lo que esperaba. Tal vez yo era muy… yo. Era mi misma y no iba a comprometer eso por nadie, tal vez ese era el problema. No era lo suficiente buena para nadie y no me comprometería a mi misma para serlo.
Me había acostumbrado a no ser suficientemente buena y me había hecho un favor a mi misma al finalizar el año pasado, mantenerme alejada de la mayor cantidad de gente posible en este pequeño basurero. Me iba a la universidad en la costa este el año próximo - NYU - y si podía pasar mi último año en la secundaria Forks lo mas pacíficamente posible, sería una persona muy feliz. La menor cantidad de ataduras que tendría al irme, me haría más fácil mudarme a algún lugar y empezar de nuevo.
Era todo acerca de empezar de nuevo.
Suspirando y arrastrando los pies en la alfombra, agarré mis jeans de la cama, rápidamente los deslice por mis piernas y me moví para meterme en ellos. Los abotone y cerré, luego tome el sweater de color rojo de mangas largas y me lo puse, dándome una mirada. Suspire profundamente mirando el pequeño rollo que se veía y sacudí mi cabeza, pase una mano por mi largo cabello de color marrón y me encamine hacia el tocador. Pase el cepillo por mi pelo varias veces antes de ubicarlo nuevamente en el tocador y agarrar mi mochila del piso. La deslice por mi hombro, camine a través de la puerta, y luego de apagar las luces, bajé las escaleras.
Mi padre, el Jefe de Policía Charlie Swan, solía marcharse hacia el trabajo mucho antes de que me despertara y yo agradecía la paz y tranquilidad que tenia cada mañana. Yo no era una de esas personas que se manejan bien en las mañanas, para nada, pero él ciertamente lo era. Tener que lidiar con su alegre actitud - bueno alegre comparada con la mía - tan temprano a la mañana no era algo que me encantaba.
Agarre una Pop Tart* de frambuesa del gabinete, la puse en el bolsillo delantero de la mochila, lo cerré y agarre mis llaves de al lado de la puerta. Atravesé la puerta de enfrente cerrándola, escuchando el ruido que hacia al golpearse mientras bajaba los escalones del porche y caminaba hacia la ligera lluvia.
La mayoría de la gente en esta ciudad odiaba la lluvia, pero descubrí con el tiempo que a mí no me molestaba. Si, era fastidiosa y había una seria falta de sol la mayoría del tiempo, pero yo lo encontraba raramente tranquilizador y reconfortante. Nunca me gusto demasiado el sol para empezar, nunca tuve el cuerpo para usar un traje de baño y sentarme al sol con uno puesto a arruinar mi piel nunca me pareció una forma divertida para pasar el tiempo. La lluvia me daba la excusa para mantenerme escondida.
Salte un charco camino a mi camioneta, abrí puerta y tire mi mochila en el asiento al subir. Cerré la puerta una vez adentro, pasando mis manos por mi cabello por si acaso antes de meter la llave en la ignición y salir de la entrada del garaje.
Llegue al estacionamiento de la escuela diez minutos después, manteniendo mis ojos en el pavimento al frente mientras manejaba hacia el espacio donde estacionaba regularmente. Sentía sus ojos en mí - como siempre - respire hondo mientras terminaba de estacionar y tome mi mochila del asiento.
Mi camioneta era una anciana y yo era la rara chica gorda. Estaba agradecida de que no necesitara lentes o aparatos para los dientes porque mi vida estaría terminada si tuviera que lidiar con eso además de pesar más de 55 kilos.
Salí de la camioneta y deslice la mochila sobre mi hombro, guardando las llaves en mi bolsillo y cerrando la puerta. Mantuve mi cabeza hacia abajo mientras caminaba detrás de Jessica Stanley, Mike Newton, Tyler Crowley y Lauren Mallory hacia la entrada de la escuela. Gracias a Dios no me notaron y llegue a mi casillero en paz, dando un suspiro de alivio gire la llave y abrí la puerta.
Metí mi mochila dentro del casillero y tome los libros que necesitaría para clase de Química antes de cerrarlo. Caminé hacia la clase. Puse mis cosas en la mesa del laboratorio y busqué entre las últimas páginas de mi cuaderno la tarea que puse ahí la noche anterior. Sin encontrarla, gruñí y cerré mi libro con fuerza, sacudiendo mi cabeza mientras me levantaba y me encaminaba fuera del aula hacia el pasillo.
Ya se habían formado grupos de personas alrededor de los casilleros y camine hacia el mío enfocando mis ojos en el suelo. Siempre fue tranquilo en este rincón, las personas que tenían su casillero cerca del mío usualmente se iban a hablar con sus amigos en la otra punta del pasillo, y yo estaba agradecida por eso. La menor cantidad de gente con la que tuviera que hablar, mejor.
Nunca fui una persona sociable. Siempre fui tímida y estar en esta escuela durante toda mi vida me ha dejado sin un poco de autoestima. Nunca fui flaca y todos aquí lo sabían. De hecho, la mayoría del tiempo, nunca dejaban de recordármelo.
Podría enojarme. Podría quejarme con mi padre y boicotear alguna de las muchas fiestas que Mike Newton hacia cuando sus padres estaban fuera de la ciudad. Podría hacer cualquiera de esas cosas y dejar de pensar, pero no lo hacía. Yo no era una luchadora, para nada, y era más fácil lidiar con todo lo que ellos me decían en lugar de contestarles. Alimentar una hoguera ya bastante caliente solo haría las cosas peor para mí.
Yo solo quería terminar mi último año se secundaria con la mayor dignidad posible y, pelear con todos a mi alrededor no me ayudaría con eso.
Seguí buscando mi tarea, ahora en mi casillero, comencé a sentirme nerviosa cuando esta no aparecía donde esperaba encontrarla. Escuche el timbre sacudí mi cabeza y seguí buscando, tiré algunos libros hacia afuera y balanceándolos en una mano mientras buscaba en el fondo, esperaba y rezaba para que la tarea haya sido empujada hacia el final. Cuando eso no funciono, empuje los libros de nuevo en su lugar, y busque en la mochila abriendo el bolsillo de enfrente.
Finalmente la encontré, suspirando de alivio y sosteniendo la tarea fuertemente en mis manos, cerré el casillero. La única persona en los pasillos ahora era Edward Cullen, su pelo apuntaba a todos lados mientras el trataba de hacer entrar su mochila dentro del casillero que ya estaba lleno por su equipo de football.
Aparentemente, llegó tarde.
"Hijo de puta", dijo entre dientes, tirando de la mochila nuevamente hacia él.
Los papeles volaron de la mochila abierta, cayendo al suelo. El se quedo allí parado, su pecho subía rápido mientras respiraba fuertemente y miraba el desorden que había hecho con ojos entrecerrados.
Edward Cullen era uno de los chicos que me atormentaba a diario. Era hermoso y él lo sabía lo que lo hacía diez veces peor. El salía con quien quería y nunca miraba a nadie que no formara parte de las animadoras o que no fuera lo suficientemente popular. Él era el Sr. Perfecto de acuerdo a todos los que asistían a esta escuela y yo había, extrañamente, desarrollado una especie de enamoramiento hacia él. Me odiaba a mi misma por ello porque no lo entendía. El me molestaba y me decía las cosas más terribles, sin embargo había algo acerca de él que simplemente me… *gustaba.*Lo podría ver con su hermana y en alguna ocasión cuando salía con sus padres, y el parecía ser una persona completamente diferente. No parecía ser el idiota que me decía que yo nunca podría ser valiosa cuando estaba con su familia y eso me hacía sentir algo esperanzada. ¿Tiene que haber algo más en él si podía actuar de esa forma con su familia, no?
De todas formas, unos pocos meses más y yo estaría fuera de este lugar. Sería capaz de olvidar todo acerca de Edward Cullen y los sentimientos que no quería tener hacia él en poco tiempo. Podría empezar de nuevo y eso era todo lo que yo quería.
Tragando fuertemente, doble mi tarea a la mitad y me encamine hacia él. Sus ojos me miraron de repente y se entrecerraron aun más. Sin decir palabra, metí mi tarea debajo de mi brazo y trate de alcanzar los papeles para levantarlos.
"¿Qué mierda estás haciendo?" me gruñó.
"Ayudándote."
Mi voz fue muy baja y salió como un chillido, mis nervios comenzaban a notarse mientras juntaba los papeles en el suelo antes de agacharme para juntar más.
"No necesito tu ayuda."
"No parece."
"Lárgate, Isabella. Ya es malo el hecho de que existas, no necesito que andes tocando mis cosas."
Mi corazón se retorció en mi pecho y apreté mis dientes, ignorándolo mientras seguía con la tarea de levantar los papeles que mostraban su perfecta caligrafía. Ya había llegado a estar a sus pies, mi corazón latiendo fuerte cuando él se agachó. Me agarró por la muñeca, fuerte, y lo miré.
El miedo me atravesó cundo me encontré con su dura mirada y casi no pude contener el pequeño grito cuando su mano fortaleció el agarre de mi muñeca. Podía sentir los huesos empujándose unos a otros mientras me apretaba, y las lágrimas que comenzaron a formarse en mis ojos.
"Dije", empezó a decir con la voz muy baja casi con un gruñido "que te largaras."
Solté sus papeles y él soltó mi muñeca. Me caí hacia atrás, acercando mi muñeca a mi pecho mientras mordía mi tembloroso labio inferior. Mire y vi claramente las marcas rojas de sus dedos alrededor de mi muñeca, definitivamente formarían moretones el finalizar el día. Puse mis pies en el piso y me empuje lejos de él tratando de contener las lágrimas. Deje caer mi muñeca, agarrando mi tarea de debajo mi brazo y colocando mi mano sana en el piso.
"Lo siento." Susurré, empujando para ponerme de pie manteniendo la mirada fija en el suelo.
"Deberías sentirlo, tu… desperdicio de espacio. ¿Qué derecho crees que tienes para tocar mis cosas?"
"Yo solo estaba tratando de ayudar."
"¿Ah sí? Pues, no lo hagas. Si alguna vez llego a necesitarte para algo" dijo burlándose, "lo sabrás."
Asentí y cerré mis ojos, escuche cuando cerró fuertemente la puerta del casillero y momentos después como sus pisadas desaparecían a lo largo del pasillo. Respire hondo varias veces para calmarme, mire de nuevo mi muñeca notando que las marcas estaban ahora más rojas. Deje escapar un pequeño sollozo antes respirar profundamente, pestañe de forma rápida para deshacerme de las lágrimas. El timbre sonó, lo que significaba que la primera clase estaba a punto de empezar, asique camine rápidamente hacia el aula. Mantuve mi cabeza abajo mientras caminaba hacia mi asiento. Llegue a mi mesa del laboratorio y sin despegar los ojos el suelo, me moví alrededor de la persona que ocupo la silla compañera a mi asiento para llegar al mío.
"Oh mierda." escuche que decían a mi lado.
Mire en esa dirección para ver a Edward Cullen sentado a mi lado, mirándome con disgusto sacudiendo su cabeza. Rápidamente desvié mi mirada hacia el lugar que él ocupa normalmente en la clase, notando que ahora se sentaban allí Jessica y Lauren, riéndose mientras me apuntaban. Edward las miro fríamente, levantando su dedo del medio a Jessica cuando ella le tiro un beso.
Supongo que el mensaje de "Avergoncemos todo lo que podemos de Bella Swan hoy" intencionalmente no me llego.
Como siempre pasaba.
"¡Bueno! Buenos días clase" El Sr. Banner dijo mientras aplaudía para que le prestáramos atención.
Mire hacia el frente de la clase, manteniendo mi muñeca herida en mi regazo y mi labio inferior entre mis dientes.
Solo un día más, Bella. Un día más cerca de la graduación, y podrás largarte de aquí. Es solo un día más.
"Miren a la persona que se sienta a su lado" dijo el Sr. Banner, sosteniendo sus manos en el aire con las palmas hacia afuera.
"¿Tengo que hacerlo?" pregunto Edward, inclinándose hacia adelante en la mesa y descansando la cabeza en una de sus manos.
Risas por lo bajo se escucharon en el aula y apreté mis dientes de nuevo mirando mi regazo mientras se formaban lágrimas en mis ojos.
"Esa persona será su compañero de laboratorio por el resto del semestre."
"¡Tienes que estar bromeando!" exclamó Edward, golpeando la mesa con su puño. Di un salto y solté un pequeño grito, queriendo cavar un pozo y meterme dentro cuando todos empezaron a reírse de mí. "¿Quiere que yo tenga que lidiar con esto?".
"Lo harás o no aprobaras." el Sr. Banner dijo inexpresivamente, volteándose hacia el pizarrón.
Mantuve mis ojos en mi cuaderno por el resto de la clase, escuchando apenas la asignación que el profesor nos dio de un proyecto para la próxima feria de ciencias que iba a tener que ser terminado fuera del horario de clases. Escuche a Edward refunfuñar en desacuerdo con toda la situación durante toda la clase, mi quijada dolía por el esfuerzo que tenía que hacer para evitar que las lágrimas cayeran.
Puse la muñeca que él había apretado sobre la mesa en algún momento, pero la moví por la incómoda sensación del acero, mire a Edward cuando escuche una honda inspiración que provenía de su lado. Sus ojos estaban enfocados en las marcas que estaban convirtiéndose rápidamente en moretones en mi muñeca, su boca formaba una pequeña o y colocó la palma de su mano en la mesa. Rápidamente coloque mi muñeca de nuevo sobre mi regazo y deje de tratar de sentirme cómoda después de eso. No sé lo que significaba su expresión pero si quería herirme de nuevo, ya no le daría las municiones para hacerlo.
El timbre finalmente sonó y comencé a juntar mis cosas rápidamente, notando el dolor en mi muñeca mientras agarraba los libros en mis brazos.
"Isabella, yo…" escuche que Edward comenzó a decir en voz baja.
"Siento que tengas que hacer el proyecto conmigo, Edward", dije rápidamente sacudiendo mi cabeza "Hare todo el trabajo yo sola si es lo que prefieres"
"No, solo quería asegurarme…"
"Me asegurare de poner tu nombre en el trabajo. Yo me encargo." Lo mire rápidamente antes de moverme para pasar a su lado "Hasta mañana, supongo."
Camine fuera del aula hacia mi casillero, agarre mis libros y camine fuera de allí lo más rápido que pude. El día comenzó bastante mal y realmente no quería hacer nada para que el resto fuera peor.
Subí los escalones del porche hacia mi casa, mi mochila siguiendo mis pasos mientras la arrastraba y rebotaba contra los escalones. Abrí la puerta de enfrente y entré, cerrándola de un golpe detrás de mí e inmediatamente subí las escaleras.
Charlie no había llegado a casa aun. Casi nunca llegaba a casa antes que yo y por primera vez en un largo tiempo, agradecía que él no estuviera aquí. No me molestaba estar sola en las mañanas pero realmente odiaba llegar a una casa vacía después de la escuela. Usualmente quiero hablar con alguien porque pasar todo el día únicamente conmigo me hacía sentir sola.
Hoy, sin embargo, el silencio de la casa era bienvenido.
Mi muñeca me estaba matando. Me dolía y mientras el día transcurría note que estaba un poco hinchada. No quise ir a la enfermería, no quería que nadie piense que era débil, asique durante el almuerzo compre jugo de naranja y deje mi muñeca apoyada en la botella todo el tiempo. Nadie se sentó conmigo - Ángela y Ben no aparecieron, sospeche que le estarían dando un sabio uso al asiento trasero de su nuevo Honda - por lo que nadie me pregunto qué había pasado. No me molestó, no habría sabido que contestarles de todos modos.
Nadie creería que el perfecto Edward Cullen cayera tan bajo como para tocarme. No haría ninguna diferencia si ellos lo hubieran visto con sus propios ojos. Nadie haría nada para que él tuviera algún problema.
Llegué a mi habitación y dejé la mochila en el suelo al lado de la cama, me tiré en el colchón sosteniendo mi muñeca y colocándola suavemente sobre mi regazo. Tenía moretones y estaba un poco hinchada pero estaba mejor de lo que podría haber estado.
Sentí que me picaban los ojos por las lágrimas que se formaban de nuevo y me incline hacia el frente colocando los pies en la cama y mi cara entre mis rodillas. Puse mi muñeca contra mi pecho y rodee mis piernas con mi otro brazo, dejando las lágrimas caer y los sollozos salir llenando la soledad de mi cuarto.
Yo no era una mala persona. Me esforzaba para ser amable con todos en la escuela, todo lo humanamente posible, pero a ellos simplemente no les importaba. Estaban tan enfocados en la forma en que me veía que ni siquiera importaba si nos gustaban las mismas cosas. No les importaba si nuestras bandas favoritas eran las mismas, o si opinábamos lo mismo de algo que se escuchaba en las noticieros. Yo no era flaca ni popular y eso me hacia su objetivo.
No era como si yo fuera la única persona gorda de la escuela. Si, era un pueblo chico, pero no todos eran tan flacos como ellos. Solo que también era la hija del Jefe de Policía y por eso tuve que haber crecido con algún complejo de superioridad que no me permitía funcionar en sociedad de la forma en las que ellos obviamente si podían.
No sé cuánto tiempo estuve sentada ahí, desahogando todo lo malo que paso durante el día por medio de lágrimas y sollozos, antes de escuchar unos fuertes golpes en la puerta de la casa. Los ignore, esperando que quien sea que golpeara se fuera y empecé a limpiar las lágrimas de mi cara tratando de regularizar mi respiración.
Pero no lo hizo. Ese alguien se quedo allí, golpeando la puerta por lo menos durante quince minutos hasta que finalmente me levante enojada. Camine hacia las escaleras sosteniendo mi muñeca herida cerca de mi pecho y con la otra mano frotaba mis ojos. Abrí la puerta de un tirón al llegar a la planta baja y mi aliento se quedo en mi garganta cuando vi parado allí a Edward Cullen.
"¿Qué quieres?" le pregunte, mi voz temblando mientras agarraba con fuerza la manija de la puerta y deseaba que mi padre estuviera en casa.
No es como si el haría algo al respecto de todas formas. Charlie alababa al Dr. Cullen y a su condenada familia más de lo que alguna vez lo hizo conmigo. Pero por lo menos el estaría ahí y Edward no podría hacer…
Bueno en realidad no sabía que quería a hacer. Pero de todas formas, él no podría hacerlo si mi padre estuviera en casa.
Edward se movía intranquilo en el porche, arrastrando los pies en la parte Bienvenidos de la alfombra azul que mi padre tenía ahí desde hace años. Una de sus manos estaba agarrando la correa de su mochila y mantuvo sus ojos abajo, mirando fijamente sus pies mientras se encogía de hombros.
"Solo pensaba que tal vez deberíamos empezar con esta cosa. Cuanto más pronto empecemos, mas pronto lo terminaremos."
Y más pronto podrás dejar de tener que asociarte conmigo.
"Ya te dije que yo me encargaría de todo."
"Yo soy tan capaz como tú para trabajar en el proyecto, Isabella" me contesto bruscamente, mirándome fríamente "No soy un jodido idiota."
"Lo sé" dije en voz baja, y ahora era yo la que miraba mis pies.
"Tú no sabes nada acerca de mi."Él contestó casi gruñendo.
Inmediatamente me asuste y me aleje de él, utilizando la puerta como una especie de escudo, tratando de controlar la repentina corriente de nuevas lágrimas en mis ojos.
"Yo solo pensaba que…como tu obviamente no querías trabajar conmigo, yo podría… tu no tendrías que…" mi voz se quebró con un sollozo y escondí mi cara, quedando casi completamente detrás de la puerta. "¿Podemos no empezar a trabajar esta noche?"
"Mierda, Isabella, yo quería…" el gruñó nuevamente y me estremecí, mi mano tensándose aun más en la manija de la puerta. "Déjame ver tu muñeca."
"Mi muñeca está bien. Por favor vete."
"No está bien porque todavía estas siendo cuidadosa con ella. Déjame verla."
"¿Para qué? ¿Quieres empeorarlo?"
"¡No!" él exclamo y yo deje salir un pequeño grito, de inmediato recordé la clase que Química y el hoyo que necesitaba cavar en la tierra justo ahora. "Mi padre es doctor."
"Lo sé."
"¿Como lo…? No importa. No me importa una mierda. Solo déjame ver tu jodida muñeca. No te voy a lastimar."
No me moví, mi cuerpo estaba temblando mientras estaba ahí parada detrás de la puerta escondiéndome del chico por cual sentía este enamoramiento de hace años. Nunca pensé que él podría lastimar a alguien - lastimarme a mí - de esta forma. Yo sabía que no significaba nada para él pero nunca podría haber imaginado que él le haría algo así a una chica.
"Isabella, prometo no lastimarte. Solamente quiero verla."
"¿Por qué?" pregunte, mi voz temblando.
"Quiero asegurarme de que este bien."
"Está bien, ya te lo dije."
"Y yo te dije que no está bien".
"¿Te irás entonces?"
"Si tu quieres que me vaya."
"Si"
"Entonces me iré luego de ver tu muñeca."
Cautelosamente di un paso separándome de la puerta y la abrí un poco más.
"¿Puedo pasar?"
"¿Por qué?"
"Se está poniendo oscuro aquí afuera. No podre ver muy bien."
Trague fuertemente alejándome de la puerta, observando como él la abría y entraba a mi casa. Una vez dentro la cerró y tiro su mochila en el piso. Extendí mi brazo en su dirección, mi corazón latiendo rápidamente en mi pecho cuando él la toma gentilmente entre las suyas. El movió mi muñeca para ambos lados, pareciendo satisfecho de que no llorara del dolor - o tal vez era decepción lo que veía en su cara, no lo sé - antes de presionar dos de sus dedos en los moretones. Me queje por el dolor e inmediatamente aleje mi mano de él, sosteniéndola de nuevo contra mi pecho y mordiendo mi labio inferior. El se quedo mirando mi muñeca, y paso una de sus manos a través de su cabello tirándolo fuertemente.
"¿Podrías poner tu muñeca al lado de la otra?" Edward preguntó suavemente, mirándome a los ojos de nuevo.
"¿Para qué?"
"Podrías simplemente hacerlo." me contestó bruscamente.
Me estremecí pero hice lo que pidió, mirando como su rostro se ensombrecía ligeramente.
"Deberías uh… deberías ponerle algo de hielo" dijo despacio. "No estará tan hinchada mañana si lo haces"
Yo asentí ya que me faltaban las palabras. Edward en realidad parecía… preocupado.
"Ok."
"Supongo que ahora me voy." Dijo entre dientes, tomando su mochila del piso. "Deberíamos arreglar algo para hacer en la feria de ciencias. Tal vez mañana después de clases o algo."
"Seh" asentí, mirando mis pies.
El vaciló y levante mi cara para mirarlo, sacudió su cabeza y agarró el picaporte, abriendo la puerta apresuradamente para salir. Termine de cerrar la puerta, pasando llave y me encamine hacia la cocina. Abrí la puerta de la heladera y saque el paquete de hielo que Charlie solía tener para cuando iba de pesca. Lo coloque sobre mi muñeca, haciendo un gesto de dolor por el frio antes de cerrar la puerta y comenzar a caminar hacia mi habitación.
Tal vez no había nada más allá respecto a Edward Cullen después de todo. Tal vez solo deseaba que hubiera algo porque yo realmente quería que él fuera algo más detrás de la superficialidad y de su cara bonita. Tal vez yo solo quería que alguien como él fuera un chico bueno porque no habían de esos chicos en la escuela y el parecía capaz de serlo.
Tal vez yo solo necesitaba dejar de tener esperanza. Nunca me llevo a otro resultado más que ser lastimada y ya estaba cansada de terminar así.
Charlie llegó a casa alrededor de las seis y media, explicando que tenían un gran caso en el que trabajar y no había podido llamar. El ya había comido ya que paró camino a casa para comprar algo por lo que llegó y se acomodó en frente de la televisión por el resto de la noche mientras yo hacia mi tarea.
Charlie no me pregunto acerca del paquete de hielo que sostenía en mi muñeca. Él no me pregunto cómo fue mi día. Él no me pregunto si todo estaba bien cuando claramente no lo estaba.
Deseaba ser tan invisible para mis compañeros de la escuela como lo era para mi padre algunas veces. Eso haría mi vida bastante más fácil de lo que era en estos momentos.
*Pop tarts son unas especies de tostadas rellenas.