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Historia 53229 — capítulo 2

Bien, estaba en un temporal que no le correspondía. Podría causar una paradoja. Una reacción alternativa, al universo que estaba por desarrollarse. Eso era lo mínimo.

Lo importante, era que estaba atrapado en una historia que no era la suya. Un espacio tiempo que no tenía nada que ver con él. Perfecto, estaba comenzando a enloquecer. Quizá de tanto beber, estaba teniendo pesadillas y soñando con el ensayo de Neville, que seguramente no tenía nada que ver con pociones.

Iba a matarlo. A despellejarlo. ¡A ahorcarlo! Pero claro, primero debía salir de ese lugar. Con un suspiro de frstración, miró a su alrededor. Hogwarts en sus inicios. Parecía que no tenía una suerte peor.

  • ¡Te he dicho que no me importa, Salazar!- escuchó una voz de mujer y se dijo que podría empeorar. Estaba en la época de los fundadores. Si bien siempre quiso expandir sus conocimientos al respecto, eso era mucho.

Demasiado conocimiento, para una sola vida. La mujer, se detuvo en seco, cuando lo contempló. ¿Podían verlo? Ella inspiró y él se preguntó si gritaría, para pedir ayuda. Quizá gritaría para pedir auxilio a Godric Gryffindor y él, lo cortaría en dos, con su espada.

Muy Gryffindor, para su gusto.

  • ¿Quién es usted? Si me permite la pregunta.

  • Soy...- ¿Qué diablos importaba qué o quién era...? No allí- Soy Severus Snape.

  • ¿Snape? No conosco ningún Snape- meditó Rowena Ravenclaw- ¿Cómo llegó hasta aquí, señor Snape?

Buena pregunta, sin respuesta. Inspiró, pensando qué decirle a la mujer, que lo miraba con mucha cautela. Antes de que pudiera hablar, otra persona se acercaba a ella. Usaba una larga túnica negra y caminaba encorbado. Con una inspiración lenta, se detuvo detrás de la mujer y habló. Su voz sonaba como si cantara en voz baja y suave.

  • Rowena. Los puros de sangre, deberían ser los elegidos. ¿Para qué queremos mestizos?

Ella no contestó y él, giró la cabeza hacia lo que estaba mirando ella. Parecía que había un nuevo "inquilino", en el enorme castillo que ellos aún, no habían bautizado. Ambos se miraron por unos minutos. Severus intuyó, que estaba en problemas y que lo mejor, era no decir nada que pudiera ser usado en su contra.

  • ¿Quién es ese?

  • Dice que se llama, Severus Snape.

  • ¿Lo conoces?

  • No. ¿Y tú?

  • Tampoco.