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Cuaderno (la vida fragmentada de una escritora) — capítulo 4
Clic. En medio de la oscuridad se prende un bombillo reluciente, su luz es blanca, transmite tranquilidad. Hay una joven en una cama viendo la parte de una ventana que se quedo sin tapar por una cortina. El cielo esta completamente negro, pero ella alcanza a ver la mitad de la luna, es blanca y tiene luz, pero es diferente a la del bombillo. Trata con todas sus fuerzas levantarse pero su cuerpo no le responde, escucha que alguien le dice que no se levante, que esta débil, pero aparte de estar débil, esta conectada a unos cables que la mantienen viva pero atada, unos cables que no la dejan disfrutar de su libertad. De la poca libertad que le quedaba a su cuerpo moribundo.
No sabía si podía hablar, pero sentía unas ganas inmensas de gritar, le dolía, estaba desesperada y quería irse de ese lugar. "Quiero irme" logró articular con una frágil voz. Sentía que tenía que irse, pero esos malditos cables no la dejaban.
Al recibir una negativa por parte de la persona que estaba a su lado, decidió seguir viendo la mitad de la luna. Era tan hermosa. Siempre pensó en que lo último que quería ver antes de morir, eran dos cosas: sus ojos verdes y la luna.
Tenía frío y ya habían pasado unos minutos desde que despertó. No se acordaba de la última vez que había estado bien, ya hacia tiempo que nada andaba bien. Sus fuerzas se habían agotado y en su cuerpo no existía ni la sombra de una sonrisa. Pero tal vez la condición de su corazón fuera la más grave, desde hacia tiempo ya no estaba en su pecho, ya no le pertenecía. Pero ella sentía como se estaba desangrando, como cada latido era una cuenta regresiva, ya no quería trabajar más.
Su mirada permanecía en el cielo, era distante e increíblemente vacía. De un momento a otro su mirada dio un destello de brillo y no eran las dos estrellas que ahora estaban al lado de la luna como guardianas del astro plateado. Eran lágrimas de emoción, algo que hacia rato no experimentaba su ser, "emoción" fue lo que ella misma decidió negarse para continuar, sin darse cuanta que lo que hacía era poner un punto final. Pero en aquellos ojos aun había vida. O tal vez, solo era el reflejo mágico de la luna.
Sintió que la puerta de su habitación se abrió rápidamente y alguien se acercó a su cama. Eran sus ojos verdes.
Una vez, ellos dijeron que nadie podía morir de amor. Lo único que recuerda ahora, es que respondió: "puede ser el comienzo".
En este momento su fin.
"Te amo"
Clic. En medio de la luminosidad, una vida se apagó.