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Cuaderno (la vida fragmentada de una escritora) — capítulo 6

As de picas, eso era lo que le faltaba para darle fin al juego. Pero la maldita carta parecía esconderse en la baraja. Luego de varios intentos cerro el juego. Nunca había ido a un casino, le gustaban mucho los juegos de cartas, el azar la atraía pero lo que más le gustaba del azar es que la vida estaba llena de él.

Pero en su vida, tenía un lugar bastante importante desde algunos años atrás. Recuerda a la perfección cuando fue el primer día que dejo de tomar decisiones y le otorgó esa responsabilidad a dos trozos de papel amarillos muy arrugados. Un papel decía Sí y el otro decía No. Pensó que así su vida seria mucho más fácil, ya no tendría que tomar decisiones difíciles y si algo terminaba mal ella no tendría la culpa, la culpa sería del azar.

Así había transcurrido el tiempo y podía ser increíble pero los papeles eran mucho mejores que los consejos de una amigo o de la familia, los papeles eran sabios ellos sabían que era lo bueno para ella. Pero, ¿Sería el azar el que los papeles tuvieran siempre la razón? o ella había estado engañada y era esclava de un par de papeles arrugados.

Muchas veces había pensado en esa posibilidad pero al mismo tiempo pensaba en la gran ayuda que habían sido esos papeles en momento críticos donde no sabía que hacer con su vida.

El momento en que más la ayudo fue cuando los papeles decidieron que ella se tenía que alejar de su país. No quería hacerle daño a la persona que amaba y ya se había hecho demasiado a ella misma. Esa tarde se hizo una pregunta antes de una reunión familiar y lo que les comunicó a todos era su partida, se iría a formar otra vida en otro lugar, no importaba cual fuese, lo importante era irse. ¿Para qué? Eso sí era complejo, allá o acá ella sentiría lo mismo. Y ese viaje, esa vida nueva no era algo que ella hiciera por sí misma o para sí misma, era para que la vida de la persona que amaba fuera… lo que había pedido, pues le había dicho que la amaba pero tenían de alejarse. Extrañas palabras ¿No?

La verdad jamás las comprendió del todo. Lo que hizo fue encerrar su corazón bajo llave. Llave que tenía… sí, esa persona y por lo tanto su corazón nunca seria el mismo. Pero en algunas ocasiones es mejor no comprender, porque cuando lo entiendes sufres. Y en el fondo ella sabia bien qué pasaba pero no quería afrontarlo. Las ultimas palabras que le había dicho eran "Yo te amo, no te confundas, solo que… te tengo que alejar de mí".

Eso había pasado hace 3 años y ahora estaba de nuevo en su país. Un mensaje que le había mandado decía que se encontraran en un café, en ese caso no usó los papeles para tomar una decisión pues todo lo que dijera, para ella eran como ordenes. Estaba en la entrada hacia mucho tiempo no se veían, pero cada uno de sus latidos tenían nombre, tenían SU nombre. Cuando estaba en la puerta le llego a su celular un mensaje de texto que decía: "¿Aun me amas? ¿Aun quieres irte a vivir conmigo? ¿Me perdonas?"

Llego a la mesa y le entregó un papel y rompió por la mitad otros dos. El papel estaba doblado por la mitad, lo desdoblo y miro que decía Sí, nunca te he dejado de amar. Los otros dos papeles ya no los iba necesitar, toda su seguridad se encontraba junto a ella, ahora estaría bien y el azar dejaría de regir su vida.

Siempre habían sido tres papales. El tercero y ultimo, el que jamás sacó antes y ahora estaba entregando, no era para nada azar, era amor.