← Historia 53621 · de
Historia 53621 — capítulo 9
El pulso cardíaco de Maia disminuía a medida que el nerviosismo de Lisa, Max, Jackie y Carlisle aumentaba. Era de noche, por lo que había muy poco personal de guardia en el hospital, los cuatro estaban en la sala de terapia intensiva, al lado de la adolescente, que estaba recostada en la cama, pálida como nunca antes la habían visto, y conectada a una serie de máquinas que la mantenían con vida. Sin embargo, todos sabían que eso no duraría demasiado tiempo. El corazón latía cada vez con mayor esfuerzo, la respiración se daba solamente por acción del respirador artificial. Una venda cubría la cabeza de la chica, otra su torso, las computadoras emitían diferentes sonidos.
- Carlisle - dijo Edward que acababa de entrar a la habitación.
- ¿Sí?
- Creo que este es un buen momento para que Max actúe, no hay nadie controlando, de día es más complicado, debido a que nadie puede ingresar a la sala de terapia.
- Tienes razón - dijo él
- Creo que es una buena idea - dijo Edward.
- Habría que desconectarla - dijo lentamente Carlisle. Lisa observó con tristeza a su hija.
- Me voy, no soporto ver esto. - dijo y salió de la sala. Jackie la siguió. Los dos se subieron al auto de la mujer y partieron rumbo a la casa de los Cullen.
Lentamente, Carlisle le retiró el respirador a Maia. Era evidente que a la chica le costaba horrores respirar por sí misma. Lo hacía muy despacio, y con enorme dificultad. Pip... Pip... Pip... ... ... Pip... ... ... ... Pip ... ... ... ... Pip ... ... ... ... ... Piiiiiiiiiiiii...
- Toda tuya - dijo Carlisle luego de revisar los aparatos y corroborar el pulso, ya inexistente de Maia. Max tomó la mano de la chica entre las suyas y comenzó a frotarla con delicadeza, como si quisiera calentarle la mano en una noche de frío. La mano de ella ya estaba casi tan fría como la de él.
- ¡Vamos Maia! ¡Por favor! - dijo él al ver que no estaba funcionando. Comenzó a frotar la mano de la chica con más énfasis, y luego continuó por el brazo - ¡Maia! ¡Te lo ruego! Por más intentos del chico, ella seguía muerta. Max la soltó un segundo y luego volvió a intentarlo... El tercer intento fue el que dio resultado, primero oyeron un suave sonido, un latido aislado, pasó casi un minuto hasta que se produjo el segundo, y otro más hasta el tercero... Finalmente, los latidos se hicieron regulares. Carlisle volvió a conectar el respirador.
- Muy bien - le dijo sonriendo al chico que observaba, aún asustado, a Maia - sus latidos ya son mucho más regulares y el corazón ya no está realizando un esfuerzo para funcionar, tardará un tiempo, pero se recuperará. Max sonrió y besó suavemente la mejilla de su novia. Finalmente podía sentirse aliviado, y a la vez conforme con su don.
-Tuve que venir - dijo Carlisle a modo de disculpa apenas entró en la casa, miraba a Lisa que estaba sentada en el sofá, conversando con Jackie - No hay forma de explicar cómo puedo estar tres días sin dormir…
-Lo sé, - dijo ella - no te preocupes. Además, veo que Maia está un poco mejor.
Max entró unos minutos después que Carlisle. Apenas cruzó el umbral sintió que alguien se arrojaba a sus brazos.
-¡Gracias, Max! ¡Sabía que podrías hacerlo!
-No tienes nada que agradecer. - respondió él cohibido.
-¡JACKOB BLACK ME IMPORTA UN COMINO EL TRATADO, QUIERO VER A MI HIJA! - Gritaba Bella en el piso superior mientras Jasper subía las escaleras corriendo - Escucha - dijo ahora más tranquila - queremos hablar con ella, saber qué ocurre.
-Como Ness no quiere venir, te pedimos lo siguiente, una suspensión de la prohibición, para Bella y yo, por dos horas. Nada más. - decía ahora la voz de Edward. Luego de una pausa dijo - Gracias.
La Push, casa de Jake.
Edward y Bella estaban en la sala observando a una Renesmée muy reacia a hablarles.
-¿Podrías dejar de pensar las tablas de multiplicar y explicarnos qué ocurre? - pedía su padre.
-Ness, ya te he puesto el escudo, ahora sólo cuenta que ocurre - pedía tranquilamente Bella - ¿Por qué no has ido a casa en estos días?
-¿Acaso no se dan cuenta de que todo esto es mi culpa? ¡¿Con qué cara quieren que mire a Lisa?! ¡¿Y a Jackie?!
-Nada de esto es culpa tuya, ha sido sólo un accidente. - explicó Edward.
-Un accidente en el que no hubiera estado Maia si YO no le hubiese dado mi coche a Jake, o si a MI no se me hubiese ocurrido ir a la ciudad, o si YO no fuese quien impide que Alice lo vea antes de que ocurra.
-Nadie cree que tú tengas la culpa. - reiteró su padre - Sólo fueron una serie de coincidencias con mala suerte. Lisa está agradecida contigo por haber alertado a Carlisle a tiempo…
-¡¿A tiempo?! - estalló Ness - ¡Papá, Maia está en coma, no saben si se salvará o si habrá que convertirla y yo alerté a tiempo!
-Está viva, y va a mejorar. Y Lisa está agradecida contigo por eso, Renesmée. - dijo Bella.
-*Hace tres días los sorprendíamos con la noticia del espectacular accidente ocurrido en la ruta 101, a tres kilómetros de Forks, -*decía la locutora del noticiero de las ocho en el televisor. Lisa, Melanie y Fred miraban el programa -hoy se conoció gran parte de lo ocurrido. Peter Meyer, el conductor del camión estaba ebrio según las pericias brindadas por la policía. Pero lo sorprendente es que, además de salir ileso de un siniestro que se cobró la vida de 20 personas, no ha sido multado o condenado por este hecho, pese a que es la tercera vez que ocurre algo así con este mismo sujeto. La empresa para la que trabaja aseguró que no lo despedirán debido a que no ha sido sancionado por ninguna autoridad.
-¡Es una barbaridad! - exclamó Melanie furiosa.
Lisa no dijo nada, sólo agarró el televisor, lo estampó contra la pared y salió corriendo de la casa antes de que ninguno pudiera decir nada.
Corrió algunas cuadras y se detuvo a olfatear el aire. Sonó su celular.
-Ya sé que lo sabes, Alice, pero no me importa. - dijo al atender.
-¿No quieres que Jazz vaya hasta allí y lo piensas tranquila?
Lisa cortó el teléfono y comenzó a seguir el olor que acababa de detectar.
Llegó a la cabina de un camión, no el que había chocado contra su niña, sino otro, uno nuevo. El nuevo coche que la empresa le había dado ¿Qué necesidad de premiar a un hombre como ese? El hombre dormía adentro. Ella golpeó suavemente la ventanilla. El camionero la observó como sorprendido de que una hermosa mujer golpeara el vidrio de un camión sola en la mitad de la noche.
-Hola preciosa ¿Te puedo ofrecer algo? - preguntó con un tono que a Lisa le produjo un pequeño escalofrío y gran desagrado. El hombre la miró de arriba abajo, luego, sus ojos se conectaron.
Él mismo iba a toda velocidad en la ruta tomando vino de una caja, el camión impactaba contra el colectivo.
Él mismo pagaba un cheque a la policía.
Él mismo tomaba media damajuana de vino y luego salía con su camión y atropellaba a un niño.
Él mismo pagaba un cheque a la policía.
Él mismo violaba a una jovencita.
Él mismo pagaba un cheque a la policía.
Él mismo chocaba contra un auto matando a una familia entera.
-Hola, buenas noches ¿Podemos conversar un rato? - preguntó Lisa con voz suave - Hace frío aquí fuera.
-Adelante, preciosa. - respondió el hombre abriendo la puerta del acompañante. Lisa ingresó y se sentó en el asiento. - ¿De qué hablaremos, linda? Yo voy a darte calor.
-No, gracias.
-Te has metido en el lugar equivocado, bonita. A mí, ninguna mujer se me niega. - dijo intentando acercarse a la mujer y tomándola por los hombros, pero antes de entrar en contacto con ella, Lisa se le escapó y lo atrapó a él.
-A mí nadie me obliga a nada, Peter.
-¡¿Cómo sabe mi nombre?! - preguntó el camionero espantado. Forcejeaba desesperado por zafarse, pero en vano.
-Usted es un asesino y un corrupto. Tendrás que pagar por atropellar a mi hija con un camión, además de lo que has hecho con otras personas. - susurró ella.
-Yo no sé qué pretende… - dijo.
-Te haré lo mismo que le hiciste a mi niña: traumatismo de cráneo, lesiones pulmonares, el hígado lastimado, cuatro costillas fracturadas y una fractura de columna. - respondió. A continuación le dio un fuerte golpe en la espalda, le quebró la columna, le lastimó los pulmones, le fracturó las costillas y finalmente le partió el cráneo. Luego revisó su trabajo. Si no acudía nadie, el hombre moriría en media hora.
Lisa bajó del camión y comenzó a correr a toda velocidad por el bosque. No sabía con exactitud a dónde se dirigía, sólo sabía que necesitaba correr y despejarse…
Su celular volvió a sonar. Atendió.
-Lisa ¿Puedes dejar de correr sin rumbo y venir un momento a casa? - le preguntó Edward - Tenemos problemas.