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Historia 53763 — capítulo 1

Severus la miraba en la cama. Sonreía mientras ella estaba dormida hacia otra dirección. Siempre sentía el calor de su cuerpo, sin importar cuantas veces se moviera de posición. A veces se movía en la cama, buscándola.

Buscando ese calor.

Las cinco en punto de la mañana. Tenía que vestirse e irse a Hogwarts. No se verían por mucho. Muchos meses pasarían, antes de sentir en su fría cama, el calor de su cuerpo. Su dulce voz.

Pero los reencuentros siempre valían la pena. Bien podía esperar por ello. Pero ya sabía, que ella no podía realizar el proceso a la inversa. Sonrió con suavidad y se acercó a su oído. Suspiró. Sabía que ella nunca dormía cuando él le avisaba que tenía que irse y las vueltas que estaba dando, eran una muestra de ello.

—Ya es hora de que me marche.

—Lo sé.

—No has dormido nada ¿verdad?

—No. No he dormido nada, de solo pensarlo.

Su matrimonio aún era joven. No tenían más de dos años de casados y bien podía comprenderlo. Podía entender cómo se sentía, separarse de él. Por supuesto, por que él sentía algo similar al separarse de ella. La rodeó con sus brazos y la miró. Ella comenzaba a darse la vuelta y su expresión habló por sí misma.

Ella había estado llorando. Al menos, era la primera vez que veía algo como eso. Nunca lo había visto antes. Quizá no había puesto atención. Pero en lo que recordaba, ninguna mujer había llorado por él.

Le sonrió, pero eso no apartó las lágrimas de su rostro.

—No me voy por mucho. -contestó, pero eso no calmó su llanto.

—Te voy a extrañar. ¿Me vas a extrañar?

—Por supuesto que voy a extrañarte. ¿Cómo no voy a extrañar a mi amada esposa?

—¿Seguro?

—Completamente.

Se sentó en la cama, mientras ella lo miraba ir y venir. Tenía que empacar y no podía detenerlo. Y ¡cómo se le partía el alma, cuando él se levantaba de la cama! Se marchaba y regresaba tiempo después. Ese tiempo de soledad. Ese tiempo de reflexión personal. Nada estaba bien, si él no estaba presente.

Aunque tuviera libros, el aroma de su cama para recordarlo. No era suficiente.

—Te traeré un regalo, te lo prometo. Solo serán un par de días o semanas.

Y como niña pequeña, se sentaba en la cama. Junto a él, mientras se calzaba los zapatos. Suspiraba allí, a su lado. Él sonrió y dejó reposar su cabeza sobre su hombro. Ella continuó llorando en silencio.

—No es un adiós. Es solo un hasta luego. Y el tiempo pasará rápido, ya verás. Te divertirás y no te enterarás.

—No es lo mismo.

—Aprende a independizarte, que te hace falta. Por que me vaya no te dejaré de amar.

Y alzó la cabeza para mirarlo, mientras él sostenía su rostro con ambas manos. Depositó un beso en su frente y secó sus lágrimas con sus dedos.

—Voy a volver y espero sonrías más. Ya me contarás qué hiciste. Y yo te contaré qué he visto. Te fascinará.

—Te amo, Severus.

—Yo también te amo. Hermione.

Y verlo partir, era la parte más dolorosa del cuento. Pero sabía que volvería, no importaba cuánto se tardara. Volvería a contarle tantas cosas. Y su amor podía dar frutos, mientras los separaba la distancia.

Escribía de vez en cuando. Esas cartas que la llenaban de alegría. Que le hacían sentir especial, en cada trazo. En cada letra que él escribía para ella. No importaba cuántos centímetros tuviera. Lo importante era su contenido.

Y un te amo bastaba.

Para separar a lugares tan lejanos de sí, que pueden solo cruzarse en tren.