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Idiot — capítulo 7
Benditas las horas de oscuridad y las noches sin luna, y las horas sin tiempo.
Cuando la oscura figura se presentó frente a mi, con sus galas negras y ligeras rodeando su delgado ser. Te he visto antes -le dije- pero no respondió tan sólo me miró con una lúgubre sonrisa que se trastornó hasta parecer una carcajada.
Sus dedos tocaron mi pecho y yo tan sólo grité. Sus labios se movían pero no podía escucharla. Susurrando se acercó a mis oídos, pero su voz tan sólo era un chillido extraño para mi.
Entonces con un fuerte apretón introdujo en mi pecho un delgado alambre. Sólo una punzada sentí antes de caer de rodillas. El sabor dulce del liquido saliendo de mi boca lo reconocí de inmediato. Era la sangre que casi burbujeaba.
Pero al final tomé lo primero que tuve cerca para ayudarme a levantar y entonces la encontré, su mano apretó la mía y con un ligero jalón me puso de pie. Jamás olvidaré su sonrisa sombría que se impregnó en mi mente.