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Historia 53981 — capítulo 1
Me levanto de mi cama y encajo mis pies en los zapatos que están junto a ella…
Son las 9:00 am y Lucy se ha ido… ¿Por qué todas se van justo cuando me duermo? Pues que importa, de todos modos se le olvido cobrarme… si ella es feliz así, yo igual.
Miro por la ventana y Paris sigue igual que siempre; alegre, con ese toque de antigüedad, lúgubre, que tanto me gusta, no quisiera vivir en otro lugar…
Tomo mi bata roja de terciopelo, bordada finamente con hilos de oro y me abrigo con ella; que gracioso, parece ser que mi única compañera fiel es la soledad, como decía Francisco de Quevedo y Villegas Con soledad entre las gentes verse, y de la soledad acompañarse.
Abro las cortinas de todos los ventanales del cuarto para iluminar mi zona de trabajo, no espero que de algo sirva, pues mi bloqueo parecía ser ya permanente, pero de todos modos no perdía nada con tratar… el día era joven y yo también, me quedaba mucha vida por delante, había desperdiciados valiosos 26 años de ella y no lo seguiría haciendo más.
Me siento frente a mi máquina de escribir y me fuerzo a escribir lo que veo: Soledad, fiel amante que va de cama en cama; tú que regresas cada noche y estas en todas partes expuesta a cualquiera dime como se vive así, sin preocupaciones y yendo de aquí para allá.
Hago una pausa. Todo lo que sale forzado no viene de mí sinceramente. Desisto de la idea de escribir y bajo las escaleras de mi casa para desayunar.
Otra vez solo conmigo mismo… de ese modo debería poder escribir, pero no. Parce que la comunión conmigo no sirve, ni la de la iglesia tampoco-además soy judío y no he pisado un templo desde que nací- al parecer.
Esta no es la mejor manera de comenzar el día… me gustaría estar rodeado de mujeres que clamaran mi nombre con sus finas y sensuales voces, diciendo: Pierre… Pierre…
En fin… solo es un deseo, no por eso será realidad…