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Historia 54050 — capítulo 5

segunda parte.....espero que les guste...

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Sirius se removió incómodo en su asiento. Hacía por lo menos... ¿veinte años? que no se sentía así. Por fin se decidió por una posición y ahí se quedó, con las manos firmemente empotradas en el apoyabrazos de la silla de su oficina, los codos pegados al cuerpo, bien derecho y con los hombros levemente encogidos. Y mirando fijamente al hombre sentado frente a él con la expresión más natural que pudo componer.

El tipo parecía estar estudiándolo. A pesar de tener unos seis a siete años más que el nefrólogo, estaba muchísimo más calvo, y el poco pelo que le quedaba en la cabeza era completamente blanco. Vestía pantalón de traje y camisa de polo blanca con cuello azul. Y tenía por lo menos veinte kilos de sobrepeso, si no más. Ambos estaban serios. No serios de funeral, más bien serios de concentración. Uno concentrado en examinar. El otro, en pasar el examen. 

  • Así que... usted es Sirius Black...  No pudo identificar la inflexión de ese tono. Así como tampoco pudo evitar que su propia voz saliera con un dejo de sarcasmo. 
  • Puede tutearme. Soy más joven que usted.  El tipo frunció ligeramente el ceño, y el gesto le pareció a Sirius demasiado familiar.
  • Apenas tendrás cincuenta. No esperarás tratarme de viejo, ¿verdad? 
  • Tengo treinta y nueve. Y por tener más años que yo puedo decirle viejo.  Ahora sonrió. Ligero alivio para el nauror, que dejó escapar disimuladamente parte del aire que venía reteniendo. Mantuvieron las miradas por otro silencioso y eterno minuto. - es mago con doble especialidad, ¿verdad?
  • Y jefe de un grupo de aurores jovenes,  como verá. - Levantó una mano para señalar la puerta de la oficina, pero ninguno apartó la mirada.
  • Yo soy dentista.y nose mas magia que lo me cuenta hermione, - comentó. Parecía que intentaba aligerar el ambiente, pero el tono seco no ayudó en mucho. Un nuevo silencio, más largo esta vez. O quizá eso le pareció a Sirius. ¿por qué diablos no llegaba...? Sus pasos en el corredor. Lo hubiera apostado, eran sus pasos. Y cuando la vio cruzar la puerta de la sala de aurores sintió cómo su cuerpo se tensaba aún más. Había llegado el momento.  La vio dejar su tunica en el perchero. Estirar los brazos a los lados y pasarse una mano por el pelo fue lo siguiente. Y luego, mirarlo a él. Y reparar en el hombre frente a él con el ceño fruncido. He ahí el gesto familiar.  Se detuvo en la puerta de intercomunicación con los brazos en jarra y pasando la mirada de uno a otro. Por fin dejó su cabeza quieta enfocando de lleno al hombre canoso y pelado, que sonreía muy ampliamente, su atención desviada ya de Sirius. 
  • Papá, ¿serías capaz de explicarme qué haces aquí? rn Espero comments para seguir.