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Lo que una chica puede soportar — capítulo 2

El tiempo paso y XureItza y yo volvimos a hablarnos con el permiso de nuestras madres, ya que se habían dado cuenta de que nos hablábamos a escondidas, Nami y su hermano ya no Vivian en nuestro vecindario, ahora Vivian en la zona de los ricos ya que su madre se había casado con alguien de buena posición económica y dejaron de hablarnos.

Yo en la escuela tenía buenas notas y otras amistades y a diferencia de Nami y XureItza yo iba a una escuela de gobierno y ellas a una privada o como acá se les dice a las escuelas de paga ellas iban a colegio, pero a Itzá no le gustaba ya que ella al igual que yo éramos de familias de clase media y seguido venia llorando porque las niñas ricas se burlaban de ella, en más de una vez me había peleado con alguna de esas fresas en alguna fiesta de cumpleaños a las que XureItza me invitaba de esas tipas, y casi siempre era porque se burlaban de nosotras, solo habían 5 niñas que a pesar de ser de familias adineradas eran muy humildes y tímidas y era con quienes nos llevábamos bien.

Llego un tiempo en el que XureItza y yo nos distanciamos por la diferencia de amistades y de actividades, yo comencé a salir más con mis amigas de la escuela y XureItza en las tardes tenía sus clases de piano, gimnasia, o alguna tarea en equipo, paso el tiempo así hasta que un día vi a J.A quien después de que Itzá y yo lo descubriéramos con otra se había ido a vivir a un pueblo con una tía por parte de su padre, y ahora había vuelto y para ser sincera estaba más guapo, así que le salude y comencé a platicar con él y a coquetearle, entonces escuchamos a Itzá gritar un noooo muy desgarrador y la vimos salir corriendo de su casa y que iba llorando mientras que su padre la veía con lagrimas en los ojos así que nos acercamos al él para saber que pasaba con nuestra amiga y fue cuando nos dijo que la abuelita de Itzá había fallecido, J.A y yo corrimos al parque en el que sabíamos que ella iba cuando algo malo le pasaba, la vimos ahí llorando en uno de los columpios, pero fue cuando me di cuenta de que J.Aaun la seguía queriendo ya que se encelo de ver que con nuestra pequeña amiga estaba abrazándola un muchacho el cual acababa de llegar, tuve que calmar a J.A quien ya iba derechito a golpear al muchacho, cuando se calmo nos acercamos y ella corrió a mis brazos y lloro aun mas fuerte ya que Itzá a parte de ser muy sensible y sentimental era muy unida a su abuela ya que la madre de mi amiga es muy fría y su abuela compensaba la falta de ternura de su madre, Itzá cambio mucho tras la muerte de su abuela más de una vez intento huir de su casa, comenzó a ser muy rebelde y a andar con chicas y chicos darketos y a sacar malas notas, J.A y yo no sabíamos cómo ayudarla, ya que el tenia sus propias broncas, un día J.A y yo andábamos patinando y vimos a Itzá sola en el parque llorando así que nos acercamos y fue como si volviéramos a ser los niños pequeños comenzamos a correr jugando a las traes y riendo, cosa que Itzá ya no hacía desde lo de su abuela, cuando los 3 volvimos a casa de J.A ahí afuera estaban la abuela de él, mi madre y la madre de Itzá quien por primera vez abrazo a su hija haciendo que ella se sorprendiera, su madre comenzó a llorar mostrándose por primera vez vulnerable cosa que causo que Itzá se mostrara fuerte ante su madre.Desde entonces Itzá se lleva mejor con su madre aunque aun tienen sus desacuerdos, yo tuve que mudarme un tiempo a casa de mi hermano mayor ya que me quedaba más cerca de la escuela, un día Itzá me llamo en la madrugada para avisarme que J.A estaba preso por asaltar a un taxista ya que su abuelo estaba muy enfermo y no tenía dinero, días atrás al señor le habían diagnosticado cirrosis y según Itzá quien era la que ayudaba a la abuela de J.A a cuidarlo el señor estaba ya muy mal, me decía que ya parecía esqueleto de lo flaco que estaba y que solo tenía gorda la panza, decía que estaba tan flaco como las anoréxicas y con una panza que parecía embarazado y ustedes pensaran que me dio gusto, pero no, ni a Itzá, las dos nos sentíamos mal por verle sufrir ya que mala persona o no su familia sufría y con J.A nosotras sufríamos al verle mal, ambas fuimos acompañando a la madre de XureItza y a la abuela de J.A al lugar donde estaba nuestro amigo, mientras la madre de mi amiga ayudaba a la señora con lo del asunto con las cosas legales nos permitieron verle, J.A al vernos lloro como un niño y le grito a Itzá que se fuera que no quería verla, ella salió corriendo y yo me quede.