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Historia 54368 — capítulo 1

Fregaba unos platos lentamente, mientras su hija la perseguía, le tocaba la pierna, y de vez en cuando se caía, tratando de seguir el paso de su madre.

—Alba, quédate quieta mi amor, que si no, no puedo terminar de ordenar.

 La nena no respondió, y se marchó hacia la alfombra gris, a jugar con un almohadón en forma de taza de café.  Lo mordía, y a la vez cantaba una canción de un programa de televisión, esos fastidiosos que no terminan de chillar nunca.

La mujer ahora secaba los trastos, y los guardaba en la alacena. Acomodaba el mantel de la mesa, y encendía la luz del living, así su hija podía ver bien. Abría las cortinas para que la luz entrara, una de las ventanas tenía barrotes, y al verlos siempre recordaba un episodio un tanto dramático y a la vez cómico, Gabi Jr. queriendo volar…

— Mami, quiero leche…— Escuchaba desde arriba de las escaleras, una voz un tanto adormecida.

— Bueno Gabi, ¿con chocolate? — Ella era multifunción, hacía mil cosas a la vez, y nunca paraba. Se asomó hacia las escaleras, para ver a su hijo parado arriba, con un almohadón  réplica del que tenía su hija, y refregando sus ojitos, le hablaba dulcemente a su madre…

— Sí mami… — Volvía a su cama, a seguir durmiendo, y a soñar con limones hasta que su madre regresara con la leche caliente…

La nena seguía entretenida con su almohadón, y ahora había encontrado unas pinturas que estaba utilizando, embadurnándose la cara.

— ¡No Alba, no te ensucies!

— Pero estoy aburrida, mami.

—  Cuando tu hermano se levante vamos a hacer algo divertido, te lo prometo.

Ella fue nuevamente a la cocina, y llenó un biberón de leche, tan blanca como las paredes, con cucharadas de cacao. No pudo evitar la tentación, y llevó a su boca un poco de chocolate, que saboreó lentamente.

Adentró el biberón en el microondas, y mientras la leche se calentaba fue a despintar a su hija.

— Vení,  a ver — La llamaba, y con un algodón con cremas le sacaba la pintura. Alba se rehusaba, esquivándola moviendo la cara, pero de nada servía la defensa de la nena.

—¡¡No mami, pica, pica!!

— No pica, Alba, dejá de decir pavadas.

— ¡Caca mamá, caca!

— ¡Alba! ¿Quién te enseñó a decir esas cosas? — La miraba amenazante, había terminado de pasar el algodón.

— Gabi…

— Debí habérmelo imaginado*… ¡Dios!*

El microondas hizo un pitido, que indicaba que la leche ya estaba lista. Ella la sacó, tomó con el otro brazo a la nena, que acariciaba la barriga de su mamá, y subió las escaleras.

Llegó a la habitación de su hijo, y le dio el biberón. Acomodó a Alba en la otra cama, y se sentó a los pies de ésta. 

Su teléfono móvil sonaba, y con un suspiro atendió…

—Hey, Luu.

— Hola Gabi, ¿cómo estás?

*—*Sentadito.

*—*Ja.ja.ja, qué gracioso. ¿Qué necesitabas?

*—*Los papeles que te di ayer, los necesito, ¿para la tarde puede ser?

*—*Sí, yo te los llevo.

*—*Gracias, adiós.

*—*Besos.

Colgó el teléfono, y se paró de nuevo, caminó hacia su oficina y revisó en la biblioteca, detrás de un libro… "De limones y otras cosas" sacó un sobre marrón, que estaba lleno de papeles.  Lo vació sobre el escritorio. Era el censo del *Gabinismo.*Luego de asegurarse que estaban los papeles indicados se volvió hacia la pared de la derecha, donde había colgado un calendario y unos marcos con fotos. 

Analizó el calendario, y observó que el día "20 de Junio" estaba remarcado con rojo, buscó las referencias detrás de la hoja y decía, con una letra bien clara y redonda, "día del padre".

Ella sonrió, y salió de la habitación. Bajó las escaleras, y tomó una videograbadora que estaba sobre un modular de la sala. Subió nuevamente los catorce escalones, y vistió a sus hijos, los dos con unos  vaqueros oscuros, y una camiseta blanca, con un limón en medio. Los peinó, y los hizo bajar. Los sentó en un sillón de la sala, y colocó la videograbadora sobre la mesita de té. Les susurró lo que debían decir al oído, y mientras ellos practicaban, la mujer tomó dos marcadores, uno negro y uno amarillo. Se escribió en la barriga "Feliz día papá" y con amarillo se dibujó un limón, como el de las camisetas de sus hijos.

Colocó en "automático" la cámara, y se sentó junto a los nenes. Ella contó hasta tres, y cuando la luz roja se encendió, los tres repitieron al unísono…

— ¡Feliz día, papá Gabi!