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Eres tú — capítulo 1
*Estaba caminando, el día era terriblemente malo. Como si esa expresión realmente existiera. Mi paraguas se iba volando entre los aires. El viento se llevaba mi gabardina negra y mis cosas. Parecía que en ese día, solo tendría mala suerte.**Me resbalé mientras iba por mi paraguas. El viento traía lluvia y yo estaba mojándome completamente. Además, llevaba zapatos de tacón y mis pies estaban al descubierto. Apenas cubiertos con unas delgadas medias de nailon.**El punto era, que tenía un pésimo día y parecía ponerse peor. Maldije interiormente, por un par de minutos y continué corriendo tras mi paraguas.**Cuando por fin lo alcancé, miré hacia adelante. Estaba atascado en una alcantarilla y si ponía mi pie allí, simplemente terminaría cayéndome.**Bendito paraguas. ¡Por Merlín!**Me incliné para tomarlo, trataba de alcanzarlo. Bien, nunca lo alcancé. Estaba estirando mi brazo, cuando una ventisca me llevó hasta él.Y entonces me caí. Torpemente me resbalé y mi tacón se atascó en uno de los orificios de la alcantarilla. Me resbalé y caí de rodillas, golpeándome. Bien, eso dolía mucho. Mucho y mucho. Llevé una mano a mi rodilla izquierda y me sobé rápidamente.¿Qué le había hecho al mundo? Diablos...*Y entonces, una mano tomó mi paraguas. Antes de quejarme, lo abrieron y me cubrieron con él. Dije un: "gracias" y comencé a ponerme en pie. Así fue como lo conocí. Un hombre muy elegante. Me pareció muy extraño. No solía encontrarme con personas tan amables. De hecho, ya llevaba minutos así, esperando la ayuda de alguien. Él me levantó del suelo y sostuvo el paraguas, hasta un pub. No sé para qué, ya que estaba emparamada hasta los dedos de los pies. Me senté en una mesa y lo contemplé. No me decía gran cosa, pero para mí tenía una apariencia muy conocida. Qué casual nuestro encuentro. Pagó por dos cafés bien calientes y se sentó a mirarme y a tomárselo, mientras yo hacía lo mismo. Qué agradable ese extraño. — Ah, muchas gracias por salvarme de ese aparatoso momento. — Tiene que estar al pendiente de situaciones como esas. Para que no se repitan. Sonreí a modo de disculpa y me ofrecí a pagar por los cafés. A devolverle el dinero. — No importa. No lo necesito. Asegúrese de calentarse muy bien, con eso. El tiempo está terrible allá afuera.