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Eva Monte & Alec Vulturi — capítulo 21
-Gracias, -subí las escaleras y le miré- Ah, Edward no me trates como a un niño ¿de acuerdo?
-Sí, ya me empezaba a asustar de este Alec.- se paso la mano por la frente.
-ya te vale.- se echó a reír.
Entre muy rápido y seguí el olor de Eva hasta la cocina, donde estaba sentada de espalda ayudando a Esme con una ensalada.
Esme me sonrío pero ella no se dio cuenta, me acerqué y la cogí por la cintura.
-¡Alec!- me miró, soltó el cuchillo y se giró para abrazarme.- ¿Qué tal te ha ido?
- bueno…- apartó mis manos y fue a seguir con la ensalada.- de eso nada.
Lagiré y le besé con fuerza, me echó los brazos al cuello.
-Creo que me has echado de menos.- la levante un poco del suelo y la abracé metiendo la nariz en su cuello.
-Wuau, ¡Chicos no lo hagáis aquí para algo están las camas!-La solté y me giré.
Emmett se estaba tronchando de risa, apoyado en el marco de la puerta. Eva estaba colorada como un tomate, se fue hacía la puerta pero Emmett la cerró el paso.
-¿para mi no hay nada?- ella suspiró y compuso la expresión que me indicaba que se avecinaba un comentario sarcástico.
-Sí, una buena leche como no te apartes.- él la cogió por la cintura y la levantó del suelo para llevarla de vuelta a la encimera.
La sentó en un taburete y se fue a por un bol metálico del armario.
-Toma si no, no me aras nada.- se lo dio y ella lo miraba extrañada cuando la cogió de nuevo de la cintura y la llevo hacia la puerta.- Ahora ya puedes amenazarme.
-Ah! Qué hemos vuelto a lo de hace un segundo, ¿no?- él la colocó en la posición en la que se había encontrado.
-Sí.- ella volvió hacia la encimera, con toda la calma del mundo, para dejar el bol y volvió hacia la puerta.
(EVA)
Ese se iba a enterar, Esme miraba la escena con la desaprobación de una madre.
Me concentré en el bol y miré a Emmett.
-¿estas seguro de que no quieres apartarte?- el me sonrió con sorna.
-Sí, estoy seguro de que quiero estar aquí- asentí.
-bueno recuerda que yo te he avisado.- se echó a reír.
-¿qué me vas a hacer?- sentí el calor que me indico que ya podía hacer lo que quisiera con el bol.
Extendí la mano e hice un gesto con el dedo.
-Esto- me miro extrañado justo antes de que el bol se estrellara contra su estomago.
Se dobló por la mitad, cogí el bol y se lo di a Esme que estaba asombrada.
-jope, ¿Cómo me has dado tan fuerte?- le miré que vino con una mano en el estomago.
-Controlo la materia, a veces- Esme sonrió y volvió a la ensalada.
-¿podemos ir a arriba hasta que este la cena?-preguntó Alec.
-Sí, claro.- me cogió de la mano y fuimos a arriba.
Escuché a Emmett echar pestes.
Cuando entramos en la habitación Alec se echó a reír.
-Me ha gustado esa faceta tuya.- le sonreí.
-Gracias- se tumbo en la cama.
-El instituto es un aburrimiento, además creo que una chica espera que salga con ella.
-Pues lo siento pero eres mío.- me senté a horcajadas sobre él.
-y eso me encanta- se irguió y me besó.- ¿te apetece estar así un rato?
-Sí- me besó el cuello y me quitó la ropa que tenia arriba.
Me tumbó en la cama mientras me besaba el vientre, le acaricié la espalda.
-Alec no creo que tengamos mucho tiempo.- se abrió la puerta de golpe y Emmett asomó la cabeza.
-No, no lo tenéis.- cerré la puerta con la mente y le pille la mano.
-UPS, lo siento.- dije en voz alta.
Alec se echó a reír.
-me parece que será mejor que valla a verle.
-Vale.- se apartó y yo me puse la camiseta.
Salió por la puerta y me tumbe en la cama. Me apetecía leer.
Llamaron a la puerta suavemente.
-Pasé- era Edward.
-hola,- entró y me dio unos libros- Bella me los a dado para ti.
-Gracias no tenia que molestarse.- me sonrió.
-he escuchado que te apetece leer- asentí.- Carlisle tiene una biblioteca en la segunda planta en la puerta que hay al final de la escalera.
-Gracias, de nuevo.- me dio un apretón en el hombro.
-No hay de que, llegará en diez minutos así que puedes bajar y pedirle alguno.- Asentí- seguro que te lo deja, se te nota que eres una amante de los libros.
-ji ji, ya lo sé.- le dí un pequeño empujón en el brazo.
-¿te gusta algún libro en especial?
-Sí… pero es un poco vergonzoso.
-Da lo mismo, dímelo si quieres claro.- salimos de la habitación.
-Es una saga de libros, se llama Memorias de Idhún.- me puse un poco colorada.
-La conozco, es una saga fantástica de una autora española ¿no?
-sí, pero también me gusta mucho Tolkien. Bueno en verdad me gusta cualquier libro menos de política, siempre que cuenten una historia me encantan.
-Los de política están bien si te interesa ese tema si no es como…
-Un somnífero, al menos para mí.- me acompañó hasta el tramo de escaleras de las segunda planta.- Carlisle ahora sube.
-vale, gracias, de nuevo.- se echó a reír.
-No me importa-fue a bajar las escaleras pero se giró.- oye, esta noche voy a ir a casa de Bella si quieres venir estas invitada.
-Esto… vale pero no se de que hablar con ella porque no la conozco y…
-No te preocupes con el tiempo Bella es muy sociable, vamos cuando coge confianza.
-Ah pues en ese caso me apunto.- sonreí y el desapareció por la escalera.
Me dediqué a observar los paneles que había en las paredes, en un momento dado mi vista se quedó clavada en una cruz de madera que había colgada en la pared. Parecía muy antigua, me levanté para observarla de cerca y tratar de adivinar de qué siglo era.
-Hola.- era la voz agradable de Carlisle.
-Hola, ¿qué tal el día?- sé echó a reír.
-Bien, gracias por preguntar. Nunca me lo había preguntado al llegar a casa.
-Bueno pues yo tengo esa costumbre. Dices hola, que tal y pasas a otra cosa.
-Vale, me a comunicado Edward que querías verme.- le miré despacio.
-Eso no es exactamente así.- me sonrojé un poco.-yo estaba pensando en que me apetecía leer y me ha dicho que tú tienes una pequeña biblioteca y que cuando llegaras que te pidiera uno.
-bueno eso aclara mucho.- sonrió,- acompáñame a mi despacho si quieres.
-Un momento- se dio la vuelta y me miró- ¿es del siglo XV?
-Casi lo aciertas, es del siglo XVI- chasqueé la lengua y el rió de forma suave.
Seguí a Carlisle a su despacho. Él abrió la puerta de acceso a una sala de techos altos con vigas de madera y de grandes ventanales orientados hacia el oeste. Las paredes también estaban revestidas con paneles de madera más oscura que la del vestíbulo, allí donde ésta se podía ver, ya que unas estanterías, que llegaban por encima de mi cabeza, ocupaban la mayor parte de la superficie. Contenían más libros de los que jamás había visto fuera de una biblioteca. Había un enorme escritorio de caoba y detrás un sillón de cuero.
-Carlisle…- me miró con gesto agradable.
-¿si?- me puse colorada.
-Nada, no tiene importancia.- no me atrevía a preguntarle sobre su pasado.
Me giré hacia la pared donde estaba la puerta. La pared estaba repleta de cuadros enmarcados de todos los tamaños y colores (unos muy vivos y otros de apagados monocromos) en lugar de estanterías.
-Tienes muchos cuadros.- estaba detrás de mi.
-Sí, siempre que he podido pintaba o mandaba pintar cuadros a los lugares a los que iba pero bueno desde que se invento la cámara digital pues no me hacen falta.
- sinceramente prefiero los cuadros, tienen algo que te hacen sentir cosas que las fotografías no pueden o mostrar cosas que no se ven en ellas.- me fijé en un cuadro de marco lujoso y bastante grande- ¿qué narices…?
-Bueno… fui a estudiar a Italia cuando se descubrió que allí había otros como yo… más o menos. Más civilizados y cultos que los espectros que había en las alcantarillas londinenses.- señaló el cuadro.- Mis amigos fueronuna gran fuente de inspiración para Francesco Solimena. A menudo los representaba como dioses. Aro, Marco y Cayo los patrones nocturnos de las artes
-¿Cómo pudiste ser amigo de ellos?- me aparte horrorizada.