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Eva Monte & Alec Vulturi — capítulo 8
-No te guardo rencor, solo que desearía que me dijeras algunas pero te prometí que no te preguntaría y cumplo mis promesas.- me beso sentí lenguas de fuego allí donde me tocaba. Deseaba que no acabara nunca. Nos besamos durante mucho rato. Nos rendimos a un beso tan cargado de pasión que podía haberme rendido a él, pero él no daba indicios de querer más lejos. Paramos de besarnos y él me acariciaba la espalda por debajo de la camiseta. Empezó a entrar la luz del amanecer y él suspiro.
-me tengo que ir, pero no quiero- me estremecí pero él había empezado a apartar mi pierna. Me resistí y la engarfie en su pierna izquierda.
-jajá, enserio tengo que irme- pero suspiro y me beso.
-no, puedes quedarte aquí- dije entre sus labios.
- no, no puedo- pero su cuerpo no estaba por la labor y me giro hasta quedar encima de mí, me besaba con desesperación y como si se hubieran puesto de acuerdo sonó el dichoso despertador. Se aparto de mí despacio y yo cerré los ojos tirando de su camisa hacia mí. No podía irse ahora, no ahora.
-tienes que desayunar- se aparto de mi y cuando quise agárrale de nuevo el estaba en la ventana.
Me tendí en la cama y cerré los ojos.
-Alec, ¿puedo pedirte algo?- no respondía
-¿Alec?- me erguí en la cama y él ya se había ido, pero… ¿por dónde? me levanté y mire por el balcón, él estaba abajo y miro hacia arriba, me sonrió y echo a andar por la calle con las manos en los bolsillos.
Clara llamo a la puerta y la abrió.
-Eva, cariño tienes que ducharte para ir al instituto, ¡a! en la mesatienes el desayuno. Date prisa o sabes que Alex se lo comerá todo, ¿vale?- cerró la puerta y oí como iba a llamar a mi hermano.
Suspire, ¿Por qué tenían que devolverme a la realidad? No es justo para una vez que era feliz.
(ALEC)
-no te guardo rencor, solo que desearía que me dijeras algunas pero te prometí que no te preguntaría y cumplo mis promesas.- la bese, sentía su piel arder bajo mi mano. Deseaba que no acabara nunca. Nos besamos durante mucho rato. Estuvimos más de la mitad de la noche besándonos, ella parecía querer ir más lejos pero yo no me sentía con la suficiente resistencia para ni matarla en el proceso. Paramos de besarnos y yo la acariciaba la espalda y note lo suave que era su piel. En ese momento desee ser mortal y poder estar con ella sin reservas pero empezó a entrar la luz del amanecer y suspire.
-me tengo que ir, pero no quiero- se estremeció pero yo había empezado a apartar su pierna. Se resistió y engarfio su pierna en la mía. Ojala así pudiera retenerme, ojala le perteneciera y ojala no tuviera que irme.
-jajá, enserio tengo que irme- pero suspire y la bese. Yo no quería irme pero si no lo hacia saldrían a buscarme y ella estaría en peligro.
-no, puedes quedarte aquí- dijo entre mis labios. Ojala pudiera, pensé con amargura.
- no, no puedo- pero mi cuerpo no estaba por la labor y la gire hasta quedar encima de ella, la besaba con desesperación y, como si el destino quisiera darme la razón, sonó su despertador. Tenía que irme o empezaría a entrar más luz y por consecuencia yo brillaría como una bola de discoteca. Me aparte de ella despacio y cerré los ojos tirando de mi camisa hacia ella. Tenía que irme el sol estaba cada vez más alto pero todavía era el amanecer. Intente distraerla.
-tienes que desayunar- Me aparte de ella aprovechando que se le había resbalado la mano intento agárrame de nuevo pero yo ya me había apartado de ella y estaba en la ventana.
Se tendió en la cama y cerró los ojos. Estaba tan hermosa, no sabía de dónde había sacado la fuerza para apartarme de ella. Salte por el balcón y aterrice suavemente en el suelo de adoquines.
-Alec, ¿puedo pedirte algo?- oí que decía desde la calle. Pero en vez de seguir andando mire hacia arriba.
-¿Alec?- volvió a repetir. Se levantó de la cama y se encamino hacia el balcón, yo baje la mirada pero oí sus pies descalzos en las baldosas anaranjadas del balcón. Mire hacia arriba y la vi. Me miraba con su dulce cara y su pijama, era una fórmula perfecta para que cada vez estuviera más loco por ella. No pude evitar el sonreírle y ella siguió allí parada, eche a andar con las manos en los bolsillos antes de que dijera algo que no me dejara irme.
La brisa de la mañana era fresca y las calles empezaban a despertar. La gente continuaba con su rutina ajena a lo que ocurría delante de sus propias narices. Cuando pasaba por delante de una tienda, donde confeccionaban trajes y capas para la celebración del día de San Marco, una señora de unos 50 años me saludo y me hizo señas para que me acercara, yo me acerque y ella me sonrió.
-buenos días guapo- su sonrisa era cariñosa y afable. Hablaba con un italiano muy cerrado y era menudo no más de 1,50m. Vestía con una falda negra y una blusa blanca. El pelo era castaño con muchas canas y su rostro denotaba bondad.
-buenos días, ¿desea algo?- la educación ante todo por supuesto. Ella sonrió.
-veras es que te he visto y me parece que nadie te ha dicho que vas muy despeinado y con la camisa un poco arrugada.-mire hacia abajo y efectivamente estaba hecho un Cristo.
-gracias, no me había dado cuenta, se lo agradezco- ella me miro y yo me fui a dar la vuelta cuando ella me dio un toque en la espalda.
-querido- me di la vuelta y la mire- no voy a dejar que te vayas así para que te regañen.
- no se preocupe, cuando llegue me cambio y listo- negó con la cabeza y me miro con una sonrisa.
-hay que ayudar a los jóvenes amantes, ¿no lo sabías?-me cogió del brazo y tiro de mi hacia el interior. Yo intente protestar pero bueno si ayuda a que no parezca que me he tirado toda la noche en una guerra, sea bien recibido.
Subimos por unas escaleras y me dijo que me duchara. Era una casita muy vieja, se notaba que era una de las primeras que se hicieron. Cuando me duche me encontré con que mi ropa estaba planchada. Definitivamente era una señora muy maja. Cuando ya estuve vestido baje las escaleras y la encontré con una taza de café, supuse que era para mí y acerté. Haber como me las ingeniaba yo para que pareciera que me lo tomaba, tenía dos opciones: 1ª metérmelo en la boca y tirarlo cuando salga y 2ªtomarmelo por mucho que me supiera a barro. Al final tuve que tomármelo y me dejo pasmado la señora cuando me dijo que la chica con la que estaba era muy afortunada y me aconsejó que si la amaba que no permitiera el perderla. Estaba de acuerdo con ella en eso pero no sabía cómo iba a hacer para que los maestros no se enteraran de su existencia. Salí muy rápido de donde estaba y, vale, ya no tenía su olor impregnado en la ropa, eso era bueno, pero tuve que darme prisa para llegar antes de que el sol empezara a dar en la plaza.
Cuando llegue me dirigí a mi habitación a toda prisa, evitando a todo el que podía, para cambiarme y si me daba tiempo hacer un dibujo para pasar el rato. Cuál fue mi sorpresa cuando llegue, en mi cuarto estaba Aro esperándome. Me quede petrificado en la entrada.
-maestro…-se giro, y me miro.
-Alec, se puede saber dónde te habías metido- no era una pregunta pero de todos modos tenía que inventarme una escusa ya.
-yo esto…- antes de que pudiera reaccionar estaba contra la pared y él me sujetaba.
-bien, supongo que solo es un juego, ¿verdad?- no podía haberlavisto. Era lo último que deseaba y para colmo me estaba preguntando que si era un juego. -no lo es, que divertido, de verdad crees que la amas. Jaja-no podía dejar que la siguiera conociendo.
-maestro, por favor no la haga daño- era lo único que podía pedirle. Me soltó y se encamino a la puerta.
-no te preocupes no la tocare- estaba pasmado.
Tenía que ir corriendo a verla. Si estaba en peligro tenía que protegerla.
GRACIAS A TODOS LOS QUE LEEIS MI HGISTORIA. YA SABEIS QUE SI TIENEIS ALGUNA SUGERENCIA PODEIS DEJARLA EN LOS COMENTARIOS.
un beso para todos!!!! espero que disfruteis de mi historia !!!