← Historia 55268 · de
Historia 55268 — capítulo 1
-Hay dos cosas que no voy a perdonarle al destino, haberla puesto en mi camino… y quitármela. -Masculló a medias, aferrada a su almohadón de plumas manchado de las líneas de su máscara de pestañas; Lavender, haciendo intentos por ayudarla, porque como sanadora era correcto y porque… le acercó un vaso con poción calmante.
-Francamente, sigo sin comprenderte. -Repitió como otras veces, Pansy alzó la cara y le clavó una mirada llena de asco y odio dignos de epopeya; otra herida directo al músculo más fuerte y más sensible.
-Estúpida… ¿y para eso te paga mi padre la fortuna que cobras?... me ayudaría más una roca. -Sentenció volviendo a abrazar el almohadón, Lavender le miró con rabia y con despreció dejó el vaso sobre la mesita de noche y salió dando un portazo, jurándose no volver; otra mentira que habría luego de arrugarle el corazón.
Pansy se quedó mirando el agua azulosa que se había derramado del vaso con el sacudimiento, agua pasmosamente azul, azul cielo, ¡No!... azul ojos. Tragó saliva, acomodándose sobre la almohada como una doncella envuelta en toga blanca; hacía meses que la sed no se le quitaba, que se le había vuelto ansiedad; a veces se sentía como la tierra del desierto, cuarteada y áspera a la espera de sólo un poco de líquido.
"Nada tienen de especial…"
Tras la puerta Lavender se ha recargado a pensarlo otra vez, cuántas veces ya lo ha hecho es indescifrable, son muchas, son todo; siempre está pensando en ello, en ese dolor que llena a Pansy, en ese odio que parece habérsele metido por debajo de las uñas hasta llenarle el corazón. No tiene sentido, nadie se amarga sin motivo, nadie se deja morir sin que haya razón; hace días que planea cómo preguntarle, hace días que descubrió que si no lo averigua terminará como ella, envenenándose a fuerza de estar cerca porque ya no piensa marcharse de su lado.
Se da la vuelta y golpea la puerta con su frente, ¿hasta cuando Pansy vivirá en el abandono?, ni Draco ni sus padres, ni una amiga ha venido a verla y empiezan ya a ser las dos únicas personas en esa parte de la casa; quizá no es importante que lo pida, quizá no viene siquiera al caso que lo piense, pero es que Pansy está tan sola y ella, ella no puede darle la compañía que necesita. Al fin se decide y entra tomando por pretexto que ha dejado en la silla al lado de la cama su suéter; Pansy no le mira, está empecinada en mirar el vaso con agua.
-Me voy. -Murmura rogando que le diga algo, pero ella no piensa hablarle. -Vengo mañana. -Nada y ahora sigue sentirse idiota plantada en medio de la habitación.
-¿Quieres algo para chismorrear con las otras gatitas a la hora del té? -Pregunta entonces Pansy dejándola de un palmo. -Hace unos meses, en aquella reunión de ex alumnas, ¿recuerdas?... me tocó compartir cuarto con amigas tuyas, entre ellas, esa loca idiota de Lovegood.
"Un amor por ocultar,
aunque en cueros no hay dónde esconderlo…"
-Lo recuerdo, ¿qué con eso? -Lavender no sabe si ir a sentarse, Pansy se ha dado la vuelta para quedar boca arriba, sonríe y eso le hace sentirse mejor, quizá le contará como otras veces alguna broma pesada que hizo, algún comentario irónico que vale la pena que escuche, sólo para manifestarle que la detesta.
-Compartimos cuarto y por la noche Millicent propuso un juego… ¿sabes? Millicent puede parecer una idiota, pero es bastante lista si se lo propone. -Pansy carcajeó y estiró los brazos al techo, a Lavender le dio por imaginar que así recibía sobre su cuerpo a Draco en otro tiempo y tuvo que bajar la cara y buscar dónde sentarse para no ponerse roja. -El juego era algo de lo más idiota, verdad o reto.
-Seguramente ninguna quiso verdad. -Aseguró sólo para recordarle que estaba hablando con ella, porque Pansy estaba perdida en sí misma, en el recuerdo y en su risa irónica de todos los días; sonrisa que Lavender empezaba a extrañar cuando volvía a casa.
-Eres lista Brown… yo no sabía que los retos pueden ser de cualquier tipo, tampoco sabía que Millicent es una arpía de lo peor o que Vane es una cobarde… esa noche aprendí muchas cosas, algunas que no quisiera recordar, otras que ya no sé cómo guardarme. -Masculló cerrando los ojos y Lavender creyó verle lágrimas correr por las sienes hasta perderse en su cabello oscuro.
-Puedes confiar en mí, te respalda el secreto médico. -Emitió débilmente y Pansy se puso a carcajear, una mofa para humillarla una vez más; una mofa para ocultar los sollozos que se le salían sin querer.
-Romilda retó a Millicent para que me diera una bofetada y ella cumplió… aunque no pega como me hubiera imaginado, lo que dice que Granger es una bebita. -Dio por comentar algo, no quería ver a Lavender porque se le bloquearía el verdadero recuerdo que quería tener de esa noche. -Yo reté a Romilda y Romilda a Luna, Luna a Millicent y Millicent a mí.
-Un gran proceso. -Comentó Lavender y Pansy volvió sus ojos claros para mirarle, fue un instante, un condenado momento en que se miraron y Lavender sintió que se quedó sin aire; una vez más se quedaba sin coraza, si en ese instante le hubiera dicho algo hiriente, Lavender se habría tirado a los pies de la cama a llorar.
-Sí… pero el reto de Millicent, ese reto es el que me tiene así. -Murmuró volviendo a mirar el techo y Lavender tuvo la impresión de que escuchaba la confesión de una agónica.
"Una opina que aquello no está bien…"
-¿Has besado a una chica, Brown? -Preguntó tras un largo silencio y Lavender recordó las dos veces que había estado a punto de besarle la frente o la mejilla luego de darle la poción para dormir; recordó el peso de su pecho que hacía que se inclinara, como si sus corazones fueran el de Pansy de metal y el de ella un poderoso imán.
-Nunca. -Admitió con un aire de doloroso desconsuelo.
-Ese fue el reto, "Besa a Lovegood"… yo no soy una cobarde, nunca lo he sido y sé que Luna tampoco lo es. -Admitió tragando saliva de tal forma que su cuello se tensaba, Lavender se inclinó en su asiento para oír mejor. -La imbécil de Lovegood tiene una manía idiota por reír de todo, todo es lindo para ella, la muy desgraciada disfruta todo… ¡Maldita sea, es tan feliz! -Soltó riendo entre lágrimas que le empapaban el cuello en su carrera desesperada por perderse en la cama. -La besé y mi vida se fue al carajo… todo terminó, toda la puta existencia se detuvo… ¡por qué!, ¿por qué? -Gimió sin perder la sonrisa y Lavender lo entendió, estaban enfermas de lo mismo. -La muy desgraciada me destruyó la vida, porque yo… ¡Yo Pansy Parkinson, caí como una estúpida en algo que no debe ser!... ¡Yo no puedo amar a una mujer!
"La otra opina, que qué se le va a hacer…"
"Yo no puedo amar a una mujer", se repitió un millón de veces en la mente de Lavender en tan sólo dos segundos y el corazón se le cuarteó como si fuera un montón de tierra seca, muerta; no supo dónde plantar sus ojos porque el llanto ya salía sin control, no sabía de dónde sujetarse para no levantarse de la silla y tirarse a los pies de Pansy implorando amor. ¿Cómo se convence a alguien de que algo es bueno?, ¿cómo se convence a alguien tan terco e irrazonable de que es posible?, quería darle a entender que había que aceptarlo y afrontarlo, gozarlo si se podía, pero esa chica sobre la cama, jamás lo entendería. El sofoco la hizo irse al frente, llevarse la mano a la cara y bajar los ojos a la alfombra, mientras Pansy en su cama reía como una histérica repitiendo una y otra vez.
-Y la vida se me acabó ese día… ¡Ella ni siquiera sabe lo que ha hecho!... hace meses que me muero, es una mordida que supura en mi pecho y lo peor es que quien me mordió nunca se dio cuenta de haberlo hecho… ¡Qué estúpido es todo! -Reía y reía y a cada carcajada, a cada nueva bocanada de dolorosa hilaridad Lavender se hundía más y más en su desgracia.
-Debes olvidar. -Salió sin querer de su boca, Pansy dejó de reír y todo su rostro se marcó de pena.
-Olvidar… ¿olvidar si ya todos los que amo lo saben, olvidar si ya todos los que me importan lo entienden, olvidar si a ella no le importa?…
"Y lo que opinen los demás, está de más…"
-Olvida Pansy, que lo que digan o piensen no te importe… sana. -Pidió Lavender haciendo lo insólito, corriendo hasta la cama y poniéndose de rodillas para tomarle la mano con ansiedad; Pansy le volvió el rostro con los ojos vacíos empañados en llanto, con los labios formando una sonrisa exhausta.
-Olvida tú, si es que puedes. -Escupió sonriendo irónica y Lavender lo comprendió todo, Pansy sabía y esa era la razón por la que le decía aquello; bajó la cara para mirar las sábanas blancas y se sintió idiota, se sintió insignificante y entendió que no la quisiera, pero que sí quisiera a Luna. -Luego del beso seguimos jugando, Luna retó a Romilda y Romilda a mí, yo a Millicent y ella a Luna pero… ya nada era igual… cuando nos acostamos yo no podía dejar de pensar en el beso, no podía dejar de pensar en ella… yo ya no era yo de ninguna forma, empezamos a jugar para burlarnos de ellas, para dejarlas hechas trizas y yo era la que tenía que levantarse con la mano en el pecho para que no se me cayera el corazón.
"Si no gusto, ya sé lo que hay que hacer…"
Lavender se llevó la mano al pecho, clavándose las uñas para que le doliera más la piel de lo que dolía por dentro, pero todos saben que eso no funciona, eso apenas sirve para dejar rastros externos de lo que ocurre en el interior; Pansy no hizo por soltarle la mano, ¿para qué?, ya la estaba destruyendo con decirle todo aquello, con dejarle más que claro que no le importaba en lo más mínimo. Lavender recostó su cabeza en la cama, cerca del brazo de Pansy mirando hacia la puerta, por la que las dos hubieran querido huir.
Ojalá se pudiera escapar de lo que se siente, ojalá se pudiera dejar morir al amor, pero el amor es el que nos deja morir a nosotros; Lavender supo que no le gustaba nada a Pansy y que ella a su vez no le gustaba a Luna. Era un triángulo tan idiota, absurdo; como una fila en la que todos miramos al frente sin tener en cuenta siquiera que el de atrás nos conoce enteros.
-¿Qué hago para que sanes? -Preguntó Lavender empapando la sábana con sus lágrimas, pensando que tal vez le concediera apenas un poco de espacio en su muerto corazón.
-Lárgate. -Escupió haciendo que se le muriera una parte del alma. -Vete, porque no te quiero ni te querré nunca.
-Eres cruel… ¿por qué no me aceptas a tu lado?... date una oportunidad, déjame quedarme, déjame acompañarte al menos. -Pidió alzando la cara, Pansy tenía la cabeza inclinada al otro lado para no mirarle.
-Sólo vete, no necesito nada. -Aseguró fríamente y la rabia despertó en la leona como si ya fuera la única cosa que quedaba.
"Que con mis piedras hacen ellas su pared…"
-Eres una idiota, te quieres dejar morir… ¡Te dejarás vencer!... ¿por qué?, ¿por qué si no te quiere y yo sí me echas?... no tiene sentido, no tiene lógica, ¡Eres una tonta! -Gritó poniéndose de pie, Pansy siguió sin mirarle, sonriendo porque cada palabra le daba nuevos motivos para echarla; no la necesitaba, se valía sola, ella era Pansy.
-Lárgate Brown… vete con las de tu tipo, que yo no te necesito. -Dijo riendo y acurrucándose en la cama, Lavender desorbitó los ojos llena de dolor y de enojo, no quería irse porque la conocía, ahora haría cualquier cosa para salirse con la suya y no sabía qué podría ser eso; miró a todos lados inquieta, revisando la habitación para ver que no hubiera nada peligroso, nada sino sus ropas, sus libros, sus fotos de Colegio, El Profeta de ese día en un rincón y la poción calmante sobre el buró.
-Entonces me voy… pero entiende que estoy contigo y que volveré. -Aseguró echando a andar hasta la puerta, llorando a mares sin comprenderla.
-Lavender… -Llamó Pansy sin abrir los ojos, cuando abrió la puerta. -… yo sé lo que hago y como sea, gracias. -No dijo nada porque aquello era nuevo, nunca le había agradecido, enojada salió de ahí casi corriendo por el pasillo y bajó las escaleras dispuesta a desaparecerse y llegar directo a su casa.
"Volando a ras del suelo…"
Si estaba en el límite, ¿para qué seguir?, si tocaba ya el despeñadero, ¿para qué luchar?; se levantó enfundada en su camisón de raso blanco y tomó el periódico que había recibido en la mañana. La portada era clara, Luna Lovegood sonreía abrazada de Weasley durante una ceremonia de premiación a Granger por parte del Ministerio. Era hermosa con sus ojos azules fijos al frente casi llenos de sorpresa, era hermosa con su melena rubia enmarcando su rostro fino y se le vino recordar el beso; no siempre se tiene lo que se quiere, no siempre se puede tener lo que se añora.
Estaba al límite, rozando el acantilado, ¿para qué seguir sosteniéndose?, caminó hasta su buró sonriendo ante la ironía de las cosas, Luna la había matado sin saberlo, porque el que no la amara la ponía en un territorio desahuciado, pero era Lavender, la que sí la había amado, la que le daba las armas para cortar de tajo con todo.
Si dos cucharadas la ponían a dormir por más de doce horas, ¿qué no podría hacer el frasco entero?, el vaso era más azul que nunca cuando se lo llevó a la boca y el recuerdo de esos ojos le golpeó la mente como una bofetada; el gusto era apenas similar al de una medicina y la cama estaba tibia. Se recostó poniendo el rostro sobre la mancha de lágrimas de Lavender, al menos ella sí tendría la educación de dejarle algún buen recuerdo. La noche estaba entrada.
Por la mañana Lavender vino demacrada y ojerosa, no había pegado ojo y tenía le sensación de haber dejado algo mal hecho; cuando cruzó la puerta de la habitación y la vio sobre la cama se deshizo en llanto, comprendió todo y también supo que jamás podría luchar ya contra Luna.
Simplemente porque ya no había nada por qué luchar.
"Mujer contra mujer"