Tituladas 16.2% · 32,298 de 199,415 descubiertas
Rescatado 61.5% · 57,949 de 94,296 páginas identificadas · 57,939/58,568 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 55401 · de

Historia 55401 — capítulo 1

Llovía

Una joven de aproximadamente veinte años iba caminado por una calle llena de transeúntes que iban corriendo a causa de aquella lluvia que los había cogido desprevenidos, igual que a ella, pero no le importaba. En realidad tenía cosas más importantes en las que pensar que en la insignificante lluvia.

No llevaba paraguas, y no hacía nada para evitar no mojarse. Caminaba apresurada, pero ella sólo pretendía alejarse de la realidad. Únicamente quería llegar a un bar y tomar varias copas de lo que se llama alcohol unido con penas.

Algunas personas la miraban, pero apartaban a vista enseguida, ya que notaban que ella lloraba. Sus ojos estaban un poco hinchados, y si alguien se acercaba mucho a ella, se lograba escuchar algún sollozo.

Siguió caminando. Ella se chocaba con muchas personas porque sus lágrimas hacían borrosa su vista. "Lo siento" decía sin dirigirse a nadie cuando sentía que rozaba a alguna persona.

Después de caminar aproximadamente treinta y cuatro minutos bajo la lluvia, llegó a su destino.

El Caldero Chorreante quedaba invisible ante los ojos de los muggles, pero ante ella no.

Entró lo más rápido que pudo. Se sentó en la única banca vacía de la barra. Se sacó su abrigo, dejando al descubierto un hermoso vestido rojo.

Por la lluvia, su maquillajey peinado ahora estaban arruinados, pero aún quedaban rastros de un poco de rímel y unas sombras de tono oscuro. Y todavía quedaba un poco del color de su labial que debió haber sido color rojo carmesí. Sus castaños rizos ahora no eran más que unos mechones de cabello mojado.

No le importaba su apariencia en ese momento, sólo deseaba que el mundo se acabara ¿Cómo pudo haber sido tan ciega, tan tonta?

-Una copa de vino, por favor -dijo la castaña al bar-man, sin mirar a nada

Para esos momentos, la noche ya había reemplazado al día, y la lluvia llegó a su fin. La misma calle, por donde momentos antes había pasado mucha gente, ahora estaba desierta. Algunos de los faroles no servían, y había un silencio sepulcral, lo que daba como resultado una calle tenebrosa y húmeda.

Pero ese silencio fue cortado por el sonido de unos tacones negros altos, que hacían un cierto sonido.

Llevaba puesto un vestido verde oscuro top, con un decorado de brillos en ciertas zonas. Era corto, y mostraba sus bien formadas piernas

Sus tacos seguían resonando a lo largo de su trayectoria de la morena. Su mirada era astuta, fría y un poco engreída.

Caminaba con cierta soltura y seguridad que pocas personas podrían tener por aquellos lugares tan solitarios

Ella también estaba despechada, pero no lo demostraba en su rostro. Odiaba sentirse así, pero su carácter la obligaba a seguir adelante, a hacer algo inadecuado y vengarse como toda una digna Slytherin.

En aquella calle había ciertos callejones, unos un poco iluminados y sucios, y otros en los cuales se podía hasta oír el chillido de las ratas.

Le faltaba muy poco para llegar a su destino, cuando un hombre mugriento salió por uno de los callejones

-Ven conmigo, guapa -dijo este, acercándose a la joven- Ven a pasarla bien rato conmigo

-Aléjate, asqueroso muggle -respondió ella, metiendo su mano en su escote

-¿Asqueroso qué? -preguntó totalmente confundido, pero un poco excitado ante el movimiento de ella

-Asqueroso muggle -repitió la morena con asco en sus palabras, al mismo tiempo que revelaba un palito largo

-¿Qué es eso, deliciosa? -volvió a preguntar el viejo- ¿Algún juguetito, será?

-¡Avada Kedavra! -fueron las palabras que salieron de la boca de aquella joven, al lapso de que una luz verde salía de aquella rama- Y sí es un juguete, un juguetito para matar mugrientos muggles como usted.

Vio como el muggle caí al suelo, totalmente inerte. Fue una satisfacción encontrarse con algún muggle para desquitarse. Rió por unos momentos con total malicia. Lo pateó, y luego pasó sobre él, sin preocuparse de no pisarlo.

Delicadamente, colocó su varita de nuevo en el escote de su vestido. Siempre era bueno esconder las varitas en el lugar menos esperado.

Siguió su camino, como si nada hubiera pasado, dejando tras de ella un asesinato perfecto. Una sonrisa totalmente ajena a ella se formó en su fino rostro.

El frío de la noche no la hacía daño, y algunas ráfagas de viento nocturno jugaban con su corto cabello negro. De vez en cuando miraba atrás, con la vaga esperanza de que el muggle se levantase, para así poder matarlo de nuevo.

De vez en cuando sentía un pequeño cosquilleo en su antebrazo izquierdo, y se pasaba suavemente sus largas uñas, pintadas de color vino.

-Qué día más especial -susurraba la castaña en el bar- Brindo por el mejor día de mi vida -se respondía a sí misma, tomando la tercera copa de vino- Jaja, ¡Salud por mí, y el maldito de Harry Potter!

Tomó el contenido de la copa en apenas unos segundos. Cuando se lo acabó, miró la copa a contra luz, viendo si había aún alguna gota de vino que no había ido a parar a su boca.

De repente, reaccionó al ver el su reflejo en la copa. Esa no era ella, no, esa no era la característica de ella, de una Gryffindor.

Se levantó, y se dirigió al baño, para tratar de arreglarse algo.

En el momento en el que ella se levantaba, otra joven entraba al bar.

Pero la castaña ya no estaba en la barra, sólo había dejado su copa de vino ahí, quedando su asiento solo.

La otra joven se dirigió automáticamente al único lugar que no estaba ocupado. Varias miradas morbosas se dirigieron hacia ella, pero las ignoró. Otra vez una sonrisa posó en su rostro durante unos breves momentos. Le gustaba llamar la atención, ser la culpable de que muchos magos hicieran estupideces por ella. Y eso le encantaba

Mientras tanto, en el baño; la castaña se miraba al espejo, y sintió lástima por ella misma. No quería recordar, pero su mente la traicionó, haciendo que el recuerdo vuelva a ella una y otra vez.

Ella había ido a la casa de Luna, para que la ayudase a arreglarse para la gran noche. Le había pedido también la ayuda a Ginny, pero esta se disculpó, diciendo que en ese momento tenía que ayudar a George en algo de su tienda de bromas, y que quizás llegaría más tarde. Quizás….

Luna había hecho un gran trabajo. Ella, como estaba nerviosa, temía hacerse algo que la hiciera quedar en ridículo.

Se miró varias veces al espejo de cuerpo entero, buscando alguna imperfección, pero no lo había. Su vestido, peinado, maquillaje y zapatos se veían estupendos

-Oh, qué tonta soy -dijo la castaña- He olvidado traer los pendientes y el collar. Me siento incompleta

-No te preocupes -respondió Luna, con una sonrisa- Yo aquí tengo un montón, si quieres te presto alguno

-No, no es necesario -indicó ella, un tanto nerviosa, porque presentía que tal vez eran los pendientes de rábanos que esta sabía tener- Iré rápido al departamento, cogeré los pendientes y regresaré para que me des el visto bueno

-¿Quieres que te acompañe?

-No, voy y regreso

-Está bien, pero no te pierdas….

-Luna, yo no soy tú

-Mala -dijo la rubia, mientras le sacaba la lengua- Hasta mientras yo me arreglaré un poco

Salió de la casa de Luna y se desapareció. Volvió a aparecer al frente del edificio de departamentos, en el cual ella compartía uno de los mejores departamentos que había con Harry, su novio.

Ella nunca se aparecía en el departamento, porque sería muy sospechoso que ella bajara sin haber subido primero. Ya le había pasado algunas veces, y no quería cometer el mismo error para que sus vecinos sospechasen.

Harry vivía con ella desde hace algún tiempo, ya que Grimmauld Place 12 estaba en reparaciones.

Cogió un ascensor, y llegó al piso siete. Caminó por un pasillo largo, hasta que llegó a la puerta de su hogar. Sacó las llaves de su abrigo, y abrió la puerta. Se quedó unos segundos en la puerta, tratando de recordar dónde había puesto sus joyas recién adquiridas. Se acordó que los había dejado en la sala.

Fue hasta ahí, y encontró la cajita que contenía sus pendientes y el collar. Ya iba de salida, cuando escuchó algo por el pasillo que dirigía a las habitaciones. Ella había creído que en la casa no había nadie.

Mientras caminaba lentamente, pensó que podría ser una lechuza, ya que se suponía que Harry estaba en la Madriguera.

Se acercó lentamente a la habitación que compartía con Harry. De ahí provenían los ruidos

Se llevó una sorpresa al notar que esos ruidos no eran ruidos, sino gemidos de placer….

-Oh, Harry…no, no, ahí no…

-¿Qué pasa Ginny?-dijo una voz masculina-Dijiste que querías hacerlo, ahora abstente a las consecuencias

-Claro que quiero hacerlo -contestó la pelirroja- ¡Ay! Pero no me muerdas….

-Me gusta morderte

-Prefiero devorarte….

-¡Harry Potter! -gritó la castaña al escuchar todo eso- ¡¿Qué demonios haces!?

-¡Hermione! -dijeron al mismo tiempo los amantes

-No voy a escuchar nada -respondió ella, mientras veía las prendas de ellos en el suelo- Son unos malditos, fueron capaces de traicionarme en mi propio departamento-decía mientras cogía aquella ropa- Pero esto no se queda así -se dirigió a la ventana y tiró toda la ropa que había cogido, y otras más que salían del armario gracias a la varita- ¿Con que esto es lo que te encargó George? Maldita cínica. Adiós, par de traidores

-¡Hermione! -gritó el ojiverde antes de que la castaña desapareciera por la puerta

Ya no le importó si bajaba del edificio o si sospecharían de algo. Sólo quería liberarse del mundo por una buena vez

Dos pequeñas lágrimas se le habían escapado con aquel recuerdo. Se mojó la cara y se la secó enseguida. Trató de arreglarse lo mejor que pudo, y salió. Cuando llegó a su asiento en el bar, vio que se lo habían quitado.

-Disculpa -dijo Hermione a la morena, mientras le tocaba el hombro- Yo estaba ahí

-Estabas, como nadie ocupaba esta banca, yo la tomé -respondió la morena, sin mirarla- Así que no molestes

-No estoy con ánimos como para que una tipa como tú me joda la noche

-Si quiere señorita -expresó un hombre de mediana edad, que se dirigió a la castaña- Yo le puedo ceder mi asiento, al fin y al cabo, ya me iba

-Gracias -manifestó ella al sentarse

Por alguna razón, Hermione sentía que conocía a la morena de algún lado, pero no estaba segura de dónde

-Un whisky de fuego doble -había dicho aquella joven al bar-man- y otro más, para la querida sangre sucia que está a mi lado

-¿Disculpa? ¿Te conozco? -preguntó la castaña

-Mmmm, sí, si me conoces, pero dudo de que me recuerdes ahora Granger.

-Si no estoy mal, eres una Slytherin porque me llamaste sangre sucia…. ¿Parkison? ¿Pansy Parkison?

-¡Lo atinaste Granger! ¿Por qué bebiendo tanto?

-Mal de amores, Parkison, ¿Y tú?

-En las mismas, -afirmó Pansy- Sólo que yo no sufro tanto

-¿No?

-No, ellos son sólo unos juguetes sexuales para mí, cuando me satisfacen, los tiro, aunque esta vez fui yo la que salió rechazada. Malfoy acaba de terminar conmigo, porque se enteró que lo he estado engañando. Ahora salió con el cuento de que se va a casar con Astoria Greengrass.

-A mí Potter me acaba de engañar con una de mis mejores amigas

-Así son todos. Les das lo que quieren y luego te dejan

-Pero tú haces lo mismo -objetó Granger

-Sí, pero es mi instinto. No puedo hacer nada contra él.

La castaña y la morena siguieron hablando. Muy extrañamente se llevaron bien en aquella conversación, ya no era como en el colegio en que se peleaban por las diferencias de sus casas. Ahora estaban unidas por algo común: Las dos estaban despechadas por culpa del amor.

Al cabo de una y otra copa, entre las dos ya se habían acabado dos botellas de whisky de fuego. Se reían escandalizadoramente ante cualquier comentario de la otra. Poco a poco terminaron borrachas

-Granger, ha sido muy divertido hablar con alguien

-¿Qué? ¿Ya te vas? -dijo Hermione claramente decepcionada

-No, no me pienso ir -le respondió con una sonrisa pícara- ¿Quisieras hacer una cosa conmigo?

-¿Qué cosa? -preguntó dudando

-Te espero en el baño -indicó Pansy, acercándose inesperadamente a Hermione, y le susurró en el oído- ¿Quieres?

Parkison se alejó, moviéndose como una sofisticada modelo muggle. Giró su rostro y le guiñó a una sorprendida castaña. Ella titubeó un momento, pero la siguió.

Cuando entró al baño, Pansy la empujó hasta el retrete, cerró la tapa de este, y la puerta del baño. Tomó a Hermione por los hombros, y la obligó a sentarse en la tapa

-Tú también necesitas sentirte querida, Granger -susurró Pansy en su oído, mientras se sentaba sobre la castaña- Nos vamos a divertir

La morena comenzó a besar a Hermione, que al principio se rehusó, pero poco a poco comenzó a aceptar el beso. Sus lenguas comenzaron a jugar entre ellas.

De los besos pasaron a las caricias. La castaña sacó su varita y murmuró "Muffliato" para que sus gemidos no se escaparan de ahí

Pansy bajó el cierre del vestido de ella, y vio un hermoso conjunto de ropa interior. Le sacó y comenzó a besar sus senos, mientras Hermione metía su mano por debajo del vestido de ella.

-Siempre tuve la curiosidad de probar a una sangre sucia -susurró Pansy, cuando las dos quedaron desnudas

-Yo siempre he querido sentir a una serpiente venenosa

Sus gemidos no salían de ahí. Las dos jugaban y sentían cierto placer que los hombres no habían sido capaces de complacer.

Cuando todo acabó, las dos comenzaron a vestirse, sin evitar darse algunos besos y caricias.

Las dos vestidas ya, se miraron por unos momentos. La Slytherin besó por última vez a la Gryffindor. La obligó a sentarse de nuevo sobre el retrete, mientras ella se sentaba de nuevo sobre ella.

Se besaron durante algún tiempo. Su respiración era agitada, y sus lenguas jugaban. Cuando al fin se separaron por última vez, Pansy se introdujo su mano en su escote, y dijo a una extrañada castaña

-Cuidado con las serpientes, que pueden morderte -sacó la varita- Avada Kedavra -susurró

El baño se iluminó de un verde, mientras que una morena salía del ahí en total tranquilidad. Pagó de sus tragos, y salió del local, como si nada hubiera pasado.

Hola, aquí les dejo mi pequeño aporte para el concurso "Locuras Prohibidas". Sé que hay mejores, pero me he esforzado para hacer esta....quisiera ver algún comentario por aquí para saber si les ha gustado o no. Mis kisses