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un poco mas... — capítulo 15
Solo ven y ayúdame a crecer, a soñar, a volar como queriendo escapar, alienta mi cuerpo lejos de tus manos, lleva mis alas y pule mis mejillas con lo puro de tu sonrisa, vuelve mi mente inerte y deja que vuele, para pintar con su sangre los senderos de las calles sin padres, déjame en la soledad de esta calle, raspa contra el cemento y enciende un incienso hasta hacerme sentir hoy tu adiós más intenso, hazme llorar, hazme reír en medio de lo incierto, devora mis lamentos, aléjate ya de mi cuerpo, sonríe a través del viento, patea mis sufrimientos y déjame ser la hermosa niña que en aquella ciudad sin tiempo algún día quiso de ti un beso.
Róbame el aliento, haz mi cuerpo eterno, profundiza con un verso y dale un dulce a mi pensamiento, viste de negro como los buenos, viste de negro y predica tus juramentos, enseña a pecar contra la piel pura jamás deseada, enseña a morir entre pétalos de rosas negras en donde las espinas funcionan como espadas, enseña a mentir, enseña a besar para después herir, y deja a tus discípulos caer ante ti, no les mires, no los toques, déjalos a la deriva tal como hiciste conmigo.
Ríete de mis sueños, ríete de mis sentimientos, haz arder cada uno de mis cabellos, eriza hoy mi piel con tan solo un lamento. No quiero buscarte, no quiero hacerlo, estoy cansada, de tener que ser yo quien te seda el asiento.
Olvida cada escena de las tardes de primavera, desecha hoy las hojas secas y cosecha ante tus pies la sangre que hoy te llevas, mi espíritu no te seguirá más, estoy cansada, herida y sin aliento, camina sin mirar atrás, y refugia cada beso sin valor en la suela de tu corazón. Ayúdame a enfrentarte, ayúdame; ayúdame a olvidarte…