← Tengo frío · de
Tengo frío — capítulo 1
Hermione intentaba quitarse el frío. No había forma de dejar de sentirlo. Helaba sus huesos y no conseguía dormir con calma. Las cobijas no parecían ser suficientes y los pies de su esposo, estaban helados. Se movía de un lado al otro. Mientras intentaba dormir, Severus Snape entre abrió sus ojos y la contempló con curiosidad. ¿Es que se estaba sintiendo mal o algo por el estilo? Mientras pensaba ella se acercó a él y trató de abrazarlo, de acoplarse a su forma. Sonrió con eso y se preguntó si se trataba de todo eso que estaba cruzando su cabeza. Se dio la vuelta y la miró con una sonrisa suave. Ella continuaba tratando de apegarse a él, lo más que podía permitirle la cama. — ¿No es muy tarde para esto, Hermione? — No. Lo necesito mucho. Justo ahora. — ¿A qué se debe esa necesidad imperiosa? — No lo aguanto. Días y días soportándolo. Será mejor que se termine ya. Severus sonrió y se inclinó hacia un lado, empujándose con sus brazos. Se mantuvo sobre Hermione y ella lo miró con curiosidad. Antes de que pudiera hablar, simplemente la habían besado con mucha pasión. ¿Por qué? ¡Y sus pies seguían fríos! — Severus... ¿podrías? — Ahora no... Hermione. Ya empezamos y no deberías interrumpirme. Le hizo gracia. Trató de hablar en el resto de los besos y las caricias que estaba recibiendo, pero su esposo no le prestó atención en lo más mínimo. La contempló con una sonrisa suave, mientras hacía de las suyas. — Severus. Una cosa... déjame decirte una sola cosa— gimoteó sobre sus caderas, de forma ruidosa y Severus la ignoró una vez más. Estaba ocupado. Finalizó lo que tenía que finalizar y Hermione cayó en la cama, a su lado. Severus se dio la vuelta y la contempló de arriba hacia abajo. Su mirada, le hizo voltear la cabeza para contemplarlo. Sonrió ligeramente. — ¿Y bien? ¿Te sirvió? ¿Satisfecha? — Sí.... claro.— exhaló ella— pero sin embargo, solo hay un pequeño problema en todo esto. — ¿Qué cosa? ¿Te lastimé? ¿Acaso...? — Intenté decirte hace media hora, que lo que tenía era frío. Mi amor. Pero gracias por quitármelo de todas formas. Se sintió idiota, mientras ella se echaba a reír y se acomodaba en su pecho, para continuar durmiendo. La miró en silencio y tomó las cobijas para cubrirse junto a ella. — La próxima vez, utiliza otra palabra para dirigirte al frío o al menos, avísame cuando quieras que te lo quite de esta forma. — Por supuesto mi amor. No te preocupes. Trataré de ser menos enigmática con ese tema. Así no te confundirás.