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La increíble historia de un Black. — capítulo 1
La increíble historia de un Black.
Prologo.
Una nunca puede estar segura, al menos no completamente. Ni todo el oro, ni el dinero, ni el poder del mundo pueden traerte suerte, cuando has nacido con el Cristo de espaldas. Mi nombre, ¡Ja! Como si valiese de mucho. Soy solo la mujer más desafortunada del planeta. ¿Qué porque soy tan miserable en la vida? Bueno, quizá toda la demás población llegue algún día a considerar que tengo la mejor vida posible, pero la verdad es que, en un recóndito recuerdo, se esconde mi pasado, un secreto velado de tantas formas, que ni el amor de un padre, el cariño de tus amigos, y la pasión de tu esposo podrán hacerte escapar de la tortura de tener en mente aquel día nublado de un mes de verano.
Me llamo Vivian Potter, soy una joven afortunada, con una familia que le ama, por supuesto. Aunque hace mucho no vivo con mis padres, el amor de mis amigas y de mi hermano repone mucho el dolor de perderlos. Escribo este diario, en medio de esta soledad inmunda que me carcome cada día, porque a pesar de estar rodeada de amor, no soy capaz de sentir más allá de la tristeza. Mi hermano trajo este cuadernillo y hoy es el primer día en que escribo en el. Mi hermano es doctor, una profesión que a todas luces parece ser admirada por todos, salvo que requiere de mucho tiempo y esfuerzo, y de una aparente y estúpida apatía por los demás, para tratarlos correctamente. Son embargo mi hermano es una persona lista, que busca el bien de los demás.
Bueno, empezare por desenmarañar mi vida. Como ya te dije, me llamo Vivian. Vivian Elean Potter. Mi hermano mayor se llama Harry James Potter. Nuestros padres fueron, por otro lado, James Potter y Lilian Potter. Hace ocho años, estuvimos de viaje en Hampshire, y nuestro carruaje se accidento. Madre y padre murieron, mientras a mi hermano lo encontraron unos granjeros que lo llevaron con nuestro padrino, el señor Sirius Black. Mi paradero durante dos años fue incierto. Para ellos. Porque para mi fue un infierno. Lo que paso en ese lapso de tiempo no lo sabe nadie. Y dudo que algún día yo sea capaz de contarte lo que sucedió.
Como sea, a mi regreso, por el que "papa Sirius" pago una fortuna, conocí a mis mejores amigas. Hermione Granger, la chica más lista de todo Londres. Es hija de un maestro de universidad. Es preciosa, su piel parece crema y sus rizos castaños el cabello de un ángel. Luna Lovegood, la hija de un inventor. Tiene una sinceridad espeluznante y una gracia sin lugar y sin par. Habla seis idiomas. Que dios nos ampare si un día descubre otra cosa que desee aprender. Y Ginevra Weasley. Ginevra es la hermana del mejor amigo de mi hermano Harry. Tienen, todos los Weasley, el pelo rojo color fuego, y esta chica tiene la personalidad mas carismática que jamás podre encontrar.
Y todas son mejores que yo. Mido a penas un metro con cincuenta y seis. Soy blanca como el azúcar, o la nieve. El pelo negro y rizado sin par, y los ojos de un color que ni es caoba ni es miel. Los labios grandes, en exceso y una nariz pequeña que parece no hacer gala de nada. Las manos más pequeñas que las de una niña de doce, y un cuerpo sin atributo alguno.
Mi hermano, a la muerte de mis padres, tenía diecisiete años. Y heredo el titulo nobiliario. Y la fortuna. Por ello me permite muchas cosas, nunca se separa de mi, y en raras ocasiones me niega un gusto. Pero todo lo que yo quiero el no me lo podría dar. Nunca. Yo solo quiero olvidar. Y el no puede entrar en mi cabeza y borrar específicamente ese recuerdo. Aun así, aprecio el intento de todos: Los Weasley, los Granger, los Black y los Lovegood por hacerme feliz, pero se que nunca lo lograran.
Soy una chica desafortunada, porque tengo todo lo que los demás desean, pero no lo que yo necesito. Soy simplemente, una chica desagradecida.
Elean, cerró el libro y lo guardo en un baúl. Solo volvería a él cuando se sintiera muy confundida. Se acerco a la puerta y asomo su rostro por el resquicio que había en esta. Había escuchado algo. Un ruido. Un solo y perturbador ruido. Ayúdame, dios mío, pensó. Abrió la puerta de un tirón y salió a correr escaleras abajo. Sin preguntar siquiera, entro en la biblioteca.
-¿Elean?
-¡¡Harry!!- logro articular cerrando la puerta con su espalda.
-¿Qué sucede querida?
-Yo…. La puerta…. Un sonido…. Asuste…. Miedo- sus ojos se empañaron y le importo un bledo que Harry estuviera con sus amigos.
-¡Oh Elean!- dijo Harry, desde que le habían encontrado hacia seis años, su hermana era un manojo de nervios y miedos compulsivos, que caminaba enjunta y tímida por los lugares más oscuros de los pasillos, queriendo pasar desapercibida.
Pero Vivian Elean no había nacido para ello. A pesar de ser menuda, era graciosa, parecía una muñeca de porcelana, frágil y delicada, pero eso no te impedía querer abrazarle y estar junto a ella. Se lamento profundamente de tener que dejarla. Pero, tal vez no tendría que dejarla, si tan solo consiguiese una persona adecuada para ella, que la mantuviera en Londres y no mas allá de trescientas millas a la distancia, se daría por bien servido.
Sin embargo, la timidez de Vivian y sus miedos a todo aquello que se moviera y tuviera mas de tres pulgadas de tamaño complicaban la situación. Y no es que ninguno de sus amigos se hubiera negado a ella. Mientras la enviaba a su habitación, en compañía de Mary, la doncella de Vivian, recordó la época en que sus amigos habían estado enamorados de su hermana.
Su mejor amigo, Ron, la veía perfecta. Su amigo Neville la adoraba. Solo Bastian había permanecido impasible a la belleza que su hermana había desarrollado. Pero el enamoramiento de Ron paso fugaz como las estrellas en cuanto conoció a Hermione, la prima de Harry. Y a Neville cualquier intención de casarse con Vivian de repente le pareció estúpida, pues conoció a Luna. Y entonces, Harry se enamoro de Ginevra, y todos estuvieron felices. Excepto Vivian.
Ahora que Harry acababa de organizarse, y pedirle matrimonio a Ginny, su hermana quedaría en manos de su tío. Y todos sabían que Sirius adoraba a Vivian, pero tenia su familia, y por mucho que la quisiera, Vivian jamás se adaptaría a la familia Black.
Los Black, todos los Black, eran aguerridos, instruidos, dedicados, capaces y directos. Empezando por el padre, Sirius era un cabezota, un negociante famoso, y un hombre apuesto. Bastian por otro lado, era muy capaz, algo reservado, pero lleno de una inteligencia que se podía percibir a leguas. La madre, Alexandra, era una mujer perspicaz y sencilla, que tenia por costumbre hacerse amar hasta que tus costillas se reventaban en elogios hacia ella. Y Bella. Bella era sin duda una mujer bellísima, incapaz de mentir, pero dispuesta a convencerte de cambiar un par de botas de piel, por un trozo de queso.
Harry se sentó frente al escritorio y miro a sus amigos. Solo faltaba Bastian. Estaba solucionando un problema en el continente y se demoraría en llegar dos semanas más. Tomo el brandy y se lo llevo a los labios.
-Sigo pensando que es mejor que la envíes con los Granger- dijo Ron.
-No se dejaría. A menos que encuentre una persona, que como yo le tenga tanta paciencia, estaré perdido- dijo Harry.
-¿Perdido? ¿Acaso no amas a tu hermana?- pregunto Neville.
-La adoro. Pero se que una vez me case, ella no querrá estar conmigo. Yo podría llevarla, incluso Ginny esta dispuesta. Pero se que ella no aceptara. Esto se me esta saliendo de las manos.
-Y comotodo Potter, no soportas que algo este fuera de tu control- anoto Ron.
-No soy un obseso que se la pasa controlando cada cosa- refunfuño Harry.
-No cada cosa no- acertó a decir Neville-. Pero si cada detalle y cada minúsculo movimiento.
-Como sea- dijo Harry fastidiado-. Tengo que, encontrar un esposo para Vivian. Por mi bien.
-No te vendas como un ególatra- dijo Ron, conociendo la nobleza de su amigo-. Por el bien de ella.
-Mas bien por el de todos- dijo Neville terminando el licor de su vaso-. Después de todo, todos estamos entrelazados en este asunto- los tres hombres asintieron mientras Harry volvía a servir los vasos.