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Bellatrix. Simplemente, Bellatrix. — capítulo 27

1968 Black se encontraba en el despacho del viejo barbón. ¿Cuántas veces ya habían hecho esto? Ya se sabía de memoria todo. Cerrar su mente a aquellos ojos azules. Escuchar como trataba de sacarle la información sobre aquella noche hace ya más de cinco meses. Mentir. Repetir el guión una y otra vez. Tener por fin pase libre para retirarse. ¿Cuál era la gracia, si sabía perfectamente lo que sucedería? Cuando salio del despacho, comenzó a caminar hacia la Sala de los Menesteres. Ese día, era el gran día. Debía estar allí con el suficiente tiempo como para evitar que nada saliese mal. Solo debía repetir el tedioso procedimiento que tantas veces había intentado. El hecho de que Greyback le hubiese robado el libro que contenía la fórmula no impediría que ella lograse llevar a cabo su objetivo. -Hey Black -la llamó una voz- ¿Esta noche, a la misma hora de siempre? La muchacha se dio vuelta fastidiada, para encontrarse con una de las muchas serpientes que habitaban el castillo. -No, hoy estoy ocupada... -Vamos, podemos hacer un trío, a mi no me importa -Que no, hoy no voy a hacer nada de eso -le respondió fastidiada, antes de darse media vuelta para seguir su camino. Sin embargo, el chico no se dio por vencido y la atajó antes de que pudiese dar más de cinco pasos. Craso error. -Hey! No era necesa... -se quejó el muchacho, estampado contra la pared con la varita a los pies. -Si yo digo que no -explicó Black acercando su rostro peligrosamente al del chico- es no. ¿Entendiste? Y ese fue el fin de la discusión. Simplemente, no había mucho más que decir. El Slytherin quedó allí tendido, mientras la chica seguía rumbo al séptimo piso. Una vez en la sala, comenzó a realizar cálculos de tiempo, y a preparar todos los ingredientes. -Malditos estúpidos sin cerebro... Solo saben pensar en sexo... Ya les voy a dar su merecido... -murmuraba para si misma. Consciente de que no volvería a tener la oportunidad de realizar la pócima, dispuso varias mesas idénticas, con los calderos e ingredientes necesarios. Luego, hechizó todo para que al realizar algo en una de las mesas el resto la imitase y de esa forma se preparasen a la vez múltiples pócimas. Cuando los preparativos estuvieron listos, esperó a que el reloj diera la medianoche antes de comenzar. Sin nada que hacer, se dejó llevar por sus pensamientos mientras el tiempo avanzaba. Once y media. Mirando su varita, recordó cuando la fue a comprar al callejón Diagón luego de que el maldito mago le rompiese la antigua. Ahora tenía una vara de nogal, 32'4 cm, nervio de dragón. Un instrumento poderoso, como a ella le gustaba. Según Ollivander, ese viejo decrépito, su nueva vara había estado mucho tiempo en vitrina sin ser comprada. Y esto le agradaba a Black, porque significaba que era ella a quien esperaba la varita. Once cuarenta. A decir verdad, tenía que reconocer que si no hubiese sido por el estúpido de Greyback ahora no tendría todo lo que tenía. No tendría su varita, ni la atención del resto de la familia, ni el consentimiento de los profesores, ni la popularidad entre las serpientes... hasta Drómeda se había dejado ablandar y ya no se oponía tanto a sus constantes burlas. Y por supuesto, no había que olvidar que ya había superado cualquier valla, y que ahora podía hacer lo que quería con su cuerpo sin vergüenza ni reparo. Once cincuenta. Bueno, lo malo era que todos los chicos estaban demasiado acostumbrados a tratarla como una prostituta. A decir verdad, era hora de enseñarles un par de lecciones para la vida. Lección Nº 1: Nunca de los nuncas dejes de reverenciar a Black. Lección Nº 2: Siempre arrástrate a sus pies, y quizá te ganes una muesca de consideración (no esperes aprecio). Lección Nº3: Black manda, tu obedeces; nunca al revés. Lección Nº 4: No eres más que una cucaracha insignificante, no aspires a algo mejor. Lección Nº 5... Once cincuenta y cinco. Pero no había por qué preocuparse del respeto que ya no le profesaban, porque en menos de veinticuatro horas ella impondría el reino del terror, y sería la reina absoluta de Hogwarts. Ni siquiera el viejo barbón la podría detener... Sus pensamientos se vieron interrumpidos bruscamente por aquella idea. Era sabido que Dumbledore era el mago más grande de todos los tiempos blablabla, pero no estaba al corriente de sus andanzas... ¿O sí? ¿Se había descuidado por un segundo y había sido descubierta? Ella era experta en Oclumancia, pero ¿Y si su plan tenía alguna fisura? Doce en punto. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Dong. Antes de que la doceava campanada dejase de oírse, Black ya se encontraba manos a la obra. Ya habría tiempo luego para refinar detalles. Esa noche todo debía suceder con extrema coordinación y no se permitiría distraerse con hipótesis estúpidas. En la mesa principal, Black levantaba un cuchillo y cortaba púas de gusanos. En las mesas que la rodeaban, las púas se partían solas para luego levitar y caer dentro del caldero. Black apuntaba con su varita un frasco de líquido morado. En las otras mesas el frasco dejaba caer tres gotas sobre las púas. Black regulaba el fuego en su caldero. Las otras llamas se reducían en la medida justa. Black hacía algo, y las otras mesas lo imitaban en una perfecta danza fantasmal, sin que ninguna mano rigiese instrumento alguno. Tras media hora, una nube de emanaciones ya no dejaba ver el techo de la sala, y cuando el reloj volvió a dar una única campanada, la chica se vio obligada a desear un sistema de ventilación. Al final, luego de otras dos horas de intenso trabajo, cada caldero se encontró humeando un leve e invisible vapor, producto de la incolora pócima. Fue entonces, que se levantaron las persianas de las ventanas y Black se retiró a un rincón para admirar la fuerza de los astros, porque antes de cumplirse los diez minutos la luna (que brillaba con todas sus fuerzas) comenzó a teñirse lentamente de color ladrillo, mientras que el líquido que contenían los calderos se volvía negro. Marte se alineó con Júpiter, y Venus formó un triángulo con Urano y Neptuno. Alfa Centauro alumbró tras Saturno y la luna terminó de quedar oculta tras la sombra de la Tierra. Y luego todo concluyó con la misma rapidez con que empezó. El triángulo se rompió, las alineaciones se deshicieron y la luna fue perdiendo su color para volver a brillar. Sin embargo, cuando Black se asomó a uno de los calderos comprobó que el líquido era negro como la oxidiana, y que veía su reflejo en la lisa superficie. Al trasvasarlo a frascos más pequeños, comprobó que se había espesado considerablemente y que corroía ligeramente el vidrio. -Así que por fin descubrí tu secreto-le susurró al pequeño frasco que sostenía a contraluz-Un poco de poder celestial y ya, así de simple... Y esa noche, por fin durmió tranquila al lado de una numerosa reserva de frascos sellados.

Dirk Cresswell se encontraba maldiciendo el hecho de haber nacido mago. ¿No hubiese sido todo mucho más fácil si nunca hubiese llegado aquella carta, acompañada de aquel profesor chiflado que aseguraba que era un chico especial? Pero no, estaba destinado a ser un maldito Sangre Sucia que terminaría en Hufflepuff en el mismo curso que la hermosa y querida Bellatrix Black. Por su parte, la aludida en cuestión estaba más que encantada con poder experimentar con su rata de laboratorio preferida, y en ese preciso instante ya había pasado a la fase de tortura. ¿Cómo el iluso tejón se dejó seducir? Pues por que todos los hombres de séptimo eran unos sexomaníacos y bastaba con insinuar un poco y te seguían por los pasillos más oscuros. Pues bien, ahora se hallaban en la Sala de los Menesteres y nadie los molestaría en un buen rato. Si bien en un principio le había dado lo mismo dejarse usar un poco, había recapacitado rápidamente cuando el chico quiso sacarse la túnica y decidió ayudarlo con un diffindo... Ups, parece que se cortó algo más que solo ropa! Lo realmente divertido fue ver cómo la expresión del chico pasaba de excitación a confusión, dolor y luego miedo... para terminar en pánico. ¿No era perfecto? Y todo ese temor se vio positivamente fomentado cuando los hechizos cayeron nuevamente sobre el cuerpo del muchacho nuevos cortes. -Hace tiempo que quería jugar contigo nuevamente... ¡Flagrante! -conjuró Black, y las llamas comenzaron a quemarlo al tiempo que se echaba a reír ante los gritos de dolor del Hufflepuff-¡Glacius!, ¡Serpensortia! - y las llamas fueron remplazadas por serpientes que rodearon al chico. Cuando los animales comenzaron a enroscarse en las extremidades de tejón, deslizándose dentro de los jirones de ropa que aún sobrevivían, Black se rió aún con más ganas de la expresión de pánico. -¡Aún no sientes nada! ¿Quieres probar mi nuevo hechizo? ¡Crucio! -gritó, y el chico comenzó a convulsionar gritando por auxilio, retorciéndose y llorando de desesperación. Para cuando retiró el hechizo y los animales, el cuerpo que quedaba solo atinaba a temblar y temblar. Black hizo una mueca de desagrado. ¿Por qué eran todos tan débiles? -Mejor comenzamos antes de que te desmalles -susurró más para si misma que para su víctima, al tiempo que hacía aparecer una de los frasquitos preparados la noche anterior- veamos cómo reaccionas con esto... Y reaccionó. Apenas le obligó a beber un par de gotas, el chico comenzó a convulsionar mientras se le reventaban literalmente los órganos internos, destruyéndose las venas y arterias y colapsando los pulmones. Todo era simplemente... magnífico. El ver como la sangre manaba de la boca y la nariz, el contemplar aquella mirada de desesperación y horror, el apreciar cómo los músculos temblaban sin control mientras se autodestruían... no tenía precio. Reír y reír. Eso era lo que mejor le salía. Contemplar en toda su gloria al inútil desdichado, mientras hasta los ojos comenzaban a sangrar porque los diminutos capilares oculares reventaban, la hacía sentirse todo lo poderosa que alguna vez pudo aspirar. El ser la única que decidía si alguien vivía o moría, la hacía todopoderosa a ojos de la víctima y de cualquiera que mirase. Y entonces sucedió lo que menos esperaba: tocaron a la puerta. Tock, tock, tock. Resonó. A velocidad luz, Black hizo desaparecer cualquier prueba que la inculpase, para luego escapar ella misma por una puerta secundaria. Ya se encargaría otro de encontrar el cuerpo moribundo del Sangre Sucia. Antes de terminar de cerrar la puerta de su escape, recordó desmemorizar al Hufflepuff, y una vez que la Sala se cerró ante ella supo con seguridad quién había tocado la puerta: el maldito viejo barbón a quien nada se le escapaba. Hola!Cortito por que últimamente mis notas son casi más largas que mis caps...Solo quería traerles la noticia de que he logrado arrastrar a una amiga a Potterfics. Ella es la autora de "Negro" (en FF) y está publicando su fic también aquí (http://potterfics.com/historias/60699**), por lo que si quieren pueden pasar a leer :D... personalmente, amo su fic y si les gustan los Black, también les gustará su fic ;DAhora, a las dedicatorias. Este cap va paralilian_LuNiiTa***... felicidades ;DY no olvido nunca a mis otros fieles comentaristas:Dangelin,dramione95,Dkatus_Lovegood,Bella Riddle,pOooOiiTah(gracias por la imágen ^^),karencita901118yluloca**... no saben lo mucho que me alegran el día *_Saludos1PD: hoy no alcanzo a recomendar fic porque ya es muy tarde... pero los invito a pasar por Negro!!!