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HP El Hacedor de Sueños — capítulo 74

Capitulo 1 (o 74)

Una vieja amiga.

En el amplio y vasto cielo oscuro un ave carmesí batía sus extremidades manteniendose en el aire, las nubes tormentosas no suponían ningún problema para la enorme fuerza de sus alas. Los rayos y relámpagos acariciaban sus plumas sin siquiera inmutarla. Tenía que llegar a cumplir con su destino.

Lejos de allí, en una isla flotante, una hermosa mujer esperaba impaciente, sus hermosas piernas daban agiles pasos arriba y abajo intranquila. Mientras su hermano, el anfitrión de aquel lugar, la observaba sin inmutarse, una halo oscuro bordeaba a la bella persona que impaciente le dirigía una fugaz mirada a su hermana.

El objetivo de su mirada, una dama que competía en belleza con la primera no dejaba de observar el horizonte, esta era despampanantemente atractiva aunque no podía ser más distinta que la mayor de ellas. Cada centímetro de su cuerpo irradiaba pequeñas motas de luz.

Al instante siguiente los tres sujetos voltearon su mirada al centro de la cueva donde un hombre increíblemente anciano acababa de aparecer. La creciente mirada de respeto de los demás indicaba claramente que aquella nueva presencia era importante.

Un segundo después, la mirada de aquellos sujetos volvió a concentrarse en la abertura de aquella atípica cueva que parecía flotar en aquel mar de nubes.

Un estridente grito sonó en el horizonte, todos pusieron su vista en aquella presencia. Una hermosa ave roja carmesí abrió sus alas en el horizonte. Se centro en aletear con las pocas fuerzas que le quedaban. La majestuosidad de antaño ya no se mostraba tan clara en sus plumas. Las fuerzas le abandonaron y sus alas se replegaron podría haber caído en la tormenta de no haber sido por que una enorme lechuza negra capturó el ave al vuelo. Juntas, el ave y su atípica presa volaron hasta la entrada de la cueva. Al instante después el enorme ave oscura cambio su forma a la joven que antes parecía esperar su llegada.

Todas las miradas se concentraron en el ave carmesí que suspiraba lastimosamente, la figura más anciana se adelantó y recogió de sus garras dos tablillas, su cara mostraba desconcierto, y una extrema preocupación. Dirigió su mirada a sus compañeros y nuevamente al pájaro, o lo que quedaba de el, pues en su lugar un pequeño montón de cenizas se arremolinaban en el suelo. Las cenizas pronto se dispersaron y en su lugar una pequeña banda oscura de cuero descansaba en el suelo. El detalle más distintivo era claramente una silueta, un pájaro abría sus alas en uno de los lados del gastado cuero.

El misterioso anciano observaba con pesar aquellas tablillas, su expresión se oscurecía por momentos. Detrás de él, los seis señores guardaban un respetuoso silencio. Finalmente el anciano hablo con voz clara.

  • Bennu ha ardido compañeros, y no son buenas noticias. Ha sucedido antes de lo que esperábamos.

  • ¿Quién lo custodiara? - Pregunto la voz más grave de todas.

Por toda respuesta el anciano se saco de su túnica una cadena, del centro pendía un rombo oscuro, parecía brillar e irradiar poder. El viejo acercó el dije a la extraña pulsera y con un brillo esta desapareció. Acto seguido se giro hacia los presentes, al instante una de ellas como obedeciendo una orden silenciosa se acerco a su maestro.

  • Creo que es la mejor decisión - dijo con voz femenina mientras recibía aquel extraño colgante. Como si supiera exactamente que hacer la misteriosa mujer se acerco a la entrada de aquella cueva suspendida y sin inmutarse salto al vacío.

Los demás uno a uno se fueron marchando. Sin siquiera prestar atención al comportamiento suicida de su hermana.

Muy lejos de allí un muchacho aparecía en una calle poco concurrida, al refugio de la noche tras una jornada de trabajo particularmente agotadora, caminaba los pocos pasos que le separaban de su domicilio mientras rebuscaba las llaves en una de sus bolsillos. Cuando finalmente dio con ellas, la cerradura emitió un ligero sonido que le permitió entrar. Un joven vendaval le abrazo en la cintura cuando entro a su casa.

  • Papa - dijo la niña con alegría - ¿Podemos quedárnosla?

  • ¿De quien hablas? - le preguntó pacientemente su padre - ¿Dónde esta vuestra madre?

  • De compras con la tia, acaba de salir, y cuando subi a mi cuarto estaba allí, ¿Podemos quedárnosla? - volvió a repetir la niña.

  • Lo siento cariño, pero estoy cansado y no te entiendo, ¿de que hablas? - volvió a preguntar nuevamente el padre.

La niña como aceptando eso como una indirecta cogió a su padre de la mano y lo condujo escaleras arriba, cuando abrió la puerta en el respaldo de la cama descansaba una lechuza enorme y negra, la belleza exótica de ese animal radicaba en la fina línea plateada que bordeaba su cuello y bajaba por su cuerpo describiendo un rombo donde las tres líneas se juntaban.

Aquel bello animal se giró y extendió las alas.

  • Papi, le gustas a la lechuza - dijo la pequeña que observaba como aquel enorme animal se posaba con una gracia sobrenatural en la cabeza de su padre.

  • Tu madre no se creerá esto - fue la respuesta de su padre, que curiosamente parecía como si aquella imagen de si mismo con una enorme lechuza en la cabeza se le antojara normal.

  • ¿Podemos quedárnosla papi? - pregunto nuevamente la niña con ojos soñadores.

(Continua en la historia real)


Buenas otra vez, Si ya sé que jure y prometí que no habría continuaciones, pero es algo que venía pensando desde hace un tiempo, y con la entrada de esta historia al Baúl de Los Tesoros, creí necesario que las cosas no se acabaran donde se acabaron... este es un simple adelanto, en un futuro cercano no os perdáis la continuación oficial de "Harry Potter y el Hacedor de Sueños" como historia independiente "La pluma de Bennu"

Saludos a todos y como siempre los comentarios son siempre bienvenidos.

La cuenta de [email protected] sigue operativa para quien quiera agregarme, o comentar por ahí.

Nos vemos en la continuación (aunque no dispongo del tiempo que tenía cuando escribí "El Hacedor")