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Historia 56910 — capítulo 1

UNA MARAVILLOSA CENA

Esta la historia de una madre maga y su hijo, que vivían en un pequeño pueblo cuyo nombre no recuerdo, pero lo que sí recuerdo, es lo pobres que eran. Se sustentaban con comidas poco apetitosas y nutritivas. Animales no rondaban por la zona, por lo que comían lo que la escasa y triste tierra hacía brotar. El lugar no recibía turistas ya que ninguno quería estar ni un solo día en ese lugar en penuria.

Lluvia, la madre, era una mujer ciega y sorda. Todos los días preparaba una poción para hacer jugosas y apetitosas las comidas de las pobres gente de su pueblo. Nadie sabía que era una bruja, todo el mundo creía que poseía un don especial en la cocina, ya que se guiaba por su sentido del gusto y del olfato. Lluvia era la típica maga indulgente con esas personas que no poseían el don para llevar mejor sus vidas. Muchos pensaban que estaba loca, pero a ella no le importaba lo que pensaran, era feliz haciendo dichosos a os pueblerinos.

Su hijo, Igor, era un niño muy glotón. Siempre que su madre terminaba de cocinar su poción y repartirla con las personas del pueblo, Igor intentaba rebañar el fondo del caldero. El problema venía con su estatura, era muy pequeñito y nunca lograba llegar. Lluvia le había advertido muchas veces que la gula lo mataría.

Uno de esos días, Lluvía había terminado de cocinar su poción y salió a la puerta de su casa para repartir ese manjar. Igor, en su ímpetu de conseguir el último sorbo de la poción, cayó al caldero. Intentó salir por todos los medios, pero fue imposible. Se resignó a esperar que su madre llegara y lo rescatara, mientras tanto, sorbió con ansias el fondo del caldero.

Igor pasó toda la tarde metido dentro del caldero. Se iba aburriendo minuto a minuto que pasaba, hasta que por fin vio a su madre acercarse a su posición.

—Mamá, ayúdame a salir— dijo Igor. Viendo que su madre no reaccionaba gritó más fuerte — ¡Mamá, estoy aquí! ¡Sácame!

Pero Igor no se acordó que su madre no podía oírlo, era sorda, y tampoco podía verlo, era ciega. Saltó alzando las manitas hacia arriba y gritó con todas sus fuerzas llorando con desesperación. Lluvia, ajena a todo ello, empezó a echar sus ingredientes en el caldero para preparar la cena.

Lo primero: hervir agua.

Igor empezó a quemarse.

Lo segundo: los ingredientes.

La gula de Igor, aún quemándose, no terminaba y se comió todo lo que echaba su madre al caldero.

Lo tercero: ácido potenciadores del sabor.

Igor ya no era un niño.

Lluvia pasó toda la tarde llamando a su hijo. No lograba encontrarlo, él siempre corría hacia ella para que lo tocara y supiera que estaba bien. Pidió ayuda a una vecina y ésta le dio la mala noticia.

Todo el mundo recordaría ese día como un día trágico en la historia del pueblo, pero también el día en el que Lluvia se había superado en la cocina. Fue la mejor cena que pudo probar su pueblo.