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Volver a empezar — capítulo 7

Nott comenzó a impacientarse, su amigo y su novia tardaban demasiado y había mucho silencio. Tuvo un mal augurio por ello se puso en pie de inmediato y se dirigió hacia la salida. Hermione, Charlie y Astoria lo siguieron casi inconscientemente.

Todos parecían haberse petrificado delante de la puerta de entrada. Hermione pudo observar, casi palpar, la tensión que allí se respiraba, y esa tensión se acrecentó cuando la voz de Astoria prorrumpió en un grito de sorpresa.

—¡Por todos los diablos, eres Blaise Zabini…! ¿Qué estas haciendo aquí?

—Yo… ¿estabais celebrando algo? —inquirió al ver unos gorritos de papel y brillantinas sobre las cabezas de Astoria y Nott.

—Mi cumpleaños —contestó este último con tono solemne, mas luego preguntó arqueando una ceja con desconfianza—. Astoria te hizo una pregunta ¿Qué demonios haces aquí?

—He vuelto —respondió esbozando una sonrisa mientras dirigía su oscura mirada hacia Pansy.

—¿Cómo que has vuelto?

—¿Qué te pasa Nott? Pensé que te alegraría mi regreso… —miró a Draco y añadió—, y a ti también, pero percibo que no es así. ¿Qué ocurre, erais mis amigos?

Nott dio unos pasos hacia delante con el puño en alto. Blaise, desconcertado se puso en guardia, pero Charlie providencial detuvo al atractivo novio de Pansy justo cuando su puño cerrado estaba a escasos centímetros de la nariz de su oponente.

—¡Estás loco! —gritó Blaise mirando a unos y a otros sin comprender que estaba ocurriendo.

—Eres un cínico, ¿cómo te atreves a regresar a este apartamento después de la forma en que te marchaste? ¡Suéltame, Maldita sea! —vociferaba Nott mientras forcejeaba con Charlie para que éste lo liberara, pero la corpulencia del pelirrojo hacía muy difícil su fin.

—¡Tuve que marcharme, tuve que hacerlo!

—Una carta… —la voz casi inaudible de Pansy, que tenía la vista clavada en el suelo y estaba blanca como la nieve, consiguió que todas las miradas se centraran en ella—. Solo una carta, Blaise, ¿creíste que eso era suficiente?

—No podía explicarte mucho más, no me dejaron, Pansy…

Draco desvió la mirada hacia su amigo y entrecerró los ojos receloso, ¿qué había querido decir con que no lo habían dejado? ¿Había alguien más tras la repentina huida de Blaise? Abrió la boca para saciar su curiosidad, pero la voz de su amiga lo acalló.

—Vete.

—Pansy, tienes que dejar que te explique…

—Ya la has oído —se impuso firmemente Nott, que al fin había logrado zafarse de las fuertes manos de Charlie.

—Déjame en paz, Theo, tú no pintas nada aquí —le reprochó Blaise con rabia.

—Estás equivocado, hace mucho que el que no pintas nada eres tú, hazme caso Zabini, lárgate.

Diciendo eso, Nott se acercó a su novia y le rodeó los hombros con un brazo. Ella completamente abatida dejó caer su cabeza sobre el pecho de él. La imagen logró enfurecer más a Blaise que presa de la rabia y de los celos, vociferó.

—¡Maldito seas, Theodore Nott!, te consideré mi amigo, nunca esperé que fueses capaz de robarme a mi chica…

Nott se giró hacia él de repente y volvió a levantar el puño, pero esta vez su contrincante no se quedó quieto y también se abalanzó hacia él, enfrascándose ambos en una disputa a base de golpes. Las chicas se hicieron a un lado, Pansy gritaba el nombre de Nott y de Blaise simultáneamente. Astoria se tapó con las manos los ojos, mientras que Hermione con el rostro descompuesto pedía a Charlie que hiciese algo. El pelirrojo no dudó en agarrar al novio de Pansy por debajo de los brazos, Draco también reaccionó y tiró de Blaise hacia atrás con esfuerzo, puesto que el joven de piel de ébano era más fuerte que él.

—Suéltame Draco, voy a partirle su delicada nariz…

—¡Inténtalo si puedes, maldito hijo de …!

—¡Basta! —gritó Pansy a pleno pulmón—. Vete de una vez, Blaise.

El joven frunció los labios, miró desafiante a Nott y luego, tras emitir un profundo y resentido resoplido, se giró abandonando el apartamento.

—Vuelvo enseguida— dijo Draco mientras salía en pos de su amigo.

Lo alcanzó cuando estaba subiendo al ascensor, incluso tuvo que interponer su mano en el sensor de la puerta metálica para evitar que se cerrase, y allí se encontró con la oscura y retadora mirada de Blaise.

—Ni siquiera me ha dado la oportunidad de explicarle —se lamentó.

—Fue duro para ella Blaise, ninguno entendimos tu marcha, ni siquiera Nott, y ahora no puedes presentarte aquí y creer que todo puede olvidarse de la noche a la mañana —expuso Draco con su acostumbrada frialdad al hablar.

—Pensé que me quería…

—Mucho y por eso fue más duro. No pienses mal de Nott, tuvo paciencia y la apoyó en ese difícil momento, él nunca ha ocultado sus sentimientos por Pansy, pero respetó siempre la relación que ambos teníais; al irte, sin dar explicaciones y sin perspectivas de regresar, volcó en ella prácticamente su vida, y Pansy terminó por aceptarlo.

—No ha podido olvidarme así como así, no me puede haber sustituido tan pronto…

—¿Pronto?...¡Dos años, Blaise! ¿Sabes cuantas cosas pasan en dos años?

Blaise dejó caer la cabeza hacia atrás, cerró los ojos mientras exhalaba un fuerte resoplido de frustración.

—Tuve mis motivos.

—Y yo quiero saberlos, por eso creo deberíamos hablar, pero no ahora, ven mañana a mi oficina y tendremos una charla,

Blaise no contestó de inmediato, volvió a mirar a su amigo y encontró de nuevo los gélidos ojos de Draco, imperturbables, incapaces de mostrar emoción alguna; al menos él seguía siendo él.

—Muy bien, allí estaré.

Draco apartó la mano del sensor y las puertas metálicas del elevador se cerraron herméticamente dejando en su interior a Blaise. Tomó aire, se giró y volvió a encaminarse hacia el apartamento de Pansy.

Cuando cruzó la puerta el panorama era desolador. Su amiga se encontraba sentada en uno de los butacones del salón acompañada por Hermione. Nott estaba en un rincón con el rostro desencajado y mirando la escena como si se encontrase a cientos de kilómetros de distancia. Charlie y Astoria parecían perdidos en medio de todo aquel desbarajuste. Draco se acercó a Nott y le dio un par de amigables golpecitos en el hombro, pero apenas lo miró, porque su único fin era llegar hasta Pansy y estar junto a ella. Hermione vio como el joven rubio se quedaba en cuclillas delante de su amiga y tomaba sus temblorosas manos entre las suyas. Pansy elevó la mirada casi ahogada en lágrimas hacia él y dijo en un leve susurro.

—¿Por qué? ¿Por qué ahora?

Draco movió la cabeza de un lado a otro, tampoco él poseía la respuesta a aquella pregunta, no aún.

Nott salió al fin de su rincón y de su mutismo, diciendo.

—Debería marcharme.

Pansy lo miró angustiada y trato de ponerse en pie pero le fallaron las fuerzas, derrumbándose de inmediato. Su novio le sonrió mientras se acercaba a ella. Draco se apartó para dejarles un poco de intimidad y Hermione hizo lo propio.

—No es por ti, es por mí. Estoy nervioso y creo que tú también necesitas descansar…

—Esto no cambia nada Theo, estoy contigo y pienso seguir a tu lado —confesó.

—No lo he dudado, mañana hablamos, gracias por la fiesta y por la tarta, todo estaba perfecto.

Se despidió de ella con un tierno beso en los labios y se marchó. Astoria se aproximó a Draco y le susurró al oído.

—Yo también quiero irme, no me siento cómoda con toda esta situación.

Draco recorrió la anatomía de su novia de pies a cabeza helándola con la mirada, añadiendo luego con voz álgida.

—Llama a un taxi, yo no pienso irme aún.

—¡Draco!

Sin embargo no insistió puesto que el joven le dedicó una mirada censuradora que no dejaba opción a replica. Tragándose su orgullo, Astoria salió por la puerta del apartamento de muy mal humor, y sin despedirse de aquellos que se quedaban dentro. Hermione se percató que Draco mantuvo impasible ante la marcha de su chica y eso llamó mucho su atención. Parecía importarle mucho más los sentimientos de Pansy que los de Astoria. La voz de Charlie, que había permanecido al margen durante todo ese tiempo, la sacó de golpe de sus cavilaciones.

—Es hora de que me vaya a la cama y os deje a solas.

Se acercó a Pansy, le pasó la mano suavemente por el cabello y después de dedicarle una encantadora y conciliadora sonrisa, añadió.

—Todo tiene solución en esta vida, excepto una cosa a la que estamos irremediablemente abocados; así que no te hundas. Y si me permites darte mi humilde consejo, fruto tal vez de la experiencia, te diría que lo escuchases, al menos podrás apartar de ti la duda. Saber la verdad, aunque duela, siempre es lo mejor.

Draco lo miró de soslayo, aquel tipo pelirrojo no era santo de su devoción pero debía admitir que el consejo que le había dado a su amiga era realmente acertado, en cuanto vio que se marchaba a su habitación, Draco se sentó junto a Pansy y la tomó de la mano ante la atónita mirada de Hermione.

—¿Hablaras con él, verdad? —indagó ella mientras dejaba caer su cabeza sobre el pecho del joven abogado.

—Sí, mañana.

—No sé si quiero saber los motivos de su marcha, tengo miedo.

—¿A qué?

—Tengo miedo a que sus argumentos me convenzan, y que sus motivos para haberme dejado de esa forma tengan sentido y si es así, ¿qué haré?

—Se supone que estás enamorada de Nott, no es así —indagó Draco mientras le acariciaba con ternura el cabello.

—Sí, pero no imaginas como me he sentido cuando he visto a Blaise esta noche, hubiese saltado a sus brazos de no ser por… —cerro los ojos con fuerza y suspiró— ¿Crees que soy mala persona?

—No, creo que estás confundida, y es lógico que lo estés.

Las palabras de Draco sonaron tan extrañamente dulces en su fría voz que Hermione sintió que se le detenía por una milésima de segundo los latidos de su corazón. Inquieta, se puso en pie, y se dirigió a la cocina. Se sentía algo turbada por el comportamiento de Draco, siempre lo creyó un ser sin sentimientos, sin conciencia, si escrúpulos, y tal vez en ese instante estaba viendo lo mejor de él. De acuerdo, no es que fuese precisamente tan achuchable como un oso de peluche, pero aquel joven escondía cosas buenas en su interior, cosas que tal vez ni el mismo sabía que existía, o tal vez se preocupaba demasiado en que no se notaran. Mientras preparaba una taza de tila, Hermione pensó que Draco Malfoy no era tan duro ni tan feroz como él mismo hacía creer, y eso consiguió arrancarle una sonrisa.

Regresó al salón con la taza bien humeante, se acercó a Pansy y la extendió hacia ella, mientras decía.

—Bébete esto, te hará sentir mejor, es tila.

Draco se apartó un poco para que Pansy pudiese incorporarse de su pecho. La joven tenía sus claros ojos enrojecidos y húmedos, temblorosa agarró la taza que le ofrecía su compañera de piso y bebió un sorbo con timidez. Se quedaron en silencio durante el tiempo que duró la bebida relajante de Pansy, y luego ésta dijo con voz trémula.

—Necesito estar sola, y dormir, creo que necesitaré tomar algo que me ayude a hacerlo esta noche.

Se incorporó del sofá con dificultad ayudada por Draco que la acompañó hasta la habitación y entró con ella. Poco tiempo después salió, se dirigió a la cocina donde Hermione metía los platos sucios de la frustrada fiesta en el lavavajillas, y se sentó en una de las sillas que estaban alrededor de la mesa. Sin mirar a Hermione, el joven exhaló un profundo suspiro y hundió la cabeza entre sus manos dejando que su rubio, casi albino, cabello se enredase entre los dedos. Hermione podía percibir el abatimiento de Draco por el sufrimiento de su amiga y eso logró conmoverle el corazón.

—¿Quieres té, está recién hecho?

Sin apartar las manos de su rostro, ni siquiera para mirarla, Draco respondió con su habitual voz de indiferencia.

—Solo un poco.

Hermione puso la taza de té junto a Draco y se sentó en una silla contigua dispuesta a disfrutar también de la excitante y deliciosa bebida. El joven tardó un poco más en dejar libre la cabeza de sus manos, y con desgana agarró la taza que tenía a su lado, bebiendo un sorbo y dejándola luego entre sus manos notando en ellas el reconfortante calor que emitía la porcelana.

—Es una situación muy incómoda —comentó Hermione para romper el tenso mutismo que los envolvía.

—Inesperada e inoportuna —concluyó Draco, tomando nuevamente un sorbo de té.

—No quisiera estar en el lugar de Pansy.

—Yo estoy completamente seguro que jamás lo estaré. El amor solo trae problemas, por eso es mejor huir de él.

Hermione frunció el ceño desorientada, lo miró fijamente pudiendo ver el rostro de perfil de aquel joven. Siempre le había parecido un semblante falto de sentimientos, duro e implacable, sin un asomo de dulzura; pese a ello no era un rostro desagradable. Era un chico atractivo, dejando a un lado su carácter arrogante y prepotente. Contempló por unos segundos como su rubio cabello cubría parte de aquellas frías facciones pudiendo ver como mantenía la mandíbula en tensión.

—No puedo creer que digas eso —rompió al fin su silencio logrando ahora que los grises ojos de Draco se posaran sobre ella, atravesándola como si fuese el proyectil de un arma de fuego. Hermione tragó saliva con dificultad, aquella mirada la turbaba sin poder entender por qué, mas no se achantó y continuó hablando—. Acabas de presentarme a tu novia.

—Prometida.

Hermione abrió los ojos como si de una lechuza se tratase.

—¿Vas a casarte con ella?

—En dos meses —Draco apartó su mirada de ella y volvió a centrarse en el té.

—Entonces entiendo tu comentario aún menos, me da que pensar que te vas a casar con Astoria sin estar enamorado.

La desorientación de Hermione aumentaba considerablemente, cuanto más lo conocía menos sabía a qué atenerse con él. Era una persona tan desconcertante. Draco, que se había percatado de la confusión de ella sonrió. Hermione tuvo la sensación de que aquel hombre se burlaba de ella, por eso levanto el mentón y su respiración se aceleró.

—¿Te ríes de mí?

—De tu ingenuidad —aclaró él volviendo a atravesarla con la mirada—. El amor no lo es todo, también están los negocios, los intereses de familia.

—¿Tratas de decirme que te casas por interés? —pronunció aquella pregunta con tanta dureza que parecía estar interrogándolo en uno de sus juicios.

—Nos casamos por interés, porque ella es igual que yo, y su fin, el mismo que el mío

Hermione se relajó un poco al escuchar las palabras del joven. Draco la observó un instante y luego añadió con un tono más cálido del habitual.

—Pensabas que la estaba engañando, ¿no es así? Ya ves, ella tampoco está enamorada de mí. No es precisamente el romanticismo lo que sostiene nuestra relación.

—Yo jamás podría concebir algo así…me casé con Ron por amor —confesó casi sin darse cuenta de quien estaba sentado a su lado.

—No sabía que estabas casada —ahora era él el que había sido invadido por la confusión, dejando a un lado la calidez que había mostrado su rostro unos instantes antes y endureciéndolo de nuevo.

—Lo estuve, pero mi marido murió en un accidente de tráfico hace poco más de un año. Charlie es su hermano.

Draco miró hacia el pasillo que conducía a las habitaciones. De pronto comprendió toda aquella complicidad de que ambos hicieron alarde en el parque aquella mañana.

—¿Ese pelirrojo es familia tuya?

—Sí, es mi cuñado —suspiró con melancolía.

—Por tu forma de hablar intuyo que fuiste una de las que cayó en esa estúpida trampa del romanticismo, los sentimientos y toda esa basura… te creía más dura Granger, pero supongo que finalmente eres igual que todos los demás. Estuviste muy enamorada, supongo —hizo una mueca de espanto al nombrar la palabra "enamorada" que Hermione pudo advertir claramente, siendo ella esta vez la que fulminase al rubio abogado con sus castaños ojos. La mirada de Hermione consiguió que por primera vez en su vida, Draco Malfoy se sintiese vulnerable ante una mujer que no perteneciese a su familia.

—Aún lo estoy, y probablemente esté enamorada de él por el resto de mi vida. Y ahora si quieres piensa que soy la persona más estúpida del mundo, porque yo pienso que lo eres tú, simplemente por ser incapaz de amar —le tembló la voz en varias ocasiones, y sus ojos se habían humedecido. Se puso en pie y sin dirigirle la mirada, añadió—. Será mejor que me vaya a descansar, no fue un buen día.

Agarró su taza medio llena de té, y la depositó en el fregadero, luego se marchó sin siquiera desearle buenas noches. Draco no apartó su mirada de ella hasta que la vio alejarse por el pasillo hacia su habitación. Sin entender por qué de repente se sentía mal consigo mismo, bebió de un sorbo el contenido de su taza y dejándola sobre la mesa, salió del apartamento cerrando la puerta con suavidad para no perturbar el sueño de su amiga.

A consecuencia de lo sucedido la noche anterior había dormido muy poco, y eso se reflejaba en su humor, que aquella mañana estaba peor de lo normal en él. Hasta su secretaria dudaba si era buena idea entrar en su oficina, y solo lo hizo las veces que era indiscutiblemente un motivo de urgencia. Draco estaba inquieto, impaciente, y tenía la cabeza llena de reproches que hacerle a su amigo cuando pusiese un pie en su oficina. Le había dado la mañana libre a Marcus, necesitaba todo el tiempo que pudiese para entender y asimilar las razones que Blaise le daría para excusar su comportamiento durante aquellos dos años. Sin embargo, no estaba del todo tranquilo, puesto que no había podido localizar a Nott para poder librarse de él también y tenía la corazonada de que aparecería cuando Zabini estuviese allí. Tal vez debería haber quedado con él en otro lugar, pero ya era demasiado tarde para pensar eso. Se puso en pie y caminó hasta uno de los grandes ventanales de su oficina; Londres mostraba un aspecto deprimente aquella mañana. El cielo gris y encapotado, y el suelo húmedo, no podía mejorar en absoluto su estado de ánimo, si al menos luciera el sol solo un poco tal vez vería las cosas de forma distinta. Cada día se hacía más complicado la relación con su familia y Astoria tampoco suponía un estímulo, si deseaba huir de su oscura vida sus únicas opciones eran el apartamento de Pansy y la cama de Daphne. Suspiró apesadumbrado y de repente —sin venir a cuento—, vio el reflejo de la imagen de Hermione sobre el cristal y recordó la conversación mantenida con ella la noche anterior… ¿Felicidad? ¿Qué diablos era eso? ¿Acaso existía? Probablemente, y hasta hace poco él creía haber sido feliz, sin embargo hacia algún tiempo que lo dudaba… Amor, él podía vivir sin amor, lo había conseguido hasta ahora y no le había ido nada mal, así que no debía pensar en esas estupideces sobre el romanticismo. Sonrió ladeando los labios como siempre, y volvió a ver el semblante acongojado de Hermione. Aquella mujer era una ingenua, seguir enamorada de alguien que ya no existía, eso sí que era absurdo…

La repentina llegada de su secretaria lo sacó de golpe de sus pensamientos y la imagen de Hermione se esfumó cual humo de cigarro.

—No puede imaginar quien está ahí afuera, señor Malfoy —dijo ella con los ojos muy abiertos.

—Dile a Blaise que pase —exhortó él sin mirarla siquiera.

Blaise Zabini entró en el despacho de Draco con cierta timidez impropia en él. Su amigo le indicó donde debía sentarse y él obedeció sin chistar.

—Tu secretaria parecía haber visto un fantasma cuando he llegado —bromeó Blaise pero sin mostrar ninguna sonrisa.

—Supongo que nadie esperaba que fueses a regresar.

—¿Cómo está Pansy? —inquirió una vez que se hubo sentado.

—No lo sé, aún no he hablado con ella desde anoche, lo haré más tarde por si aún sigue dormida. Pero no quiero hablar de Pansy, ni de tu relación con ella, ni de Nott, sino de lo que ocurrió para que de la noche a la mañana te marchases casi sin avisar, dejando una escueta nota, tan impersonal que era difícil hacer cualquier cábala sobre que te había sucedido para que tomases esa absurda decisión…

—Hablas como un maldito abogado —le interrumpió Blaise, cosa que pareció no gustar mucho a su rubio amigo, por eso decidió ir al grano— ¿Recuerdas a Dolohov?

—¿Antonin Dolohov*, el ruso*? ¿El asesino en serie?

—El mismo, ese que me contrató para que lo librase de la cárcel y cuando no lo conseguí, porque ya sabes que eso era imposible, juró vengarse de mí, de los dos agentes que lo apresaron y del juez que lo condenó… ¿Te enterarías que se fugó, no?

Draco se quedó pensativo unos segundos y luego abriendo mucho los ojos, exclamó.

—¡Hace dos años!

—¿Lo entiendes? Un par de días después de su fuga, recibí una carta amenaza diciendo que cumpliría su venganza y que cargaría en su cuenta cuatro cadáveres más. Me entró el pánico, por aquel tiempo acababa de irme a vivir con Pansy, así que fui a la policía y ellos me indicaron que debía hacer, por lo visto sus hombres también habían recibido sus correspondientes amenazas. Me garantizaron que apresarían de nuevo a Dolohov pero mientras tanto y por mi seguridad y la de mis seres queridos, debía desaparecer. Me recomendaron que era mejor no dar demasiadas explicaciones, por eso escribí aquella nota, y me marché esa misma tarde. Creo que Dolohov nunca supo de Pansy, y de mi relación con ella, Millicent Bulstrode compartía apartamento con nosotros por aquella época. Él no se molestaría en averiguar si alguna de las dos era mi novia o simplemente meras compañeras de piso. Nos subieron a todos en un avión, y cuando al fin dejamos atrás Inglaterra nos separaron. Desde entonces he estado viviendo en Boston durante los dos últimos años. Allí me dieron documentación falsa y un empleo de asesor durante mi estancia en Estados Unidos. Llevé una vida ficticia con la única esperanza de que tal y como me había dicho la policía lograsen atrapar de nuevo a ese malnacido, y poder así regresar a Inglaterra, junto a Pansy. Cada día rogué para que no sucediese lo que finalmente ha sucedido, que ella me olvidara y se enamorase de otro… pero de Nott…—tomó aire cerrando los ojos y luego prosiguió—. Hace unas tres semanas encontraron el paradero de Dolohov y lo apresaron. Por eso he podido regresar.

Mientras Blaise exponía sus argumentos, Draco caminaba de un lugar a otro de la habitación deteniéndose de vez en cuando, llevándose una mano al mentón o al cabello, y volviendo de nuevo a su desquiciante caminata. Tenía que asimilar todas aquellas palabras, nunca pensó que los motivos fuesen esos; pero si eran ciertos, las cosas se complicaban aún más, puesto que Blaise jamás decidió abandonar a Pansy por su propia voluntad.

—Entiendo que te cueste creerme —prosiguió Zabini siguiendo con la mirada el desconcertante paseo de su amigo—. Pero puedes preguntar al juez o a los agentes que subieron conmigo a ese avión, ellos corroboraran mis palabras.

—No será necesario, pero de todas formas tienes que entender que las cosas han cambiado.

—¿Es feliz? ¿Ese desgraciado hace feliz a mi chica? —inquirió apretando los dientes con rabia.

—La quiere, siempre la quiso, así que trata por todos los medios que Pansy sea feliz. Sí, estoy seguro que ella lo es.

Blaise echó la cabeza hacia atrás colocando sus manos en la frente mientras exhalaba un profundo y sentido suspiro.

—Tiene que saber la verdad Draco, si no de mis labios que sea de los tuyos. Creo que tiene derecho a saberlo y de esa forma poder decidir. Yo sé que aún me ama, lo sé, lo sentí anoche, pero también la sentí tan ajena a mí. Prométeme que hablarás con ella, que le explicarás mis motivos para abandonarla de esa forma…

—Deberías ser tú quien se los diese.

—Pansy no querrá hablar conmigo o probablemente Nott no se lo permita…

—Yo no soy ningún dictador Zabini, y si conocieses a Pansy como crees conocerla sabrás que ella no es de las que se deja llevar por lo que le digan los demás, ni siquiera por mí.

La voz de Nott sobresaltó a los dos hombres que se encontraban en el despacho. El atractivo joven los contemplaba en el umbral de la puerta sosteniendo en una mano una carpeta en la que portaba documentos. Sin que nadie le diese permiso para pasar, el joven caminó hacia la mesa de Draco pasando por delante de éste, que se había quedado petrificado, para finalizar dejando la carpeta sobre ella. Se mantuvo durante unos segundos dándole la espalda a ambos y luego se giró repentinamente, atravesando a Blaise con su clara mirada.

—En otras circunstancias, me habría alegrado tu regreso, pero ahora lamento que lo hayas hecho. Si has vuelto por ella no pienses que voy a ponértelo fácil.

No dijo nada más, y salió de la habitación de la misma forma que había entrado, sin mirar a nadie.

Blaise se puso en pie con intenciones de marcharse también, pero antes de hacerlo dijo con un tono muy serio.

—Se justo Draco, habla con ella.

Hermione había pasado toda la mañana metida en el juzgado. Tuvo entrevistas con el juez y con algunos de los testigos del caso Crabbe, pero aquellas dudas que no la dejaban pensar con claridad no fueron despejadas. Metió los últimos documentos en su maletín, el reloj de la sala principal de la audiencia acababa de dar las doce del mediodía, y notó como su estómago rugió dejándole claro que era hora de comer algo. Se despidió de Ernie hasta el día siguiente puesto que pensaba tomarse la tarde libre para pasarla con Charlie, y entró en un bar cercano al juzgado. Pidió una bebida de cola y un sándwich vegetal mientras sentaba a una mesa. No tuvo que esperar mucho para poder degustar su pedido y de aquella forma dejar de oír el ruido que hacían sus tripas. Se llevó su emparedado a la boca para tomar un nuevo bocado cuando, inesperadamente, lo vio entrar. Caminaba cabizbajo, como no era habitual en él, parecía abatido, arrastrando los pies y portando con desidia su maletín de piel negra. Paso por su lado sin percatarse que ella estaba allí y tomó asiento en una de las banquetas altas que estaban alrededor de la barra. Hermione se quedó observándolo durante unos momentos, y pensó que aquel hombre duro como una roca, parecía tan vulnerable como jamás había creído que podría verlo. Sintió deseos de acercarse y tratar de entablar una conversación adulta, pero desistió después de recordar su última charla con él. Por ello optó por quedarse en su silla, comiendo su delicioso emparedado y disfrutando de un rato de tranquilidad. Decidió apartar sus castaños ojos de él, por si acaso se encontraba de bruces con su gélida mirada, y comenzó a pensar en la tarde que pasaría con Charlie, Luna y Rolf. Sonrió deleitándose con sus pensamientos; si sus amigos los acompañaba no habría cabida para el aburrimiento. Aquella pareja era muy divertida y sus discusiones dignas de la mejor comedia, intuía que pasaría una tarde maravillosa y relajada, que era lo que realmente necesitaba.

—¿Te supondría un problema si comparto mesa contigo?

Hermione notó como se le atragantaba el sorbo de refresco que había bebido y tuvo que toser en varias ocasiones para que el líquido tomase el camino correcto.

—Oh… vaya… sí, quiero decir, no, no es problema.

Draco apartó una de las sillas y se sentó, dejando sobre la mesa el plato que llevaba en la mano y una copa de vino.

—¿Sándwich? —miró el emparedado de Hermione con un gesto de aversión— ¿Acaso no había nada mejor en la carta?

—¿Tienes algo en contra de esta comida? —inquirió ella dedicándole una mirada desafiante.

—Eso no es comida.

—Tal vez no lo sea para ti, pero yo conocí a alguien que amaba comer emparedados, aunque no precisamente vegetales… —dejó de hablar contemplando el trozo de pan relleno con melancolía.

Draco, al intuir que la joven volvía a pensar en su desaparecido marido, decidió cambiar de tema, o en realidad, retomar la idea que lo había llevado a sentarse junto a ella. Muy a su pesar —y teniendo en cuenta que jamás lo reconocería—, Draco necesitaba un consejo, y lo necesitaba precisamente de ella.

—Blaise vino a mi oficina hoy.

—¿De veras?

—Ayer, antes de que se marchase del apartamento, le dije que viniese a verme que yo sí quería saber la verdad.

—¿Y te la ha contado? —Hermione depositó sobre el plato el emparedado, esperando tensa la respuesta de Draco.

El rubio se tomó su tiempo antes de contestar, bebió un sorbo de su copa de vino, y luego dijo con serenidad.

—Sí, y sus motivos para dejarnos eran más lícitos de lo que suponíamos.

Hermione abrió los ojos como platos, aquello animó a Draco a relatarle la historia de Blaise. Cuando terminó, los ojos de Hermione parecían salírsele de las órbitas.

—¡Nunca dejó de amarla! —exclamó.

—No.

—¡Oh cielos! ¡Pobre Nott! ¿Qué crees que pasará ahora?

—Blaise me pidió que le contase todo a Pansy, pero no sé si hacerlo —se confesó Draco, que al fin había llegado a la parte que le interesaba, de forma sutil, para saber la opinión de Hermione sin que ésta sospechase que la necesitaba.

—¿Cómo qué no? Tienes que contárselo, ella tiene derecho a saberlo.

—¿Tu querrías saberlo?

—Por supuesto —contestó sin vacilar.

—Ahora que vuelve a ser feliz, aunque sea con Nott…

—No lo es, Draco —el joven mudó el color cuando escuchó su nombre de pila en labios de la chica, siempre lo había llamado por su apellido, de forma distante. No quiso reconocerlo pero le gustó la manera en que lo pronunció, y por ello no pudo evitar que se le escapase una estúpida sonrisa. Hermione prosiguió con su explicación—. Ya no, la llegada de Blaise la ha alterado y eso solo significa que en realidad sigue sintiendo por él, por eso es injusto ocultarle lo que sabemos. Tú eres el indicado para contárselo, ella te tiene mucho aprecio.

Draco resopló con fuerza y comenzó a comer de su plato. Hermione se quedó observándolo un instante pero al ver que el joven había enmudecido de pronto, movió la cabeza con resignación y continuó degustando su sándwich.

Durante el rato siguiente ninguno de los dos habló, y cuando ambos terminaros su tentempié, salieron juntos del bar. Draco fue el primero en detener su caminata, había llegado a su coche y lo abrió con el pulsador de un mando a distancia. Hermione sonrió al ver el vehículo del joven y una imagen se hizo hueco en su cabeza. No estaba acostumbrada a ver coches tan deportivos y lujosos como aquel, y por eso lo recordó de inmediato, asociándolo con Draco. A su llegada a Londres, cuando Luna y Rolf fueron a recogerla a la estación, un coche como aquel, en el que iba subido un hombre con el cabello tan parecido al de Draco, los adelantó y a consecuencia de ello, Rolf se pilló un buen rebote. No estaba segura si era aquel coche o no, y si el hombre que lo conducía era Malfoy, pero si fuese así, posiblemente aquella fue la primera vez que se cruzó en su camino. Ajeno a los pensamientos de la joven, Draco abrió la puerta de su coche y dejó dentro el maletín; no dijo nada, solo se quedó inmóvil sin entrar en su vehículo. Hermione se adelantó unos pasos, miró a uno y a otro lado, esperando la llegada de algún taxi que pasase por allí. Draco pudo haber sido cortés, pudo haber hecho amago de su caballerosidad, pero Draco Malfoy no era precisamente un tipo atento con las mujeres, y mucho menos un caballero, por eso, aunque por una leve milésima de segundo pasó por su mente la idea de invitarla a subir a su coche y acercarla al lugar donde Hermione se dirigía, no le hizo el menor caso, y en su lugar manifestó.

—Supongo que nos veremos más pronto de lo que a ambos nos gustaría.

Hermione se giró hacia él, tensó la mandíbula y contestó.

—Es inevitable.

Draco hizo un simple gesto ladeando la cabeza a modo de despedida, subió a su coche y en menos de dos segundos desapareció por la avenida. Ella lo siguió con la mirada y luego volvió a centrarse en su búsqueda de un taxi.

—Imbécil —musitó hablando consigo misma—, Pensaste que sería cortes por una vez en su vida.

—Disculpa, ¿conoces a ese tipo?

Una voz femenina logró sobresaltarla. Hermione se llevó la mano al pecho mirando a la joven que la había asustado con rencor. Ésta se sonrojó un poco y bajó la mirada.

—Me asustaste —le recriminó Hermione, pero luego preguntó— ¿Te refieres al tipo que acaba de marcharse en el coche? —la joven asintió, Hermione frunció el ceño con desconfianza— ¿Por qué quieres saberlo?

—¿Lo conoces o no? —insistió.

—Lo conozco.

—¿Trabajas para él? Necesito hablar con alguien que trabaje para él.

Hermione no contestó de inmediato, y se quedó callada observando a la muchacha que se encontraba delante de sus ojos. Era una chica rubia, más o menos de su edad, con el rostro redondo y unos ojos verdes muy expresivos. A Hermione le dio un vuelco el corazón al recordar lo sucedido la tarde anterior con Ernie y su frustrada visita al club de alterne. La descripción coincidía con la que su compañero le había dado, sobre aquella joven que entrevistó y que parecía saber algo importante sobre el caso Crabbe, pero que se negó a hablar con él simplemente por no trabajar para Draco Malfoy. No podía recordar su nombre, pero estaba casi segura de que se trataba de la misma mujer. Por eso dejó de vacilar y contestó con voz firme, sabiendo que lo que hacía rompía todas la normas de la ética y la rectitud de la que tantas veces hacia alarde.

—Soy su ayudante, su mano derecha —mintió—. ¿Puedo saber quién eres tú y por qué deseas hablar con mi socio?

Un gesto de alivio se reflejó en el rostro de la joven rubia, que añadió sin elevar la voz.

—Mi nombre es Lavender Brown. Trabajo en el local donde prestaba sus servicios Eliza. Solo quiero que sepan que el hombre al que defienden, Vincent, es inocente y el verdadero culpable de la muerte de mi amiga anda libre y muy cerca.

Hermione palideció, notando como la garganta se quedaba muy seca, tanto que le fue muy difícil decir.

—¿Tienes pruebas de lo que estás diciendo?

—Las tengo —afirmó Lavender sin que le temblase la voz.

—Y si no fue Crabbe… ¿Quién, según tú, asesinó a la señorita White?

Hermione notaba como el corazón le golpeaba con fuerza dentro de su pecho mientras esperaba la respuesta, y se sintió mareada cuando oyó de labios de Lavender…

—El doctor Gregory Goyle.

Hola a todas, por fin ésta ha sido la definitiva, no sabía que pasaba pero cuando publicaba el cap completo me decía que el contenido debía ser superior a 300 caracteres y mis historias tienen muchos, y que así no podia publicar, me estaba agobiando con eso, cuando pensé que tal vez era mi notebook la del problemilla y me sentén el pc fijo y ya véis lo logré.

Siento de veras lo que he tardado pero como véis fue algo imprevisible.

Espero que sigais ahí...

besos,

María