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Historia 57796 — capítulo 1
Dos jóvenes se encontraban sentados en la acera de una no muy concurrida calle. A leguas se veían molestos, aunque la gorra de los Lakers sobre la cabeza del muchacho tapaba gran parte de su rostro; y la chica mantenía su cabeza entre las manos; bufando encolerizada.
Ella levantó la cabeza y miró el ceño fruncido de su amigo; a pesar de que movía la cabeza y un pie al ritmo de la canción que en ese momento pasaba por su reproductor, era evidente que estaba tan furioso como ella.
Él era alto, de cabello castaño rizado y alborotado; de ojos ambarinos que resaltaban gracias a las mejillas rojizas que casi siempre lo adornaban y a las cejas espesas que le enmarcaban, de facciones marcadas al igual que el sistema óseo en su cara, y con un par de cicatrices; una partiendo el labio superior, y otra en la frente. Ella por su parte era una no muy estilizada chica; odiaba el maquillaje, aunque un par de veces lo había usado. Tenia los ojos teñidos de mar, la piel en extremo blanco y el cabello lacio un poco más claro que el de su acompañante; la cara redondeada, y los labios prominentes.
Sofía empezó a desesperarse, colocó un pie sobre la patineta que se encontraba en el suelo y puso a moverse de un lado hacia el otro. Cuando chocó con el pie de Reynaldo el chico cayó en la cuenta de que ya habían esperado mucho.
-¿Nos vamos?- preguntó el chico
-¿Qué hay si llega?
-Tú y tu manía de responder con preguntas… no va a llegar, ya nos dejó plantados- contestó molesto poniéndose de pie- de nuevo
-Desde que está con ella se le hace tarde siempre; o simplemente se le olvida- agregó Sofía imitando a su amigo, pero buscando inmediatamente la patineta.
-El último que llegue tiene que invitar a salir a la hija de la profesora Torres
-Pero soy mujer- alegó la chica antes de que Rey empezara a andar
-Más motivos para que te apures, no querrás que tu famita aumente
Los dos empezaron a patinar a gran velocidad, un parque hecho especialmente para los que compartían su afición, los esperaba.
A los diez minutos de que marcharon, un chico alto llegó corriendo. Llevaba una camisa de seda celeste, y un pantalón de mezclilla en perfecto estado. Miró para todas partes, pero no encontró a quien buscaba. Se sentó en el mismo banco, y con una mano se despeinó el cabello que hasta el momento llevaba cuidadosamente peinado.
¿Se habrían ido sin él?, no creía; tal vez tuvieron un contratiempo y no pudieron llegar. Revisó su celular, y por primera vez notó cinco mensajes de texto y el doble de llamadas perdidas, provenientes de sus dos amigos.
No se habían ido si él; él los dejó plantados, otra vez. René era un muchacho alto y moreno, de cabello oscuro y largo hasta hace unos meses, antes de que su novia pidiera que se lo cortara; tenía los ojos oscuros, y la espalda ancha, los pómulos saltados y una marca sobre la nariz de su primera aventura en patineta.
Empezó a caminar lentamente con dirección al parque; quizás sus amigos todavía estuviesen en él.
Notó que definitivamente era mucho más rápido ir en patineta; pero la había dejado en su casa. Se paró en la entrada a aquel llamado "skate park", y observó a un par que se divertían sobre sus tablas; sonrió ladeadamente al recordar cuando de niños se conocieron en aquel mismo lugar. Seguían siendo niños, sólo que en cuerpo de adolescentes.
-¡Sofía… Reynaldo!- gritó el moreno haciéndose eco con las manos
La chica se detuvo en seco, tomando por el brazo al muchacho castaño que pasaba a su lado.
-Parece que Juliana ya lo soltó- le dijo Sofía a su compañero
-Creo que me agarró tarde- gritó René, corriendo hacia donde estaban sus amigos- lo siento- agregó cuando los tuvo suficientemente cerca
-No hay problema, viejo- le respondió Reynaldo tomando de nuevo su patineta
-Se nota- comentó René a Sofía, que miraba expectante al chico que acababa de llegar- ¿tú también estás molesta, cierto?
-René, no me importa que tengas novia; por mí está bien; sólo deja que él lo asimile mejor
-No te creo… So, te conozco desde hace mucho, y sé que eso lo dices por compromiso; tú estás igual que él… ¡A ninguno de los dos les importa mi felicidad!
-René, qué dices; somos tus mejores amigos; eso no es verdad
Pero el muchacho no la escuchó, ya había empezado a correr saliendo del lugar y dejando a sus dos compañeros de toda la vida ahí.
Rey se detuvo al lado de Sofía, tocando su hombro y causando que ella lo volviera a ver.
-¿Tú nunca vas a cambiar, verdad?
-Te lo prometo
Al otro día, todos en el colegio comentaban sobre lo distantes que estaban aquel trió al que siempre habían visto juntos; René no se despegaba de su novia ni un segundo; y Sofía y Rey parecían más unidos que nunca.
Sofía llevaba un helado en la boca; y en una esquina observó al que había sido su mejor amigo; besando como desesperado a su peor enemiga; a Juliana.
-¿Te gusta René?- preguntó una voz a sus espaldas
-Es mi mejor amigo, simplemente
-¿Y yo qué soy?- preguntó Rey frunciendo el ceño
-Tú eres mi otro mejor amigo
-No puedes tener dos mejores amigos; no puedes… además él prefirió a Juliana
-Puedo tener dos mejores amigos; o tres o cuatro… - Sofía se había vuelto y clavaba sus ojos azules en los ámbar de su amigo- ¿estás resentido, por lo de René?
-Prométeme que cuando te enamores, no vas a cambiar
-Si tú prometes lo mismo
Ambos chicos se sonrieron, y salieron del colegio en dirección al parque donde pasaban la mayoría de sus días.
René caminaba despacio soltándose el nudo de la corbata; había sido un largo día en la universidad, una dura exposición y aún más dura la calificación del profesor. Ser topógrafo no estaba resultando tan fácil como se lo había imaginado.
Sintió su celular vibrar; pero no era más que el deseo de que un mensaje hubiese llegado.
Después de casi cuatro años con la misma mujer, habían terminado; y él tan tonto no se había dado cuenta a tiempo de que la mitad del período ella había estado con otro.
Extrañaba los besos de Juliana, sus caricias y los momentos que habían compartido. Sin embargo, más que eso, extrañaba el tiempo que había perdido al no estar con sus amigos.
Los había vulgarmente abandonado; preferido estar con una mujer que con ellos dos que tanto le habían dado sin esperar nada a cambio.Los había perdido, y no estaba seguro de donde estaba ninguno de ellos.
Reynaldo debía estar estudiando algo que tuviera que ver con mecánica; su sueño. Y Sofía… no estaba seguro que podía estar estudiando ella; algo había escuchado a su madre decir sobre medicina, pero en su cabeza no cabía la imagen de aquella niña que pasaba sobre una patineta; sanando y salvando vidas.
Un rótulo en luces de neón llamó su atención, muy pocas veces iba a aquel lado de la universidad, pero ahora más que nunca necesitaba un trago.
Entró al bar, y buscó con la mirada algún campo desocupado, o algún conocido para compartir.
Sofía y Reynaldo discutían mientras esperaban que el mesero les trajera sus bebidas.
-Se llamará Sofía, y punto- dijo él dando por concluido el tema
-Si le pones a tu computadora Sofía; soy capaz de no volverte a hablar en tu mísera vida
-Pero me gusta ese nombre- argumentó haciendo pucheros
-No, no y no.
-¿Entonces como le pongo?
-Le puedes poner Regina, siempre dijiste que ese era nombre de una skate- la voz que no esperaban oír; la persona que hace tanto tiempo no veían
-¡René!- gritó emocionada Sofía, saltando de la banca donde estaba y guindándosele al cuello- ¿cómo has estado?
-Bien, gracias; ¿y ustedes?
-Excelente- respondió la chica sentándose; y notando lo serio que se había puesto Rey
-¿Y tú cómo estás?- preguntó René únicamente a Reynaldo
-Apunto de terminar el bachiller en mecánica; sin dejar de lado la patineta, y con la mejor amiga que he podido conseguir… en otras palabras mejor que nunca
-¿Hay problema si me siento con ustedes?- preguntó René sonriendo al otro chico
-Ninguno- respondió Sofía
-¿Estudian acá?- preguntó molesto; no era posible que nunca los hubiese visto
-Sofía está sacando medicina aquí
-¿Cómo es posible que no te hubiera visto? ¿y cómo estás estudiando eso?
-La facultad de medicina queda al otro lado; y la universidad es demasiado grande...- Sofía tomó aire y continuó- y fue como que un ángel o algo me dijo; después de ver a Rey con tantos huesos quebrados…
Los chicos rieron ante ese comentario; y mientras llegaban las bebidas René notó algo en el brazo de ambos.
Esa pulsera que se habían entregado hace tanto; bueno que Sofía les había dado… POR SIEMPRE, las palabras grabadas en una tela negra con las letras y la orilla en blanco; se notaba que el tiempo había pasado por ellas, porque estaban algo sucias, pero seguían siendo el implemento obligatorio de ese par.
Sintió un hormigueo donde debía estar la suya; pero después de aquella discusión decidió lanzarla lejos, y ahora la quería en su brazo. Rey notó cuando su viejo amigo se tocaba la muñeca con nostalgia.
-Por siempre, nuestra amistad será por siempre- comentó el ojos miel
-Lo siento, yo los abandoné por algo que creí era el amor; no sabía que tras de cualquier amor, el más valioso es el que te entregan tus verdaderos amigos…
-René, el amor de amigos es por siempre; no importa lo que ocurra, si lograste ganarte una parte del corazón del otro te quedas allí por siempre- le comentó Sofía tomando su mano y apretándola con fuerza
-Boté mi pulsera cuando nos peleamos…
-Una pulsera es algo material, y aunque nosotros la mantengamos aún; tú estás en el corazón- Sofía hablaba con una gran sabiduría
-Bienvenido de nuevo- fue lo único que alcanzó a decir Reynaldo antes de abrazar a su hermano del alma
Los chicos pasaron toda la tarde hablando, poniéndose al corriente de lo que no habían podido hablar en esos años. René se sentía de nuevo en casa, Reynaldo sabía que el "resentimiento" de todos esos años se le había escapado en el abrazo, y Sofía sonreía al ver de nuevo a sus niños reunidos.
René pagó la cuenta, y cuando iban saliendo notó algo que lo dejó impactado; sus amigos se habían tomado de la mano al salir. Abrió los ojos, y sonrió; eso en serio no se lo esperaba.
Antes de abandonar el local, Sofía frenéticamente buscaba algo en su cartera y lo había encontrado.
-Lo encontré aquel día, cerca del parque- una pulsera negra igual a la que tenían Reynaldo y Sofía caía en las manos; con las palabras POR SIEMPRE, grabadas- y lo guardé para cuando regresaras
-Gracias…- murmuró sonriendo y apretando la pulsera con fuerza- pero deben explicarme eso- agregó señalando con la cabeza las manos unidas, causando que inmediatamente se soltaran y se sonrojaran casi coordinadamente
René soltó la risa, y se dio cuenta de que era verdad; la verdadera amistad quedaba marcada en el corazón por siempre.
*Skate: personas que practican el patinaje